¿Un mojito? No, es la hora del caldo de jamón con vodka

O del ron con miel y mantequilla derretida, el carajillo o el sempiterno café irlandés. Todo sea por combatir las bajas temperaturas y entonar el cuerpo.

Coctel Caliente

En tan señaladas fechas del calendario, en las que el mercurio más que bajar, se desploma con alevosía, atizarse un gintonic de 'aftershopping' no es lo más aconsejable. Porque con las manos ateridas y los pies entumecidos lo que apetece es algo caliente. Pero con un toque de alcohol, para no perder las buenas costumbres de desinhibirse tras una dura jornada, ya sea de trabajo o de compras navideñas/rebajas/lo que sea. A la chita callando, los cócteles calientes se van colando en los menús de los 'bartenders' más atrevidos. Que tampoco es que se esté descubriendo América: a fin de cuentas el café irlandés o 'Irish Coffee', como aún lo llaman en algunos bares con regusto a años ochenta, sigue contando con sus incondicionales. Y en los pubs irlandeses nadie niega que es un clasicazo. Con whisky o en sus infinitas variedades de espiritosos. El Pub James Joyce de Madrid, toda una institución en difundir el espíritu irlandés, incluye en su carta el Café Leopold Blume (con Bailey’s), el Parisino (con coñac), el Italiano (con Amaretto), el Jamaicano (con Ron) y el Calipso (con Tía María). A este lado de los Pirineos también tenemos experiencia en los combinados calientes, pero nos falta marketing. “No olvidemos la queimada, que llega a la boca caliente. O que nuestros abuelos ya se entonaban con el carajillo, que es un café expreso con de brandy”, recuerda Rodrigo Taramona, propietario del bar The Passenger y artífice de promover el cóctel de altas temperaturas en tiempos invernales. Por cierto, como todo vuelve, el carajillo resulta que ahora es un 'must' en bares de viejos y de 'hipsters' (que viene a ser lo mismo). Con brandy o, en la versión para valientes de Juanita Me Mata, con orujo.

 

El caso es que nadie quiere ser el segundo en enterarse de que los combinados calientes son tendencia y cada vez hay más apertura a probar mezclas que hasta hace nada serían impensables para el españolito fiel al 'roncola'. “Hay una mayor cultura por la coctelería. Y de eso nos aprovechamos para innovar. Utilizamos la reciente 'pop up store' The Hovse como 'banco de pruebas' para proponer dos cócteles calientes. Han gustado tanto que ya los hemos incorporado a la carta de The Passenger. Y allí se quedarán hasta que la demanda o el clima digan lo contrario”. Se trata del 'Baño Caliente' y el 'Hot Dog Jacuzzi'. El primero es una reinterpretación castiza del Bullshot, que en su receta original lleva una base de caldo de carne con vodka. Aunque Javier de las Muelas, en su restaurante Speakeasy, lo suaviza con un caldo de jarrete de buey, mezcla de pimientas, zanahorias, cebollas y Oporto. “En The Passenger lo hacemos con caldo de jamón y vodka infusionado con wasabi y sésamo blanco”. Para el segundo, infusionan té con brandy Ysabel Regina envejecido en barricas de Pedro Ximénez. “En coctelería suele cumplirse que si mezclas algo que te gusta, con otra cosa que te gusta, el resultado te sorprenda gratamente”, resume Taramona.

 

Aprovechando el tirón del té, Javier Caballero, uno de los 'mixers' más atrevidos de nuestro país, propone el Tea Blazer: té calentito, dos tipos de tequila diferentes y sirope de agave con nueces maceradas. La elaboración incluye un flambeado espectacular, de esos que solo debe hacer un profesional, so pena de tener el teléfono de los bomberos a mano. Se sirve en un cuenco. El tequila también parece que llega para quedarse en Le Cabrera. Ahí está su Steam Drunk donde lleva Grand Marnier como compañero de reparto. Se sirve templado en un vaso de inspiración oriental.

 

Los fuegos invernales, esas que evocan el calor de la chimenea, también inspiran al barman Juan Carlos Muñoz, presidente de la Asociación de Barman de Madrid, para su Yule a base de vodka Druide Mystical, licor de cilantro, licor de jengibre, zumo de lima-limón y zumo de arándanos. Antes de servir se le aplica una llamarada de esencia de naranja y se sirve con una rama de canela.

 

Los neoyorquinos, siempre tan 'cool' y con un gélido invierno, le dan una vuelta de tuerca a las recetas de la abuela y son capaces de convertir un vaso de leche o chocolate caliente en un trago. En el Milk & Honey triunfa un cóctel homónimo a base de Bénédictine, leche templada, piel de naranja y canela. En Gramercy Tavern prefieren el Hot Chocolate Martini, que, como su nombre indica, lleva chocolate negro líquido con vodka y amaretto. Pero si hay algo que les rechifla es el Hot Buttered Rum, un cóctel con agua caliente, ron, mantequilla y especias. Viene a ser como el sancta sanctórum de los cócteles invernales y tiene hasta su propio día nacional: el 17 de enero. Este cóctel dulzón y ultracalórico tiene origen doméstico: atizarse un bebedizo caliente y espiritoso antes de meterse en la cama se creía que aliviaba los resfriados y ayudaba a conciliar el sueño. Luego, en cada estado le daban su toque personal: con bourbon en el Medio Oeste, brandy en Wisconsin, Grand Marnier en New Jersey y tequila en California del Sur. Sin necesidad de enfundarse en un pijama, hoy es lo más en los mejores bares de la Gran Manzana. Cada uno, a su manera. En Brownstone Lounge le ponen vodka de caramelo (Van Gogh Dutch Caramel) además del ron. En Michael's Restaurant, Marie Brizard. El caso es plantarle cara al frío y calentarse por fuera y, visto lo visto, también por dentro. ¡Salud!

  • También en Instagram

    App S Moda
  • Este mes

    Nuevo número

    Revista S Moda
Cerrar

NEWSLETTER

Las mejores historias de actualidad, moda, belleza y feminismo en tu email cada semana.

Apúntate aquí
No me interesa