Sin vergüenza por el camino de la vergüenza

Volver a casa en plena mañana con la ropa de la noche anterior no tiene por qué ser un suplicio. Internet y la publicidad desmontan tópicos y ofrecen soluciones a este peculiar trayecto.

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“Todavía recuerdo una vez que acabé en una pensión de las Ramblas de Barcelona con un chico y tuve que volver a casa a las dos de la tarde de un día laboral con un tacón roto, unas mallas y una torera de pelo a lo Janis Joplin. ¡Me quise morir! Todo el camino cojeando hasta el tren y luego tira para casa de tus padres pasando con semejante atuendo por la calle. Desde entonces, ¡jamás me ha vuelto a pasar ni me pasará!”. La que habla es Susana Cabero, monologuista afincada en Madrid que asegura tener la mejor técnica para superar con dignidad el denostado “camino de la vergüenza” (walk of shame). Un término de origen anglosajón que define el trayecto de vuelta a casa tras una noche en vela o de juerga y que implica tener que afrontarlo con la ropa del día anterior. “Lo mejor  es lavarte bien la cara, hacerte una coleta y pedirle unas chanclas o cualquier zapatilla plana que te pueda prestar él. Todo con tal de no volver a casa en tacones a plena luz del día. Puede sonar estúpido, pero no se por qué extraño motivo cuando vas con la ropa de la noche anterior se nota, y mucho”, cuenta.

¿Por qué nos incomoda pensar que el resto se puede dar cuenta de que hemos tenido una noche movidita, o simplemente hemos dormido junto a otra persona? ¿Es motivo de vergüenza, tal y como indica el término? Los clichés y las inseguridades que generan las noches fuera de casa están ahí. Una prueba de ello fue la polémica que destapó la campaña navideña online que lanzó en diciembre la tienda de marcas de lujo Harvey Nichols. Bajo el lema “Convierte el camino de la vergüenza en un desfile de orgullo”, el anuncio mostraba a mujeres en su vuelta a casa bajo los primeros rayos de sol. Resacosas, despeinadas y cabizbajas, las protagonistas desfilaban camino a la parada de metro o bus embutidas en minivestidos de fiesta y bastante avergonzadas. Un clip que finalizaba con una escultural modelo que, –vistiendo uno de los caros modelos de la tienda, perfecto y clásico para pasar desapercibida–, entraba en su portal segura de sí misma y sonriente a plena luz del día.

Si bien la agencia responsable, DDB, ha terminado alzándose con el Clio de Oro como mejor campaña online por el anuncio, las quejas de los espectadores llegaron hasta la Agencia de Publicidad del Reino Unido (ASA). El ente británico ha desestimado siete denuncias que tildaban a la campaña de “ofensiva” y “degradante” para la mujer, –especialmente para aquellas que eligen tener sexo esporádico–, y que además acusaban al video de dar a entender que “sólo” las mujeres ricas podían sentirse orgullosas en el trayecto a casa tras una noche fuera. La respuesta de la ASA trató de minimizar el revuelo. La autoridad que regula el uso publicitario rechazó que “se reforzasen estereotipos negativos” sobre el sexo femenino, pero entendió que para algunos espectadores el anuncio podía ser de “mal gusto” por mostrar a mujeres que habían practicado sexo.


Algunas webs femeninas como Jezebel se hicieron eco de la sentencia y destacaron que el término “camino de la vergüenza” es mucho “más ofensivo” que el propio anuncio, ya que que al fin y al cabo, por lo que parecían molestas las protagonistas era por vestir de fiesta en plena mañana. “Aquí de vergüenza, nada. Nunca jamás me he sentido humillada por volver de alguna casa ajena tras una noche gloriosa o lamentable”, apunta Cristina González, educadora social que ronda la treintena. “El eje de la cuestión es la doble moral que tenemos. Lo que nos avergüenza es precisamente lo que vayan a opinar los demás. Yo apuesto por quitarnos la vergüenza del medio cuando nos pique, sin caer en el extremo de convertirnos en unos sinvergüenzas por deporte”, apunta el chef Oriol Sunyer.
 
Mientras trabajamos por superar los tópicos, las referencias cinematográficas y televisivas también han ahondado en el fenómeno. Están los ejemplos sexistas que rozan el escarnio público –como este clip de la película Sorority Boys (Curvas Peligrosas, 2002) y esta parodia de un canal de humor universitario que supera el millón de visionados en YouTube– o la versión socarrona que la serie "Cómo conocí a tu madre" mostró hace unas temporadas en un capítulo de Halloween.

Con todo, la sociedad mediatizada también sabe sacar provecho de una situación comprometida. En internet existen páginas que venden kits de rescate para las trasnochadoras –que incluyen un vestido de algodón, una sandalias, gafas de sol y cepillo de dientes–, o un neceser básico para borrar instantáneamente los rastos de maquillaje de la noche anterior porque, tal y como reza su eslogan, “todos hemos tenido alguna de esas noches”. En la web de xoJane, las estilistas de belleza también se suben al carro de aconsejar productos indispensables para estar estupendas aunque no seamos “ni remotamente promiscuas”. 

Pero ojo, el camino de la vergüenza no atañe sólo a las  féminas. Ellos también se preocupan por lucir estupendos el día después. “Para mí es importante llevar la gorra o las gafas”, explica el realizador Jordi Cussó. Rubén Ortiz, fotógrafo de moda, indica “que no tanto por la ropa en sí, creo que lo que puede ser más incómodo son los olores, porque el tema del desayuno es serio, pero el de la ducha tampoco es fácil de conseguir, sobre todo en pisos compartidos y demás”. El periodista Fernando Fuentes lo resume en una sola frase: “lo que más nos delata no es la ropa, si no la cara de felicidad, o amargura, que se nos dibuja en la jeta mientras volvemos a casa, con el sol en todo lo alto, tras una noche gloriosa o lamentable”. ¿Llegará el día en el que nadie se avergüence de no haber dormido en casa? Mientras tanto, podemos seguir los consejos de esta tira cómica y cambiar la connotación vergonzosa por un camino de “oh mira, mi noche no acabó a las diez y media”.

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Cordon Press

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