¿Tienes estos síntomas? Entonces ha llegado la hora de ver a un sexólogo

Con la educación sexual como asignatura pendiente, muchos se resisten a consultar a este profesional, mientras otros esperan milagros que los transformen en protagonistas de cine porno.

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Las mujeres tardan hasta cinco años en atreverse a consultar con un especialista. Foto: Cordon Press

La figura del sexólogo recuerda un poco la del psicólogo o psiquiatra de hace bastantes años. A la gente le costaba reconocer que necesitaba acudir a estos profesionales y mantenía sus sesiones en secreto. Las heridas del alma se han hecho tan cotidianas en este descarnado mundo que ya nadie se atreve a cuestionar que alguna vez él mismo necesite de este tipo de cuidados. Lo que sin embargo mantiene todavía cierta dosis de tabú es la idea de ir a la consulta de un sexólogo, porque en este país de machotes y bombas sexuales, reconocer que se tienen problemas en la cama es como hacer un desnudo integral. Y no todos son partidarios del nudismo.

Muchos todavía tienen la idea de que el sexo es algo instintivo; entre ellos las autoridades competentes, que no ven necesario un programa de educación sexual en los colegios. Por tanto, lo que sabemos del sexo es lo que hemos experimentado directamente, lo que vemos en las películas porno y los relatos que nos cuentan los más íntimos, aderezados con un cierto nivel de literatura y fantasía. El perfecto abono de cultivo para ideas incorrectas, traumas nacidos del imaginario colectivo y miedos injustificados; porque si alguna vez se ha hecho algún tipo de educación sexual, ha estado siempre orientada hacia la asepsia, el contagio, la prevención de embarazos, el llanto y el crujir de dientes. Nunca hacia el placer, la comunicación en pareja o el cultivo de esa delicada y exótica flor que es el deseo.

La medicina oficial tampoco contempla demasiado el sexo. Los médicos de cabecera, con algo más de diez minutos para atender a cada paciente, pueden preguntarnos si dormimos bien, si vamos al baño regularmente o qué tipo de alimentación tenemos, pero casi nadie se interesa por nuestra vida sexual, como si ésta no formase parte de nuestra salud, como si fuese un divertimento sin muchas consecuencias.

Así, cuando alguien tiene un problema sexual, según Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “tarda una media de entre 6 meses (si es una mujer) y 5  años (si es un hombre), en caso de que tengan pareja, en acudir a un profesional. Si están solos, sin ninguna relación, entonces ellos acuden antes que ellas. Lo difícil, cuando tienes necesidad de un sexólogo, es descolgar el teléfono y pedir cita. Es una decisión que se sigue pensando mucho, aunque las cosas van cambiando. Uno de los factores de este cambio ha sido la crisis económica, que ha hecho que nuestras consultas aumentaran en un 20%. Los sexólogos son más baratos que los abogados y el coste económico de una ruptura puede ser muy alto. Antes la gente rompía en cuanto había problemas; ahora, si la cosa no está muy mal, se intenta recuperar la relación”.

Esta vertiente de consultor, de terapeuta de pareja, es una de las muchas tareas de este profesional, pero no la única. Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, apunta muchas más, “en España cuando se habla de la figura del sexólogo, la gente lo suele relacionar con un psicólogo; ya que tiende a pensarse que la mayoría de los problemas sexuales derivan del terreno mental, pero esto no es del todo cierto, ya que hay también muchas disfunciones sexuales. Lo que ocurre es que ambos campos están muy unidos. Un problema físico no resuelto puede acabar en uno psicológico o de pareja y al revés, como sucede muchas veces con el vaginismo, cuando tiene su origen en abusos o malas experiencias sexuales. La sexología es una ciencia que estudia todo lo relacionado con la sexualidad humana. Nuestros pacientes pueden ser desde jóvenes que no tengan muy clara su orientación sexual y que buscan consejo, problemas de falta de deseo (los más frecuentes, tanto en hombres como en mujeres), trastornos del orgasmo o de la erección, adicción al sexo o asexualidad, víctimas de abusos o violencia doméstica, pedófilos y, últimamente, niños transexuales que traen sus padres en busca de ayuda para entender y gestionar mejor su realidad”.

En el apartado de los problemas de relación, “el más común es la pareja que ha caído en la rutina y busca reavivar la pasión y el deseo”, señala Molero, “aunque también hay uniones rotas que buscan un mediador. Alguien que les acompañe en el proceso de ruptura para que éste sea menos doloroso. Hay también personas que, sin tener ningún problema, buscan mejorar su vida sexual; y los que, tras una larga enfermedad como el cáncer, quieren recuperar su dimensión erótica. Algo que que pasa en muchos casos por rediseñar la idea que tenían de lo que es una relación sexual”.

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Esperamos demasiado para pedir cita o nos creemos lo que pasa en las pelis porno

El mecanismo general de actuación, cuando hay algún problema sexual, refleja la potencial capacidad de adaptación del ser humano a las situaciones más inhóspitas y la poca importancia que se le da al placer y al hedonismo en nuestras vidas. Si algún asunto erótico perturba nuestra existencia, primero lo hablaremos con los amigos más cercanos o trataremos de buscar soluciones por nosotros mismos. “Lo que está muy bien”, señala Molero, “pero si no se encuentra una solución, uno acaba conformándose con una sexualidad muy limitada. Es el caso del vaginismo, una de las dolencias que crea más angustia porque la contracción de los músculos vaginales hace imposible la penetración. La media de espera para acudir a un profesional es de 5 a 6 años. Las parejas buscan recursos y recurren a la masturbación mutua, el sexo anal, cualquier practica que no implique el coito. Y a ellos les vale. Curiosamente, muchas parejas se deciden a ir al sexólogo cuando quieren tener hijos y ella busca quedarse embarazada”.

Iván Rotella subraya la idea de que “deberíamos preocuparnos más de nuestro placer, hacerle caso y darle el mismo estatus que tiene nuestra salud”. En su consulta, el 50% de sus pacientes van porque padecen alguna disfunción, “en los hombres todo lo relacionado con el pene y en las mujeres por falta de deseo”. Fuera de lo erótico, el otro 50% acude por problemas de relación de pareja. “En España las uniones tienen que aprender a discutir, a gestionar sus problemas y a evitar que la rutina acabe tomando los mandos. Últimamente recurren a nosotros muchas parejas con diferentes horarios laborales (la mayoría trabajan por turnos), algo que está repercutiendo muy negativamente en su relación, ya que no disponen de espacios para encontrarse”.

En el punto opuesto a los dejados, a los que postergan su vida sexual para otras reencarnaciones en aras del trabajo, los hijos o cualquier otra excusa; están los hipocondríacos de lo erótico, que se autodiagnóstican con una disfunción si no pueden emular a Nacho Vidal. “En este apartado, la queja más común entre los hombres es no poder aguantar el tiempo que ellos consideran ‘ideal’ antes de eyacular. Hay muchos supuestos eyaculadores precoces que no lo son por una falsa idea de lo que es una relación sexual, fomentada en muchos casos por una mala interpretación de la pornografía”, comenta Rotella. “Muchas mujeres vienen porque quieren disfrutar de determinadas prácticas que creen que deben ejecutar, como por ejemplo el sexo anal, aunque no le resulten placenteras. Todo esto podría evitarse con una adecuada educación sexual, que no se reduce a enseñar a la gente a ponerse un condón sino a mucho más, y que pasa también por una educación sentimental”, sentencia este sexólogo.

“Si le gente se diera cuenta de que la sexualidad es un aprendizaje y, desde luego, si hubiera una buena educación sexual en las escuelas se acabarían con muchos problemas”, sostiene Molero. Desde ideas erróneas sobre la sexualidad a malos tratos o violencia doméstica. Conocer el propio cuerpo y saber sus reacciones es una asignatura pendiente, hay muchas mujeres que no saben si han tenido un orgasmo o no. En muchos casos no son anorgásmicas, sino que tienen unas expectativas muy altas y les parece que lo que experimentan es poco comparado con su idea irreal de lo que es el clímax”.

Ambos profesionales coinciden en que antes de acudir a un sexólogo hay que informarse un poco y elegir alguno que esté avalado por alguna sociedad de sexología. “Los tratamientos no deben extenderse demasiado en el tiempo, apunta Molero, “y pueden llegar hasta las 10 ó 12 sesiones. Generalmente en sexología se utiliza mucho la terapia cognitivo-conductual, que es la que mejor resultados da, aunque en nuestro centro hacemos una más integradora e incorporamos elementos de la Gestalt, de la terapia breve estratégica, de Sexocorporel o de la hipnosis Ericksoniana”.

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