Cristina Pedroche o la doble cara feminista de un vestido de Nochevieja

La presentadora vuelve a dar las campanadas con un amplio historial de expectación en torno a su atuendo y las transparencias, que ella ha reivindicado como forma de “defender la libertad de la mujer”. Abordamos las cuestiones que se generan en torno al evento de la mano de cuatro expertas.

Cristina Pedroche o la doble cara feminista de un vestido de Nochevieja

Cristina Pedroche presenta las campanadas por quinto año consecutivo en Antena 3 junto a Alberto Chicote. Foto: Getty Images

El vestido de Cristina Pedroche para dar las campanadas es objeto de debate un año más. Durante las cuatro últimas ediciones (esta será la quinta consecutiva), qué llevará puesto la presentadora y el grado de transparencias de la pieza en sí han acaparado la conversación mediática sobre la que ella se pronunciaba en su última visita a El Hormiguero: “El primer año pensé, ‘¿no os han gustado las transparencias? Pues más transparencias’. Odio que me digan qué hacer o qué no hacer.” Más allá de los tintes estilísticos, el juicio a lo que se pone una mujer y el debate en torno a lo que enseña o no, es sexista, rancio y anacrónico. “Me visto como me da la gana” o “mi vestido es superfeminista porque llevándolo defiendo la libertad de la mujer”, son algunas de las declaraciones con las que hace justo un año Pedroche justificaba su elección en una entrevista con Luz Sánchez-Mellado en El País. Defendiendo lo lícito que es ponerse lo que a una le apetece mientras apelaba con ello al empoderamiento y al feminismo. Y es precisamente bajo ese matiz donde siguen surgiendo nuevas reflexiones.

“Para las celebrities, el feminismo se ha convertido en una imposición más que se añade a las tradicionales. Ahora tienen que estar buenas, no tener el mal gusto de envejecer, tener una vida familiar aceptable y además ser feministas, o al menos decir que lo son”, cuenta Nerea Pérez de las Heras, autora de Feminismo para torpes, a S Moda. En ese marco y bajo la sombra del brutal linchamiento que recibe la presentadora, a menudo cargado de insultos machistas y misóginos, Nerea plantea su incomodidad con el hecho de “que se preste tanta atención a asuntos como este en los que el centro de debate es una mujer joven y su elección de vestuario como si fueran dilemas feministas de primer orden”.

Pedroche es libre de ponerse lo que quiere. Y de disfrutar gustándose. Como defiende Pérez de las Heras, “que salga medio en pelotas en televisión no nos va a echar abajo el movimiento”. Pero la influencia que ejerce -es una de las personas de España con mayor número de seguidores en Twitter (2,3 millones) e Instagram (2,1)- cuando defiende llevar determinado vestido o cantidad de tela bajo la etiqueta de “superfeminista” sí activa las alarmas sobre la confusión acerca de qué es feminismo.

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Cuenta atrás… #PedrocheCampanadas 🍇😜

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¿Ayuda el hecho de que Cristina Pedroche se sienta bien con sus transparencias a algo más que a su propio gozo o economía? Para Capitolina Díaz, catedrática de Sociología de la Universidad de Valencia y experta en género, en el discurso mediático “se aprovecha el hecho de que el feminismo está a favor de la libertad para indicar que cualquier acto fruto de la expresión (supuestamente) libre de una mujer es un acto feminista. No lo es. Porque si bien es cierto que el feminismo aboga por la libertad (de elección, entre otras), también lo es que aboga por la libertad para algo: libertad para lograr la igualdad y eliminar la supremacía masculina”.

Pilar López Díez, periodista, Doctora en Ciencias de la Información y experta en comunicación y género, lo resume con el ejemplo de intereses estratégicos vs intereses prácticos. “Los ‘intereses prácticos’ parten de las necesidades individuales, en este caso, podría ser tener unos ingresos incrementando la popularidad para asegurar la permanencia en la profesión. Y los ‘intereses estratégicos’ son aquellos que buscan transformar las relaciones entre hombres y mujeres, de manera que corrijan las posiciones de poder desiguales entre unos y otras. Son emancipadores y liberadores para la sociedad, mientras que los primeros están perfectamente adaptados a los roles de género tradicionales que los hombres asignan en la sociedad patriarcal”.

Cuando Cristina Pedroche y Alberto Chicote aparezcan hoy en la Puerta del Sol ante la mirada de una previsiblemente alta cantidad de espectadores -el año pasado hicieron la mejor cifra de audiencia de Antena 3 en 23 años televisando el evento (23,2%, 3,1 millones de espectadores)- y la presentadora vuelva a descubrir qué lleva puesto focalizando en ello la atención del evento, como la propia cadena desde programas como El Hormiguero o Zapeando y ella desde sus redes llevan haciendo semanas -de momento ha explicado que será algo “muy, muy, muy diferente, ¿quizás demasiado?” y ha cambiado la firma Pronovias por Tot-Hom-, el país volverá a dividirse. Y es probable que, como ella misma señalaba en el programa de Pablo Motos, nadie hable de qué lleva puesto Chicote pero ‘#PedrocheCampanadas’ sea trending topic. Ante esto, para Juana Gallego, codirectora del Máster Género y Comunicación de la UAB y autora del libro De reinas a ciudadanas. Medios de comunicación, motor o rémora para la igualdad (Ed. UOC), se plantea una contradicción: “Por un lado, se defiende en los medios que vestir como una quiera es un acto de rebeldía, pero por otro se fomenta el estereotipo femenino convencional. En definitiva: la lección que se desprende y que la sociedad recibe es que ya nos podéis contar el cuento de que hombres y mujeres son iguales, que a la vista está que las mujeres continúan siendo objetos y los hombres no”.

Para Nerea Pérez de las Heras, la reflexión en torno al dilema vestido-feminismo es la siguiente: “Hay una idea peligrosa de que si eres mujer y te defines como feminista, cualquier decisión que tomes es feminista, hasta la más superficial. Si haces uso de tu libertad y eres mujer estás siendo feminista, incluso si decides reírle una vez más la gracia al patriarcado y hacer exactamente lo que se espera de ti. Ser mujer y joven y salir en televisión con paillettes en los pezones no tiene nada de revolucionario, de hecho es bastante reaccionario, bastante casposo. A mí lo que me parecería super feminista es dar las campanadas con una camiseta del Open Arms, por ejemplo. Pero allá cada una”.

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