Cynthia Plaster Caster: la historia de la ‘groupie’ que inmortalizó en yeso el pene de Jimi Hendrix

Decenas de músicos pasaron por las manos de esta artista que definió mejor que nadie los años más desinhibidos y locos de la historia del rock.

Cynthia Plaster Caster posando con algunas de sus obras en Nueva York. Foto: Getty

Cynthia Albritton, más conocida como Cynthia Plaster Caster, a finales de los sesenta y durante la década siguiente no fue una groupie cualquiera. Por su cabeza no corría exclusivamente la idea de acostarse con el mayor número posible de rockeros y mandamases de la industria musical, sino hacer un molde de sus penes para, posteriormente, crear unas fálicas esculturas de yeso que de inmediato pasaron a ser objeto de culto en medio mundo. “Acceder a las estrellas del rock solo fue fácil en los primeros meses porque después las chicas se multiplicaron. Eso fue lo que hizo que me diera cuenta de que tenía mucha competencia y debía destacar. De pronto había 25 chicas en la puerta de la habitación de hotel de ese chico; 25 chicas que lograron superar las medidas de seguridad. Tenía que pensar en algo y, en mi caso, fue algo disparatado”, explicó en 2004 a Rock Confidential.

En total consiguió el beneplácito de 49 hombres, entre ellos Richard Cole, el tour manager de Led Zeppelin, o Dennis Thompson y Wayne Kramer, batería y guitarrista respectivamente de MC5. Aunque lo cierto es que la leyenda de esta atípica artista, que está a punto de cumplir 73 años, emergió de inmediato ya que uno de sus primeros modelos fue nada más y nada menos que el propio Jimi Hendrix.

Nacida en Chicago el 24 de mayo de 1947 en el seno de una familia católica muy conservadora, se sabe que de pequeña era extremadamente tímida y pudorosa. La música siempre había sido su principal válvula de escape, así que aprovechando la tardía eclosión de sus hormonas ideó un plan para poder acceder a aquellos semidioses que escuchaba a todas horas. En febrero de 1968, con 19 años y gracias a un profesor de arte que tenía en la universidad, se le iluminó la bombilla. El maestro encargó a los alumnos crear con yeso “algo sólido que pudiera mantener su forma” a partir de un molde de arena y agua, por lo que Cynthia no dudó en llamar a su amiga de la secundaria Pest (cuya función era básicamente estimular a los conejillos de indias mientras ella inmortalizaba lo que ya pueden imaginarse) para que le acompañara ese fin de semana a ver en directo a Paul Revere & the Raiders.

Ellos accedieron encantados, pero aquella solución de arena y agua fracasó por completo y lo único que consiguió esa noche nuestra protagonista fue perder la virginidad con Mark Lindsay, quien fuera el líder de la banda. No fue hasta días después, tras varios experimentos con dos amigos suyos, que dio con la fórmula deseada: el llamado alginato, el material con el que los odontólogos realizan réplicas de las dentaduras.

Una mujer observa la reproducción del pene de Jimi Hendrix en una exposición dedicada a la obra de Cynthia Plaster Caster. Foto: Getty

Pest se echó un novio y abandonó el barco en un abrir y cerrar de ojos, pero rápidamente fue sustituida por una nueva asistenta llamada Dianne. Uniformadas “como si fuéramos vendedoras ambulantes con una maleta y tarjetas de visita”, el 25 de febrero de 1968 Cynthia y varias amigas suyas siguieron en coche la limusina de Hendrix hasta que se detuvo en la puerta del Conrad Chicago Hotel. Le convencieron en un santiamén. “Haciendo la mezcla ahí estaba Jimi, con una presencia más grande que la propia habitación. Se quitó los pantalones, se dejó puesta la blusa y el sombrero y se sumergió en el molde. Debido a que fue uno de los primeros no sabíamos lo suficiente acerca de lubricar el vello púbico, la única parte del cuerpo que tiene que estar bien lubricada. Los pelos se atascaron en el molde, pero fue muy paciente mientras sacaba uno por uno para no lastimarlo”, narró sin tapujos acerca del surrealista encuentro.

En ese mismo año Cynthia conoció a Eric Clapton, que lejos de aceptar la proposición de la groupie más artística de la época le puso en contacto con alguien de vital importancia en esta historia. Hablamos de Frank Zappa, que, aunque nunca colaboró para formar parte de la colección “porque en la vida real era un hombre de familia normal con esposa e hijos”, acabaría siendo uno de sus principales mecenas. “Le conocí en 1968 mientras estaba de gira con Cream. Yo estaba persiguiendo a Eric Clapton para que posara para nosotras, pero Eric dijo: ‘Sí, podría hacerlo, aunque tengo un amigo que podría estar aún más interesado’. A la siguiente noche Frank vino a la habitación del hotel de Eric y empezó a hacernos unas preguntas a Dianne y a mí. Él estaba muy interesado en lo que hacíamos porque estaba escribiendo un artículo para la revista Life sobre la nueva cultura pop. Le contamos nuestro sueño: poder montar una exposición. Y, cuando poco después volvió a Chicago, me comentó: ‘He estado pensando en lo que haces y me gustaría ayudarte’. Sin ánimo de lucro te daba dinero para que pudieras hacer lo que quisieras sin tener que preocuparte por un contrato. Era un sueño muy de los sesenta. Frank solo quería ayudar, pero más tarde descubrí que su socio comercial tenía otras ideas”, explicó en la ya mencionada Rock Confidential. Ese hombre al que hace referencia Cynthia es Herb Cohen, una de las personas que junto a Zappa animó a Cynthia a mudarse a Los Ángeles entre 1969 y 1972 en una etapa que ella recuerda como “tres años miserables” en los que siempre estaba rodeada de “toda aquella gente de plástico”. Entre otras cosas, durante aquel breve periodo, intentaron robarle en casa y Cohen se prestó gustosamente a guardar los moldes en la caja fuerte de su mansión.

El cantante de My life story, Jake Shillingford, posando para un molde. Foto: Getty

Justo cuando estaba preparando la maleta para volver a su ciudad natal, la mano derecha de Zappa, tal como explicó en esta entrevista, mostró su verdadera cara: “Él [refiriéndose a Herb Cohen] en ese momento dijo ‘no te preocupes, algún día exhibiremos las esculturas’, pero nunca más supe de él. Esperé mucho tiempo y llegó el día en el que iba a volver a Chicago. Le pedí que me devolviera los moldes, pero no lo hizo”. Ante eso Cynthia esperó hasta 1991 para demandarle y a lo largo del juicio, además, acabó descubriendo que durante todos esos años Cohen había perdido o destruido algunos de los moldes después de realizar ilícitas copias de plata y bronce de los penes. “Lo que está sucediendo aquí no es solo una pelea por el arte, es más como una batalla por la custodia de los hijos. Esas cosas no son únicamente pedazos de yeso para mí, son como mis hijos. De cada uno guardo recuerdos preciosos. Este hombre no tiene ningún derecho sobre ellos. Son míos y él lo sabe”, se hacía eco al respecto en 1993 en Los Angeles Times. Efectivamente, el juez acabaría dándole la razón a ella un año más tarde.

La artista posando ante sus obras expuestas en Thread Waxing Space de Nueva York. Foto: Getty

Cynthia, que se definió a sí misma en la MTV como una “groupie en recuperación” porque “aún sigo teniendo reacciones de groupie cuando veo a un hermoso hombre tocando música frente a mí”, realizó el último molde en 2014 (concretamente, a Lias Saoudi de The Fat White Family). Y no, por mucho que Gene Simmons diese a entender en 1977 en el tema Plaster Caster de Kiss que también existía una réplica de yeso suya, aquello solo ocurrió en su imaginación. “Personalmente, creo que Gene escribió la canción para que la gente pensara que había pasado por mis manos cuando, en realidad, nunca me interesó Kiss hasta mucho después de que se publicara aquella pieza y Evan Dando de The Lemonheads la versionara”, dijo sobre ello no sin antes apostillar que antes se lo hubiese pedido a “Brian Jones, Joey Ramone o Serge Gainsbourg”.

Asimismo, entre el 2000 y el 2013 la estadounidense dio a una vuelta de tuerca a su legado centrándose para la ocasión en los pechos de artistas femeninas como, entre otras, Suzi Gardner de L7, Peaches, Karen O de Yeah Yeah Yeahs o Laetitia Sadier de Stereolab. Y hablando de legados, en ese mismo año 2000, al fin, Cynthia materializó el sueño que décadas antes le había confesado a Zappa: por vez primera su obra pudo disfrutarse en un museo. No cabe duda de que le costó, sí, pero finalmente el siempre elitista y hermético mundo del arte entendió que ella era mucho más que una mera groupie.

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