Proposiciones indecentes, insultos y ‘ghosting’: por qué los hombres pierden la educación en Tinder

Las aplicaciones de ligar sumergen a las mujeres en un submundo donde a menudo sufren las peores consecuencias del machismo más casposo.

Tinder

En la serie 'Easy', de Netflix, se abordan las relaciones actuales y el papel de las redes sociales en ellas. Foto: Netflix

Un hombre hace match en Tinder con una mujer. El mensaje que el príncipe envía en este cuento de hadas moderno es simplemente: “¿Follar?”. Cuando la mujer ignora a este príncipe azul, el príncipe insiste. Y cuando la mujer le dice que no está interesada, el príncipe –ahora convertido en sapo– se dedica a insultarla. Que si no está tan buena, que quién se ha creído que es, que si Tinder está lleno de flipadas como ella. Unmatch. Fin del cuento. Otro hombre hace match con otra mujer, también en Tinder. Esta vez el príncipe parece encantador, así que deciden dejar de conversar por la aplicación y darse los números de teléfono para charlar por WhatsApp. Una vez consigue el número, el príncipe la saluda con una serie de fotografías de su pene. Fin del cuento. Otro hombre y otra mujer hacen match, el saludo de él es un mensaje semiautomático donde describe con todo lujo de detalle lo que quiere hacer con ella en la cama. El príncipe le dice que si hace todo lo que él le pide al final de la noche le dará 2000 euros. Fin del cuento.

Otras princesas han tenido historias con finales todavía más amargos: hombres que insultan cuando ellas pasan tres horas sin responder a un mensaje, hombres que esperan a hacer match para sacarles defectos (“¿y esas tetas son de verdad?”, “tan solo decirte que no soporto a las feministas”) y hombres que pierden la compostura y la buena educación cuando la conversación no fluye como a ellos les gustaría (“puta creída”, “te creerás que eres guapa”, “¿y a ti qué te gusta que te hagan, ¿putilla?”).

Y luego están los finales abiertos: un chico y una chica se conocen por Tinder y después de hablar varios días tienen una cita impecable, de esas que después le cuentas con todo lujo de detalles a tus amigas. El chico y la chica siguen hablando a posteriori y él no deja de repetirle lo mucho que le gusta. Una buena mañana, el chico desaparece: ya no existe el match en Tinder y la silueta gris de WhatsApp confirma a la chica que el chico la ha bloqueado. El ghosting, término que ha ido ganando popularidad en tiempos de comunicación online, y que consiste en dejar de dar señales de vida de la noche a la mañana como un auténtico fantasma, es el pan de cada día en muchas aplicaciones de ligar.

Todas estas historias son reales, reveladas a esta periodista tras preguntar por experiencias femeninas en aplicaciones de ligar. “Al final tienes una sensación de vacío tremenda cuando pasas tiempo en esas apps, como de ser fichas en el juego de la oca”, comenta una de las mujeres consultadas. “Y luego está el factor del escudo de la pantalla: no nos ven como personas, sino como avatares”. Otra mujer es de la misma opinión: “Si ya hay algunos hombres que cara a cara no asumen que están tratando con personas, mediante chat peor aún, les da exactamente igual”.

Está el factor del escudo de la pantalla: no nos ven como personas, sino como avatares

Desde la aparición de Match.com en 1995 o Meetic en 2001, ligar a través de Internet ha dejado de considerarse una rareza para convertirse en normalidad. El romance entre la búsqueda del amor y la tecnología es un negocio que no ha dejado de crecer y, desde que los dispositivos han pasado a ser una prolongación de nuestras manos, Tinder se ha convertido en la aplicación estrella para todas aquellas personas que buscan una relación estable, sexo sin compromiso o un rollito estacional. Tanto es así, que la aplicación, consciente de su éxito, ya contempla suscripciones de pago como Tinder Plus o Tinder Gold, que ofrece ‘Me gustas’ ilimitados y las opciones ‘Passport’ para charlar con personas de todo el mundo y ‘Rewind’ para volver a ese perfil que pasaste demasiado rápido.

“Tinder es una plataforma que tiene un interés comercial y, por ello, regula el comportamiento de cortejo de acuerdo a sus intereses”, explica a S Moda el sociólogo Javier de Rivera, “como cualquier empresa, la aplicación tiene que satisfacer un deseo o una necesidad en las personas y el modo de satisfacer esa necesidad tiene que servir a sus intereses económicos. Siempre que hay intereses económicos, se suelen se incentivar comportamientos competitivos porque se mejora así la capacidad de obtener ingresos en la plataforma”. Según explica el sociólogo, trasladado al plano de las relaciones amorosas o sexuales, la propia aplicación incentiva el comportamiento competitivo de los hombres.

“En este tipo de aplicaciones, todo lo que ocurre en la sociedad no virtual tiende a exagerarse”, explica Delfina Mieville, sexóloga y socióloga experta en género y derechos humanos, además counselor y terapeuta de la Gestalt, “un ejemplo de esto se ve más claramente en las apps del colectivo LGTB+ donde la plumofobia –el rechazo a todo aquello que no sea muy masculino– o la bifobia se desata. Esto no deja de ser un reflejo de lo que ya está sucediendo fuera de las redes: estamos teniendo una vida real a través de estos medios y no nos relacionamos, sino que nos metarrelacionamos. Aquí el sistema patriarcal, bajo el paraguas del capitalismo, busca estrategias para sobrevivir: y en las redes se exagera todo porque es más fácil vender un producto claro, aunque el producto seas tú”.

Estereotipos de género en esteroides

Tinder es una aplicación que, al contrario que otros competidores como OkCupid o Meetic, premia la imagen sobre el texto. De hecho, si has pasado más de cinco minutos en la plataforma, te habrás dado cuenta de que las descripciones son prácticamente irrelevantes hasta el punto de que muchos usuarios se describen con un sencillo emoji. En una de sus últimas actualizaciones, Tinder permitió conectar el perfil de cada usuario con su cuenta de Instagram, en una declaración de intenciones sobre la importancia de la imagen frente lo que el usuario quiera expresar con la palabra. “En lugar de reducir los estereotipos de género, Tinder es una aplicación que los incrementa”, apunta Javier de Rivera, “aunque tú seas un hombre que busque relaciones igualitarias y respetuosas, la plataforma te educa de una manera porque lo que premia es el comportamiento de macho alfa tradicional y, si eres mujer, sucede exactamente lo mismo, premia a las mujeres que se muestran de manera más estereotipada, más femenina y sexual”.

“En lugar de reducir los estereotipos de género, Tinder es una aplicación que los incrementa”

Cuando un hombre entra en Tinder suele intentar hacer match con el mayor número de mujeres posibles, mientras que las mujeres acostumbran a ser más selectivas a la hora de decidir si un hombre les gusta o no, así que la ratio de éxito femenino parece, por contraste, mucho más alta. Esto genera frustración o, en boca del sociólogo: “Al hombre que está buscando se le ofrecen muchas imágenes de mujeres que son como un anzuelo que les dice que su deseo se puede satisfacer pero luego este deseo, en algunas ocasiones, no se llega a satisfacer y eso genera una frustración y, en algunos casos, cuando se frustran se enfadan”.

“Vivimos en una sociedad que tiene una tolerancia nula a la frustración”, explica Delfina Mieville, “el pensamiento es: quiero una cosa y la tengo. Esta agresividad que demuestran algunos hombres a través de la app no tiene que ver con la sexualidad, sino con el poder: ‘esto es lo que me toca a mí, ¿por qué no me lo das?’”. Esta frustración va unida a la lógica del sistema capitalista en el que vivimos, que nos asegura que podemos conseguir cosas aquí y ahora a cambio de dinero y que también influye en la manera de vivir nuestra sexualidad o, en palabras de la sexóloga: “Vivimos en una sociedad hipersexualizada donde se ve el sexo como un símbolo de éxito y se valora el consumo en masa de personas. Además, hay muy poca erótica del buen trato o de la ternura, mientras que se erotiza el mal trato de manera constante (‘la muy guarra’, ‘tendrías que ver cómo le di anoche’, etc)”.

La despersonalización de las mujeres llevada al extremo

Una de las quejas fundamentales que muchas mujeres expresan al utilizar aplicaciones para ligar es la despersonalización absoluta que, desde el punto de vista femenino, se traduce en la facilidad para recibir desde propuestas indecentes hasta insultos que, cara a cara, no se suelen dar de la misma forma. “La aplicación reduce algo tan importante como las relaciones amorosas e importantes a un simple juego de avatares”, apunta Javier de Rivera, “en Tinder tienes avatares, objetos. Tu relación es con una foto. En una relación estereotipada, el agresivo es el hombre, así que quien sufre más los ataques en estas aplicaciones son las mujeres, pero los hombres también son tratados como carne”.

“Puede aumentar la despersonalización, pero no olvidemos que para algunos hombres, en la sociedad patriarcal en la que vivimos, tú ya eres un avatar, eres un atrezo precioso”, opina Delfina Mieville, “los hombres se sienten más protegidos detrás de una pantalla, pero en el fondo, este tipo de reacciones siguen la misma violencia que se permite a los hombres en el mundo real”.

Tinder

«La sexóloga Delfina Mieville sostiene que, para los hombres que somos objeto en la calle, lo somos también en la red». Foto: Getty

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