Vuelta al cole: cómo gestionar el miedo a que tus hijos se contagien (o te contagien)

Es normal que el regreso a las aulas en la nueva normalidad despierte sentimientos encontrados e inquietantes. Los psicólogos explican cómo aprender a gestionarlos.

Foto: Getty Images

Año tras año, el regreso a las aulas tiene un componente de rutina del que este curso carece. Los protocolos cambian constantemente, lo que se sabe del virus, también. La compleja vuelta al cole genera estrés en profesorado y alumnos, pero también en padres. Por eso hemos pedido a dos psicólogas para trazar una hoja de ruta que ayude a manejar una situación emocionalmente más complicada de lo que parece.

Es normal tener miedo

Este tip psicológico no solo es aplicable al inicio del curso académico: el coronavirus ha creado un nuevo escenario y es natural que nos resulte inquietante.  «Pensar que vamos a dejar tener miedo en algún momento es un poco irreal: tenemos que aprender a vivir con él y que no nos paralice», recuerda a S Moda Mamen Bueno, autora del blog Reflexiones de una mamá psicóloga. Coincide con ella la psicóloga Violeta Alcocer: «no se trata tanto de superar el miedo como de gestionarlo para que sea adaptativo, lo que significa que podemos y debemos aprovechar su potencial, que es el de activarnos y centrar nuestra atención en protegernos de formas adecuadas».

Diferenciar entre riesgos vitales y las conductas de riesgo

Según la psicóloga es muy importante comprender que mientras que un riesgo vital es aquello a lo que nos exponemos por el simple hecho de estar vivos y llevar una vida normal, una conducta de riesgo comprende aquellos comportamientos que incrementan las probabilidades de sufrir un percance. «En el caso de la exposición al virus, eliminar las conductas de riesgo (cumplir la normativa, llevar mascarilla, lavado de manos, etc.) no elimina por completo el riesgo vital, por lo que debemos asumir que, de momento, aún asumiendo todas las precauciones, tenemos que vivir con una cierta probabilidad de contraerlo, como hacemos con otras enfermedades y los accidentes», aconseja Alcocer. «Las madres y los padres, de hecho, hacemos este ejercicio de manera frecuente, cada vez que nuestros hijos practican deporte, hacen un viaje o salen con sus amigos, es decir, siempre hay riesgos vitales que tenemos que asumir».

Asumir que no somos héroes

Existe un miedo en concreto del que muchos padres se avergüenzan: el temor a que sus propios hijos traigan el virus en sus mochilas, como si en la actiutd heroica y desinteresada que se espera de un progenitor no tuviera cabida la preocupación por uno mismo. Aprender a gestionar estas complicadas y contradictorias emociones que nos despiertan nuestros propios hijos puede llevar años de terapia, explica a S Moda Mamen Bueno, psicóloga-psicoterapeuta en el Centro Terapéutico Gaztambide17, de Madrid. «Es recomendable respirar hondo y  aceptar que el riesgo cero no existe porque los hijos van al colegio, pero los adultos vamos a comprar o trabajar, es decir, la escuela no es la única fuente susceptible de contagio. El entrenamiento en relajación, las autoinstrucciones, la meditación y el mindfulness nos pueden ayudar, pero si sentimos que la angustia es muy grande es aconsejable que pedir ayuda profesional».

Anticiparse a las emergencias

«Es importante la confianza, entendida como la capacidad que tenemos de hacer frente a las situaciones que nos toque vivir», explica Violeta Alcocer, que sugiere un ejercicio interesante: «disponer de un plan familiar de actuaciones según posibles escenarios (si uno de nosotros enferma, si enfermamos todos, si se suspenden las clases, etc) que sea flexible y realista nos ayudará a confiar en nuestros recursos».

Frenar el catastrofismo

El doomscrolling es uno de los nuevos términos nacidos en la pandemia y define algo que todos hacemos en mayor o menor medida: buscar malas noticias y atormentarnos mentalmente por ellas. Para evitar la sobreinformación tóxica en familia, la psicóloga Violeta Alcocer recomienda «centrarnos en la información oficial que, aunque a veces pueda resultarnos incompleta, siempre va a ser más fiable que los bulos y tratar de no dejarnos llevar por el catastrofismo, porque si bien hay familias a las que el virus ha tocado con mucha crudeza, también las hay que han podido pasar la enfermedad sin grandes daños. No podemos saber si nos va a tocar a nosotros, pero sí podemos mantenernos centrados lo más posible en el presente, sin adelantar acontecimientos, y confiando en nuestros recursos personales, llegado el caso».

Colaborar con el profesorado

Es más importante que nunca seguir las recomendaciones de los profesores y mantener una buena comunicación con los centros educativos, la clave de una gestión co-responsable a todos los niveles, como explica Violeta Alcocer: «Tenemos que ser capaces tanto de transmitir a los tutores/as nuestra circunstancia y necesidades particulares, como de escuchar las del aula para poder poner nuestro granito de arena, porque el esfuerzo no puede recaer solamente en las familias, sino en toda la comunidad». Mamen Bueno, colaboradora de Criar con Sentido Común, añade además que es importante «no desacreditar a los profesores, confiar en ellos y sus directrices. Ellos son los primeros interesados en que no haya contagios, no olvidemos que también trabajan allí, tienen sus famiias, tampoco quieren contagiarse ni contagiar. No olvidemos que entre ellos también los habrá con factores de riesgo añadido».

Respetar a nuestros hijos

La forma de transmitir tranquilidad a los niños incluso si estamos asustados, explica Mamen Bueno, «es reconocer que estamos asustados, y normalizarlo. Estamos en medio de una pandemia, sentir miedo es totalmente coherente con la situación. Hay que dejar de evitarlo, disimularlo y hacer como que no pasa nada. Además, el miedo nos ayuda a tomar precauciones».

Hacer de la higiene un juego

«El protocolo se sigue si se hace hábito», apunta Bueno en cuanto a cómo normalizar nuevos gestos como la mascarilla y la desinfección. «Para ellos puede ser más fácil que para nosostros porque llevamos más años haciendo las cosas mal mientras que ellos están por empezar una vida, y crear nuevos hábitos les cuesta menos. Alcocer recomienda además que el cumplimiento y supervisión de las rutinas se adapte a la edad de los niños: «Los más pequeños necesitarán de nuestra supervisión y acompañamiento casi constantes, mientras que los mayores pueden seguir una tabla de horarios preestablecida. El sentido del humor, la creatividad y el juego son llaves maestras para casi cualquier necesidad de colaboración en casa, así que aplicarlas en esta situación va a ayudar mucho».

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