«Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo»: cómo decirle a tu pareja que algo va mal en la cama

Cuando la relación llega a ese peligroso momento en el que el sexo desaparece, a menudo, hablar sobre el problema se convierte en un tira y afloja en el que uno/a intenta el dialogo mientras el otro/a huye de él como del mismísimo diablo.

«Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo»: cómo decirle a tu pareja que algo va mal en la cama

Una escena de 'Masters of Sex'.

En la vida de la mayoría de las parejas, excepto aquellas que vivieron felices y comieron perdices que, aunque pocas, haberlas haylas, llega siempre un momento en el que el sexo desaparece. El sexo, como las ratas, es el primero en abandonar el barco, incluso mucho antes de que empiece la tormenta y haya amenaza de naufragio. Este lamentable suceso nunca ocurre a gusto de todos y mientras una de las partes lo ve como un alivio, (¡ya no tendrá que inventarse más excusas piadosas!), la otra trata de buscar explicaciones, entablar un dialogo y llegar a acuerdos con alguien muy poco/a o nada interesado en la resolución del conflicto.

Sin ir más lejos, yo viví en carne propia una de estas situaciones. En mi caso, mi ex negaba la falta de sexo y juraba y perjuraba que teníamos relaciones, a lo que yo le pedí que me enviara un email (entonces, el whatsapp aún no se había inventado) antes y otro después del acto, para tener constancia de tan esperado evento. La siguiente táctica fue la de culparme por ciertas aspectos de la convivencia que no le gustaban y luego, perdí la cuenta de las estrategias siguientes. Ideadas todas para evitar el diálogo, exponer sus verdaderos sentimientos y hablar honestamente de lo que estaba ocurriendo. Moriré sin saber qué le pasó realmente, qué extraña y poderosa fuerza cósmica le impedía el revolcón. A cierta altura de la ‘no relación’, una ya estaba dispuesta a asumirlo todo: un affaire, el estribillo de la canción de Rocío Jurado (“hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”), una disfunción sexual. Todo menos el mutismo, que dio paso a las peleas, reproches y al, triste pero reconfortante, final.

“Es muy difícil ser el problema y la solución a la vez, por eso muchas personas exhiben una conducta evitativa. Evitan el dialogo que, suponen, acabará en enfrentamiento porque no están dispuestas a aceptar la solución necesaria al conflicto, en este caso, restablecer las relaciones sexuales”, señala Melania Figueras, psicóloga especializada en terapia de parejas del gabinete de psicología Lo bueno si breve, en Barcelona. “Ese tipo de personas prevén que hablar del tema no va a solucionar nada y acabará en pelea. Por lo tanto, el hecho de aguantar los requerimientos de diálogo, de una forma más o menos educada, es decir, aguantar el chaparrón es para ellos ya un signo de buena voluntad. Ahí es donde han puesto sus recursos comunicativos”.

María, 42 años, Madrid, hace 3 años que dejó atrás una depresión. La enfermedad (“los peores años de mi vida pero también los más reveladores”, según sus propias palabras) le cambió la perspectiva de las cosas, algunos valores y objetivos vitales y ahora trata de recomponer el puzle de su existencia. “Me di cuenta de que el sexo, tal y como lo había vivido, no me interesaba ya más y que quería experimentarlo de otra manera, por lo que era necesario otra pareja. Pero todo esto me costó tiempo descifrarlo. Mientras tanto, dejé de tener relaciones con mi marido. Cuando él me preguntaba qué me pasaba (porque durante la enfermedad, a pesar de que los antidepresivos bajan la libido, yo seguía teniendo sexo) recuerdo que rehuía el tema. No sabía qué decirle, no quería herirlo, por eso me negaba a hablar. Con el tiempo, fuimos a una terapeuta de pareja y ella me ayudó a ordenar mis ideas. A darme cuenta de que ahora buscaba otro tipo de compañía para mi nueva vida”.

Según Melania Figueras, hay situaciones típicas en las parejas que desembocan en este tipo de problema: ausencia de sexo e incapacidad para abordar el problema. “Los cambios fisiológicos a menudo conllevan cambios mentales. Por ejemplo, muchas mujeres, tras pasar la menopausia, se dan cuenta de que les gustaría otra vida sexual o hacer cosas que no han hecho; y para eso necesitan una pareja más comprensiva, con la que haya una mayor conexión, un compañero más que un marido. Mientras tanto, renuncian al sexo, aunque otras lo mantienen para evitar conflictos. Están también los hombres en la cincuentena, que empiezan a tener más dificultad en la erección o erecciones menos potentes y esto les genera ansiedad. Evitan entonces el coito (lo que para muchos es sinónimo de relación sexual), aunque siguen evaluándose con la masturbación, lo que deja muy perplejas a sus parejas. Y otro caso frecuente es el del hombre que se ve sometido a la presión de satisfacer siempre a la mujer, cuando ahora está también demanda sexo. Puede llegar un momento en que él diga no; y el hecho de que ellos no siempre estén dispuestos puede sentar mal a muchas mujeres, que han mamado la consigna de que para sentirse ‘deseables’ tienen que ser ‘deseadas”.

El sexo es algo tan íntimo, tan atávico que muy pocas personas encajan bien un golpe bajo a su sexualidad. ¡Cuántas veces hemos oído decir: ‘es que yo canto muy mal’, ‘bailando soy un pato mareado’ o ‘se me da fatal hablar en público!’; pero ¿hay alguien que haya escuchado a otro decir ‘es que yo soy muy malo en la cama’?

“El sexo es algo muy delicado, es lo único que todavía permanece de nuestro origen instintivo. Y, precisamente porque es instintivo su administración debe ser racional”, sostiene Antoni Bolinches, psicólogo, sexólogo y terapeuta de pareja que ha escrito numerosos libros como Sexo Sabio (Debolsillo), Amor al segundo intento (Urano) o El nuevo arte de enamorar (Amat Editorial), con consulta en Barcelona.

“La excitación en una pareja es sinérgica, es decir que cuando ves al otro/a excitado más te excitas tú. Así que basta que uno de los dos no esté por la labor para que el edificio se tambalee. Los dos enemigos del sexo en una relación a largo plazo son: 1. La saturación sexual y 2. La rutina (la primera es por exceso y la segunda es por costumbre), y lo más común es que si no se cae en uno se haga en el otro”, señala Bolinches.

¿Qué hacer para restablecer el diálogo?

Cuando dos no quieren hablar y necesitan hacerlo, lo lógico es traer a un tercero para que haga de intermediario, lo que debería ocurrir en el conflicto catalán. Pero el problema está en que ambas partes acepten a esta figura.

“A veces, lo mejor para que el otro se someta al dialogo pasa por un cambio personal. Cuando uno modifica su actitud, simultáneamente provoca una alteración en el otro. No te puedo pedir un cambio desde mi no cambio”, señala Bolinches, quien reconoce como muchos hombres han cambiado al ver como lo ha hecho su mujer, o viceversa. Para este terapeuta es importante lo que él llama ‘la mano del diálogo conciliatorio’, que uno debería aplicarse a sí mismo antes de hablar, con cinco preguntas clave (de ahí los 5 dedos): ¿qué digo?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué? y si lo digo o no. “Hay que practicar la sinceridad desde la sensatez. Cuando se habla desde el niño interior, uno se centra en el instinto y si se hace desde el padre, nos enfocamos en la parte social. Lo ideal es hablar desde el adulto, que busca la fusión de los dos anteriores y que sería como nadar y guardar la ropa”, apunta este terapeuta de pareja.

Para Melania Figueras, “ante la situación: ‘problema + no diálogo’, uno puede adaptarse. Hay parejas que viven bien sin sexo porque, según la teoría triangular del amor de Sternberg, la relación se basa en tres puntos: intimidad, pasión y compromiso y aunque nos falte uno, si los otros dos son fuertes, el edificio se sigue manteniendo en pie. Otra solución que propongo a las uniones sin vida sexual, pero que se llevan bien, es cambiar la etiqueta, pasar a ser una pareja abierta o amigos, para que el que quiera sexo tenga la libertad de proporcionárselo con otros”.

Los mecanismos de resolución de conflictos pueden ser variados, y no siempre tienen que pasar por el diálogo. Algunos prefieren los hechos, los regalos, las muestras de cariño. “Imagínate que discutes con tu pareja porque no pasáis el suficiente tiempo juntos. Él o ella no dice nada pero el fin de semana siguiente te invita a Oporto”, dice Figueras.

Algo que ambos sexólogos señalan es que es importante, en una pareja, que ambos tengan un mismo mecanismo de resolución de conflictos y que compartan un proyecto en común. Algo que últimamente no es muy usual. Se oscila entre el amor romántico (algo a evitar) y el individualismo. Dos personas con proyectos distintos que se juntan, pero que no están dispuestas a renunciar a sus objetivos en aras de uno común, aunque claro, quieren durar en el tiempo y el espacio. Ganar sin haber apostado, y eso es imposible.

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