¿Está peor considerado ser ‘freelance’ que trabajar en plantilla de una gran empresa?

A algunos profesionales trabajar por su cuenta les permite seleccionar proyectos y gozar de mayor libertad, pero otros dicen cargar con una especie de estigma que limita sus opciones de mejora.

Foto: Eugene Mymrin / Getty Images

Según un estudio elaborado por Malt —una compañía que conecta a profesionales independientes con empresas— entre 2020 y 2021, en España se ha notado un incremento del 39% en el registro de expertos freelance en su plataforma. Según este mismo estudio, los freelancers en España toman la decisión de hacer autónomos principalmente por la búsqueda de independencia (92%), la flexibilidad de horarios y lugar de trabajo (84%) y la posibilidad de elegir a sus propios clientes y proyectos (76%). El 89% de estos profesionales se han hecho freelancers por decisión propia y no por causa mayor.  Se estima que de los 6 millones de freelancers altamente cualificados que trabajan en Europa, más de lo mitad lo hacen en el ámbito de tecnología digital y datos. Presentan también un alto porcentaje de profesionales independientes sectores como el de arte y diseño o marketing y comunicación. Además, en los últimos años ha ido aumentando el número de freelances en sectores tradicionalmente ajenos a este modelo laboral, como el de ventas, desarrollo de negocios y gestión de proyectos.

Trabajar de manera independiente lleva implícitos algunos beneficios (casi siempre relacionados con la flexibilidad), pero a nivel de prestigio e imagen profesional, ¿está peor considerado ser freelance que trabajar en plantilla de una gran empresa? Ante la falta de oportunidades, muchas personas se animan a emprender y sacar adelante proyectos propios, pero ¿puede esta situación convertirse con el paso del tiempo en un lastre en lugar de en una gran oportunidad?

Alejandro Molpeceres, Talent Growth Manager de ISDI, una escuela de negocio enfocada al ámbito digital, señala que es una cuestión que depende mucho del sector en el que se mueva cada uno y del momento de su carrera en el que se encuentre: “La nueva economía nos permite tener modelos más flexibles y hay momentos, que por tu situación personal, te puede venir mejor trabajar en una multinacional porque es un entorno en el que puedes aprender y crecer mucho y, en otros momentos, sea recomendable emprender por tu cuenta. Lo inteligente es saberse adaptar”. La nueva economía comprende, sobre todo, trabajos creativos como el de Leo Ruiz, por ejemplo, quien que trabaja en una empresa como diseñadora de producto digital y quien explica que en su entorno es muy habitual empezar como freelance para poder crearse un portfolio que enseñar a las empresas antes de que te contraten como asalariado. Pero después, señala Ruiz, existe otro tipo de colectivo freelance con un estatus y un prestigio superior, incluso, a las personas que están en plantilla y que suelen tener el perfil propio de los consultores: “En el sector de la tecnología es muy común que haya gente con una experiencia profesional amplia como empleado, que en un momento dado de su carrera, decide lanzarse a ser freelance porque van a poder elegir los proyectos y beneficiarse económicamente. En ese caso sería un salto profesional hacia delante”. Suelen ser perfiles senior, que tienen una trayectoria importante, muchos contactos y que, en el caso de la empresa de Ruiz, se les trata, prácticamente, como si formaran parte de la estructura de la compañía: “Participan en las reuniones grupales, se les incluye en las actividades de team building del equipo, etc.”, explica el diseñador quien también atestigua que alcanzar ese tipo de comodidad y seguridad sin estar en plantilla no es fácil y solo es ventajoso en ciertas circunstancias: “Esto se puede hacer en el sector tecnológico porque hay muchísima demanda. Es fácil dar ese paso porque tienes la seguridad de que te va a llegar trabajo”.

La comunicación, otra de las áreas en las que abundan los perfiles freelance, la experiencia puede ser desigual. Como explica Sergio Hernández, colaborador habitual en medios desde hace una década “cuando te conviertes en freelance, y pasas bastantes años así, acaba suponiendo una especie de estigma. Es como que te ponen la etiqueta de freelance y asumen que se pueden tomar contigo unas licencias laborales que no deberían. A veces parece que te están haciendo un favor por hacerte encargos porque se entiende que siempre tienes la necesidad de tener trabajo”. Aunque no hay datos concretos que avalen la situación de las personas con su perfil laboral en el sector de la comunicación, sí es cierto que según el estudio de Malta, en España los trabajadores por cuenta propia trabajan de forma mayoritaria con pymes, que constituyen el 77% de su clientela. Las grandes empresas (y esto incluye a los grandes grupos mediáticos) solamente suponen el 5% de la clienta de los freelancers.

Alberto López, que lleva más de 20 años trabajando en el mundo de la publicidad explica cómo ha ido viendo crecer este perfil laboral desde su propia incorporación al mundo laboral. “Cuando yo empecé prácticamente no existían, porque era imposible que una sola persona pudiera costearse los equipos técnicos que sí se podían permitir las grandes empresas. Pero hoy en día, una sola persona puede hacer todo el proceso, ya que con la informática y el software apropiado, un único profesional puede asumir, desde casa, un trabajo de principio a fin”.

López —que ha trabajado como creativo en algunas de las principales multinacionales del sector y ahora lo hace por su cuenta— explica que nunca se ha visto en la necesidad de buscar trabajo porque su red de contactos es extensa y sigue recibiendo encargos de proyectos interesantes. “Al final, todo se basa en los contactos y en la experiencia. En que alguien vea que has trabajado con una marca de prestigio o que has hecho un tipo de anuncio concreto y confíen en ti para hacerlo. Todo depende de tu carpeta y de quién te presente”.

En el caso de la publicidad, otro factor importante es el económico, ya que los presupuestos que barajan las empresas son mucho menores que hace unos años: “Antes había mucho prejuicio y parecía que los talentos solo los tenían las empresas grandes”, indica López, “pero ahora está pasando al contrario: como ya no se puede pagar el talento, y las empresas y los presupuestos ya no son tan grandes, el talento se pone por su cuenta. El freelance, al no soportar tanta estructura y jerarquía, puede hacer presupuestos más ajustados y se puede obtener más barato un producto con la misma calidad creativa”. En este sentido, ser freelance puede ser mejor que ser asalariado.

Lo de percibir a los colaboradores como trabajadores de menor peso dentro de la empresa también puede tener un componente generacional. Mientras los más veteranos se han movido en un mundo de contratos fijos o indefinidos, a las generaciones jóvenes no les ha quedado más remedio que acostumbrase a trabajar de manera independiente para ir haciéndose un hueco en el mercado.

En ISDI, donde ofrecen mentorías y programas para que trabajadores con mandos o intermedios o directivos puedan reinventarse, sí observan que cuando alguien llega de una compañía muy exitosa, es más difícil transformarse desde cero:  “En ese sentido, quizás los jóvenes tienen más recursos para montar su propia estructura, ya que la propia economía digital ha rebajado las barreras de entrada y los costes del emprendimiento, pero también tenemos muchos casos de directivos que se han animado a emprender por su cuenta”.

Molpeceres también destaca que no todo el mundo sirve para trabajar de manera autónoma o para estar constreñido a la jerarquía de una gran organización: “Yo, por ejemplo, he trabajado en una multinacional y creo que no volvería a trabajar en un entorno muy estructurado, porque ahora busco proyectos y productos en los que poder innovar y desarrollar desde cero”. Y añade: “La clave es tener un buen mentor o espacios de aprendizaje seguros donde puedas descubrir en qué eres bueno o lo que se te da realmente bien”.

*Algunos de los nombres de las personas que han participado en este artículo se han modificado para preservar su intimidad.

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