‘The Miseducation of Lauryn Hill’: 21 años de culto femenino al álbum que lo cambió todo

Dos décadas después de moldear a toda una generación de mujeres, batir todos los récords y generar un sinfín de polémicas, la artista visita el MadCool.

‘The Miseducation of Lauryn Hill’: 21 años de culto femenino al álbum que lo cambió todo

Lauryn Hill, en la foto promocional de 'Ex-Factor'.

Pocas mujeres nacidas entre finales de los 70 e inicios de los 80 contestan de forma negativa preguntadas por si The Miseducation of Lauryn Hill (Columbia Records, 1998) influyó de alguna forma en sus vidas. “Todavía llevo el CD en el coche de mi madre, en su momento lo llevaba en el discman y hasta me lo ponía en clase”; “es uno de los discos más importantes de mi adolescencia”; “cada vez que lo escucho tengo una conexión instantánea” o “si me pongo Ex Factor, lo vivo en mis carnes exactamente igual” son algunas de las respuestas que asoman veloces en un chat común de WhatsApp integrado por treinteañeras a propósito del primer álbum en solitario de Lauryn Hill (New Jersey, 1975). Aquellas trece canciones sobre ser mujer, negra, estar embarazada, sobre creer en Dios –es cristiana protestante–, el dinero, el barrio y lo más importante, el amor, repartidas en una hora y 17 minutos lo cambiarían todo. Con geniales insertos grabados en una clase de Newark donde un educador –Ras Baraka, que acabaría siendo alcalde de la ciudad– charlaba sobre el origen del amor de manera distendida con los niños de su clase, el álbum se convertiría en un hito para toda una generación de mujeres, y las que las siguieron. Lo escribió embarazada de su primer hijo a los 22 años. Lo lanzó el 25 de agosto de 1998 y haría historia a lo grande: definiría toda su carrera, conseguiría 8 millones de copias vendidas solo en EEUU (19 millones a escala global), cinco premios Grammy y arrastraría una historia de polémicas y litigios por un trabajo icónico.

Mientras el hip hop todavía guardaba doble luto por la pérdida de Notorious B.I.G (asesinado el 9 de marzo de 1997) y Tupac Shakur (13 de septiembre de 1996) y respondía a los parámetros de un mercado masculino, Hill se independizaba de The Fugees tras dos discos juntos –”No me puedo creer a estos hijos de puta (muthafuckers en el inglés original), llevo machacándoles sobre lanzar mi álbum la vida ¡y ellos están montando los suyos menos el mío! Dejo el grupo, estoy harta. No les quiero joder, solo quiero a todo un nuevo equipo”, escribiría en 1996 al que fuese su manager, Jayson Jackson–. Su huída en solitario la convertiría en la primera artista de hip hop en ganar el Grammy a Álbum del año y en ser la primera mujer en llevarse a casa cinco galardones.

Portada del álbum.

Un álbum-himno para mujeres y niñas

Dos décadas después de lanzarlo, la artista visitará el próximo MadCool con sus fans preguntándose si volverá a montar alguna de las suyas sobre el escenario –todavía amarga el malestar que causó en el Cruïlla de Barcelona en 2015–, pero con la esperanza de que la magia de un álbum irrepetible vuelva a materializarse sobre el escenario. “Si Miseducation tiene, aún hoy, el poder de resonar sobre todos nosotros es porque nos encontramos frente a una mujer diciendo su verdad, desnudándose. Esa especie de vulnerabilidad en los vergonzosos y angustiosos veinte años siempre resonará“, escribiría en su 20 aniversario Karen Good, periodista que firmó la portada de Miseducation en Vibe en el 98. Hill tenía 22 años cuando concibió el álbum. Estaba embarazada de su primer bebé con Rohan Marley, hijo de Bob Marley –al que le dedicaría To Zion–,  y supuso una revolución en la concepción de una artista triunfadora. Mucho antes de la irrupción del Black Girl Magic, Lauryn Hill provocó toda una disrupción en el mercado pop, sobrepasando los límites del hip hop: se materializó un nuevo icono femenino negro planetario que, como explica Joan Morgan en She begat this: 20 years of The Miseducation of Lauryn Hill, se enfrentaba a la dicotomía de “queens vs. hoes” de la industria y que “probaba que se podía ser sexy, ir a la moda, ser masculina y radical. Una tomboy. Y una chica creyente. Y visionaria”.

Kevin Powell, que la entrevistó para Rolling Stone, asegura que el legado de Hill es tan crucial “que niñas y chavalas que no habían nacido cuando lo lanzó se saben cada una de las letras de esas canciones” y resume la importancia del álbum hoy en día: “No es solo es uno de los álbumes más importantes de la historia, es un himno para mujeres, para todas las mujeres, para las niñas, todas las niñas. Ella lo predijo todo, desde el #MeToo al Black Lives Matter, e incluso el deterioro del hip hop y la cultura pop. Nos hizo a todos pensar. Es un regalo para todos nosotros, tan importante como los textos de Joan Didion y James Baldwin, y tan monumental como el Pet Sounds de los Beach Boys o el Tapestry de Carole King. Se merece estar en todas esas conversaciones, para siempre”.

Con sus cinco grammys, Lauryn Hill batió récords en una sola noche para una artista femenina. Foto: Getty

Antes de Beyoncé, estuvo The Miseducation

Si Hill abrió el camino para que otros raperos con tintes religiosos en letras como Kanye West aterrizaran –más adelante llegaría a cantar en el Vaticano y denunciar los abusos de la Iglesia o la figura del Papa–, su debut en solitario también sirvió para cimentar un homenaje a las raíces de la memoria negra (Every Ghetto, Every City), sumarse a la corriente de neo soul que empezaba a despuntar en una canción con D’Angelo (Nothing Even Matters), incluir la guitarra de Carlos Santana (To Zion) o el piano de un jovencísimo John Legend (Everything is Everything). Todo en el primer disco de una veinteañera que básicamente tratataba sobre amar, sentirse realizada, salir adelante y afrontar un embarazo no planeado.

Desde que se publicó el álbum, se ha normalizado el uso de términos como feminismo interseccional, las mujeres queer de Black Lives Matter se hicieron valer y Beyoncé se ha convertido en la estrella pop más trascendental. Como recuerda Morgan en Hip Hop Feminism & The Miseducation of Lauryn Hill en The Paris Review, Hill no es la única voz válida, pero sí que es la que “puso la semilla de todo”. “La verdad no solo se encuentra en la voz de una rapera si no en la yuxtaposición de muchas. La llave que abre la puerta de la riqueza de la identidad negra contemporánea no está en escoger a Queen Latifah por encima de Lil’Kim o a Foxy Brown por encima de Salt-N-Pepa. Está en la intersección donde se encuentran”. Con The Miseducation se sembró la raíz para que casi dos décadas después otra súper estrella como es Beyoncé reflexionara sobre amar, ser mujer y sobre la propia cultura negra en Lemonade, otro álbum trascendental en la última década.

Lauryn Hill y Rohan Marley en los MTV Video Music Awards de 1999 en Nueva York. Foto: Getty

El peso del tiempo y las polémicas

¿Qué pasa al (re)escuchar un álbum que se lanzó antes de la revolución feminista del s. XXI? Su escucha cambia, pero sigue provocando una conexión inmutable en sus oyentes. “Aunque algunas de las letras interfieren ahora con mi ideología política y sexual, todavía exploro las raíces sobre la belleza de ser mujer en Miseducation. Es la materia prima para aquellos buscan consuelo en unas letras que nos dan claridad sobre el amor, un corazón roto, ser madre o la relación con Dios”, escribió a propósito del veinte aniversario del álbum la escritora Wanna Thompson.

La polémica que acompañó al trabajo tampoco ayudó a cimentar su legado. Al fulgor del éxito, se abrieron varios litigios contra Hill por parte de su equipo de producción, New Arc, por no acreditar a los artistas que trabajaban con ella –se estableció un método a lo Prince, es decir, no acreditar en la mayoría de casos a los colaboradores– algo que, según el escritor Michael A. Gonzales “ha estropeado la escucha para mucha gente, pero no para mí, porque no importa lo que dijeran aquellos casos, el álbum fue una visión pura y dura de Lauryn Hill”.

La artista, que ha seguido activa, jamás ha vuelto a repetir el éxito de Miseducation, pero pese a los altibajos y una reputación de malos directos, dos décadas después, sigue erigida en una especie de deidad para varias generaciones de mujeres. Como dijo Roxanne Shante en 2010: “Lauryn Hill es una categoría en sí misma”.

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