Hombre, blanco y con dinero de familia: el perfil de emprendedor desmonta el mito del garaje y explica por qué las mujeres emprenden menos

En España y en el resto del mundo se superponen el tapón de la riqueza heredada con la brecha de género. Pasan los años y el perfil de emprendedor sigue sin cambiar.

En la imagen Mark Zuckerberg. Los estudios apuntan a que la mayoría de los emprendedores son hombres blancos. Foto: Getty

El hombre de la semana, Jeff Bezos, anunció hace unos días que se retira (a medias) con 57 años, convertido en hombre más rico del mundo y habiendo multiplicado su fortuna durante la pandemia. En los perfiles que se han escrito sobre él, se ha vuelto a hablar de sus orígenes humildes, de cómo sus padres se casaron de penalti con 18 y 16 años y cómo se construyó su fortuna. “De niño fui un inventor de garaje –dijo el multimillonario en un discurso que pronunció en 2010 en su antigua Universidad, Princeton– Inventé un cerrador automático de puertas con neumáticos llenos de cemento, una cocina solar con un paraguas y papel de aluminio y trampas con sartenes para atrapar a mis hermanos”, rememoró, pronunciando la palabra mágica que bruñe la leyenda de todo emprendedor, garaje.

Es cierto que Bezos no nació rico, pero tampoco se crio en la pobreza. Su madre se separó de su padre biológico cuando él era aun un bebé y se casó con el inmigrante cubano Mike Bezos, que llegó a Estados Unidos como parte de la llamada “Operación Pedro Pan”, un ingeniero que ocupó varios cargos de gestión en multinacionales. Cuando su hijo adoptado Jeff, al que Mike dio su apellido, decidió a los 30 años dejar su trabajo excelentemente pagado en el mundo de las finanzas para fundar una tienda por internet, sus padres, al igual que muchos otros de sus familiares, invirtieron en su idea con 250.000 dólares. Su esposa de entonces, MacKenzie, trabajó para él como contable. Fue una de las primeras empleadas de la empresa y según dice el folklore de Amazon, ella cerró los primeros acuerdos sentada en una mesa de la competencia, la librería Barnes&Noble. Bezos responde, por tanto, al perfil tipo del emprendedor, según un estudio del ministerio de Economía israelí cuyas conclusiones no tienen nada de sorprendente: cuánto más apoyo económico puedes recibir de tus padres, más posibilidades tienes de convertirte en un emprendedor. El informe analizó el entorno de varios empresarios israelíes entre 25 y 35 años y concluyó que el estatus económico y educativo de los padres es el factor principal que determina el éxito o fracaso del emprendedor, por encima de su nivel educativo. De hecho, los mejor posicionados son aquellos cuyos padres trabajan en el sector de la ciencia y la tecnología.

Otro informe de 2013 de la Universidad de California, dirigido por los economistas Ross Levine y Rona Rubenstein, también llegó al mismo retrato robot del emprendedor: hombre, blanco y con educación superior. “Si uno no tiene dinero en forma de una familia con dinero, las posibilidades de convertirse en emprendedor disminuyen dramáticamente”, explicó Levine en la revista Quartz, en un reportaje titulado Los emprendedores no tienen un gen especial para el riesgo, simplemente vienen de familias con dinero.

En España incluso se acentúa esa tendencia. Cuando se piensa en un superrico español, vienen a la cabeza nombres de hombres (énfasis en hombres) hechos a si mismos como Amancio Ortega y Juan Roig, pero no está tan claro que ahora pudieran levantar Inditex y Meradona, y desde luego no son representativos del clima económico de un país en el que la herencia explica el 69% de la desigualdad y donde la democracia no ha hecho sino consolidar y aumentar las fortunas del franquismo. De las cien mayores fortunas españolas, hay 21 (un 13,49%) que han sobrevivido varias generaciones y suman 26.777 millones de euros. Sus apellidos aparecen en la prensa económica: los Del Pino (Ferovial), los Herráiz Mahou y Gervás, los Álvarez (El corte Inglés) y los Entrecanales (Acciona).

Oscar Pierre, el fundador de Glovo, responde al perfil que trazan todos esos estudios. Estudió Ingeniería Aeronáutica y en el cuarto año de carrera, suele contar en las entrevistas, avisó a sus padres de que iba a empezar a sacar malas notas porque lo que le apetecía era emprender. Glovo fue el tercer proyecto que puso en marcha. El padre de Pierre, que se llama igual que él, también es empresario. Dirige aggity, una compañía dedicada a facilitar la transformación digital de las empresas. En una entrevista con Business Insider, Pierre senior no achacaba a eso el éxito de su  hijo sino a “haberse rodeado de un gran equipo”.

Pierre junior es el penúltimo representante de una cadena de jóvenes emprendedores españoles que en lo que va de milenio se han ido convirtiendo en figuras ubicuas en los medios, tan ensalzadas como denostadas (casi siempre por sus prácticas laborales) y que podría arrancar con Jesús Encinar (Idealista) y Kike Sarasola (Room Mate) y seguir los cinco cofundadores de Tuenti. Entre todos ellos no hay una sola mujer emprendedora que haya alcanzado esa notoriedad, a pesar de que hay nombres como el de Carlota Pi, CEO y co-fundadora (junto a dos socios, varones) de la energética Holaluz, que tiene unos 200 empleados. Pi es una abanderada del discurso de género y suele decir que la forma que ellos han dado a su empresa, en la que impera la flexibilidad, solo podría haber salido de ella. “El mundo está creado para los hombres blancos, heterosexuales y si tú perteneces a ese modelo es difícil que veas un problema en él”, afirma. Pi es partidaria de las cuotas y las instauraría incluso en la universidad, en las carreras técnicas, para paliar la brecha de género en las STEAM.

Un Mapa del Emprendimiento que elaboró Summit-Spain Startup en 2019 junto con el Ayuntamiento de Madrid calculaba que el 81% de los emprendedores son hombres. De nuevo, el perfil que surgía de ese análisis de 1712 empresas emergentes en España era el mismo: hombre, con edad media de 34 años, con carrera técnica y máster. El informe Presencia de mujeres en la empresa española, elaborado por Informa, calcula que los hombres fundan el 64,82% de las empresas en España, y las mujeres el restante 35%. Su presencia está enfocada en áreas muy concretas: la sanidad (ahí son el 62%), la educación (el 55%) y los llamados “otros servicios” que engloban, entre otras cosas, los servicios relacionados con la dependencia. ¿Por qué no emprenden las mujeres? La pregunta surge periódicamente en foros, debate y en la prensa. La respuesta es múltiple, desde un menor acceso a la financiación (las empresas dirigidas por mujeres tienen un 11% menos posibilidades de obtener crédito en el año de su fundación, según un estudio reciente) a los motivos que cabalgan entre la sociología y la psicología, como una supuesta aversión al riesgo por parte de las mujeres, que tendría que ver con el tipo de socialización que suelen recibir.

“Por lo general en España se emprende más por oportunidad que por necesidad –explica María Tosca, directora de Empleo, Formación y Emprendimiento de la Cámara de Comercio de España–, es decir emprendes porque quieres no porque lo necesitas y forma aparte de la construcción de la identidad, y eso encaja más con la idea que se tienen de que el hombre es el que aporta y la mujer se queda con empleos más precarios y con el rol del cuidado familiar”. Tosca, que ha impulsado programas de incentivo para mujeres como el PAEM, cree que hay también un problema de falta de referentes. “Que tu padre sea empresario te minimiza el riesgo, te da una sensación de confort, de más seguridad”. Y que habría que incorporar el fracaso como parte de la cultura empresarial. Muchos empresarios fracasan a la primera y solo consiguen poner en marcha un proyecto sólido a la segunda o a la tercera, pero a las mujeres les cuesta mucho más acceder a esa segunda oportunidad, tanto en términos cuantitativos (conseguir el crédito) como cualitativos, a la hora de convencer, por ejemplo, a socios y empleados.

De momento, todos los indicios apuntan a que la pandemia y la crisis que la acompaña agravará la brecha de género en el empleo y también en la creación de empresas. Aunque Tosca dice que “se niega” a admitirlo. “Cuando vienen una crisis económica desaparece el emprendimiento de oportunidad y emerge el de necesidad. Si te quedas sin empleo, no te queda otra. Ahí, si somos capaces de reducir la brecha digital y potenciamos los programas de apoyo, habrá muchas mujeres con potencial para desarrollarse”.

De la anterior crisis económica surgió el modelo de la #girlboss, que replicaba el modelo de éxito masculino y se desmoronó en cuanto llegó la pandemia. La única alternativa es apostar por modelos cooperativos que no reproduzcan el estereotipo tan masculino del emprendedor que triunfa solo, sin ayuda de nadie y sin pensar tampoco en lo que sucede a su alrededor.

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