Razones por las que Sonia Delaunay bien merece una exposición en el Thyssen

Su figura por fin recibe el reconocimiento que merece. Analizamos por qué ver esta exposición es el verdadero 'must' del verano.

Sonia Delaunay

Vestidos simultáneos. Sonia Delaunay (1925) Foto: Cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza

Es difícil esbozar un retrato sencillo de esta versátil artista fascinada por el color y las formas abstractas. A lo largo de su carrera, Sonia Delaunay (en realidad, Sarah Ilínichna Stern. Ucrania rusa, 1885– París, 1979) pintó cuadros, diseñó tejidos, ropas y escenografías teatrales, modeló y decoró los más variados objetos de uso cotidiano, abrió varias tiendas en las que vendía sus creaciones, y sus producciones en serie fueron distribuidas internacionalmente. Su arte bebió del expresionismo, el cubismo o el fauvismo y junto con su marido, Robert Delaunay, formó uno de los tándems artísticos más sólidos del siglo XX. Mientras que él se dedicó en exclusiva a la pintura, ella pasó gran parte de su carrera centrada en las artes aplicadas. Quizá por ser estas últimas consideradas “menores” y también por la sombra proyectada por su pareja, hasta hace pocos años su figura no ha comenzado a tener el reconocimiento que debía.

Sin embargo, Sonia consiguió una asombrosa simbiosis con su tiempo: expresar el pulso de la vida moderna, el nacimiento de las calles iluminadas con electricidad, los aviones y la energía vibrante que traían a la ciudad los ballets y los salones de baile. Aun inmersa en un mundo de hombres, supo crecer como artista y comercializar su propia marca con éxito imparable. Una etapa crucial de su carrera fue aquella en la que se instaló con su familia en Madrid y su trabajo comenzó a ser reconocido públicamente. Ahora, el Museo Thyssen inaugura la exposición “Sonia Delaunay. Arte, diseño y moda”, con la que homenajea aquellos años tan definitivos en su desarrollo como artista, diseñadora y empresaria. ¿Cómo consiguió Sonia Delaunay convertirse en una de las artistas más influyentes de la modernidad? ¿Por qué el Museo Thyssen le dedica una de las exposiciones más atractivas del verano?

Porque una sencilla manta para bebé cambió su rumbo artístico: su gusto por crear más allá del lienzo la llevó en 1911 a confeccionar un edredón para su hijo recién nacido. Compuesto a partir de retales e inspirado por las piezas de patchwork típicas de su infancia en Rusia, el resultado le recordó la estética cubista de artistas como Picasso o Braque, pero en este caso el color era el protagonista absoluto. A partir de ese momento, Sonia comenzó a plasmar su arte en todo tipo de soportes y su trabajo, en un principio figurativo y muy cercano al fauvismo, se dirigió hacia la abstracción.

Porque cofundó una de las vanguardias artísticas de principios de siglo XX: ese estilo abstracto con el que el matrimonio comenzó a experimentar, llevó a su marido Robert a desarrollar una teoría que en 1911 este denominó simultaneísmo. La nueva estética, bautizada por Apollinarie como orfismo, se sustentaba en la idea de que el contraste de colores complementarios los dotaba de vida propia y generaba un movimiento que seguía el modelo rítmico de la danza y la música. Esa simultaneidad era la misma que se daba en el espacio y en el tiempo por el impacto de las nuevas técnicas industriales y otras manifestaciones que traía consigo la vida moderna.

Sonia Delaunay

Cantantes flamencos de Silvia Delaunay. (1916) Foto: Cortesía de Thyssen-Bornemisza

Porque su primera tienda la abrió en Madrid: con el estallido de la Primera Guerra Mundial la pareja pasó unos años entre Portugal y España. Fue en Madrid donde conocieron a Sergei Diaghilev, fundador de los ballets rusos que estaban revolucionando el mundo de la danza. Tras conocer su trabajo, el empresario encargó a Sonia el diseño del vestuario para el ballet ‘Cleopatra’. Por aquel entonces también decoró el teatro-cabaret Petit Casino. Sin embargo,  el dinero seguía sin bastar para mantener a la familia. Por eso en 1918 probó suerte abriendo una boutique en la calle de Columela, Casa Sonia, dedicada a la decoración de interiores, diseño de complementos y de moda. Sus textiles, joyas, mosaicos, muebles y vestidos coloristas no tardaron en hacer furor entre la aristocracia de la capital.

Porque fue una emprendedora adelantada a su tiempo: su exitoso negocio pronto creció con la apertura de nuevas tiendas en Bilbao, Barcelona y San Sebastián y fue así como consiguió sacar adelante a su familia. Incluso registró en Francia y en los EE.UU. su propia marca, ‘Simultané’. En 1925 abrió Maison Delaunay en París y desde allí continuó pintando en múltiples soportes. Ese mismo año participó en la Exposición Internacional de las Artes Decorativas, muestra en la que el art déco  y los objetos de diseño fabricados en serie cobraron gran protagonismo. Desde entonces, sus textiles y vestidos comenzaron a ser distribuidos por los almacenes holandeses Mertz & Co., los londinenses Liberty y algunas tiendas de Nueva York.

Sonia Delaunay

Silvia Delaunay. Foto: Getty

Porque llevó el arte a la vida diaria: antes de dedicarse por completo a las artes decorativas, Sonia había estado centrada en la pintura. Sin embargo, se dice que por consejo de su marido o para evitar la competencia con él, durante el periodo de entreguerras, optó por la producción de objetos ornamentales y funcionales. A pesar de que esa decisión en un principio le apartó de la primera línea artística, pronto resultó ser muy acertada. Objetos de la vida cotidiana como textiles, cerámicas, carteles publicitarios, paraguas, sombreros o incluso un coche de la marca Citroën cobraban a través de su arte un nuevo significado. Con ella la vida diaria se llenaba de arte, a la vez que el arte cobraba vida.

Porque hizo de las artes “menores” algo grande: del mismo modo que hablar cuatro idiomas le había acostumbrado a traducir y cambiar su forma de expresión fluidamente, tampoco hacía distinción entre el arte y las llamadas “artes aplicadas”. Las “artes menores”, nacidas en el movimiento Arts and Crafts inglés, nunca le supusieron una frustración artística, sino una expansión libre que le permitió conquistar nuevos espacios. Y fue precisamente su amor por el “arte total” el que pronto le descubrió las posibilidades que ofrecía la producción en masa y le permitió dar a conocer su obra en distintos países, así como ofrecer el sustento principal a su marido y su hijo.

Sonia Delaunay

Abrigo y corbata de seda diseñados por Sonia Delaunay. Foto: Cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza

 

Porque danzaba con el color: para Sonia el color era “la piel del mundo” y con ella quiso vestirse por lo que en 1913 diseñó su primer ‘vestido simultáneo’, confeccionado con formas geométricas hechas a base de trozos de tela coloridos. Con él acentuaba de manera natural la forma y el movimiento de su cuerpo y borraba los límites entre su figura y el espacio por el que se deslizaba mientras bailaba. El impacto que tuvo el vestido en el círculo artístico parisino fue tal, que más tarde su amigo el poeta Cendrars llegó a afirmar que la moda futurista estuvo directamente influenciada por esa prenda.

Porque liberó el cuerpo de la mujer: su ‘arte vestible’ supuso una alternativa a aquella moda decimonónica que todavía oprimía la vida de muchas mujeres. Influenciada por la revolución que pocos años antes comenzó el modisto Paul Poiret con el diseño de vestidos que libraban a la mujer del corsé, Sonia creaba prendas técnicamente adaptadas a las formas femeninas y a las necesidades reales de una mujer moderna que trabajaba, bailaba o practicaba deporte. Por aquellos años el movimiento feminista iba conquistando progresivamente el derecho al voto en muchos países europeos, y para celebrarlo la artista rusa creaba looks dinámicos y elegantes que exploraban nuevas feminidades al mismo tiempo que festejaban la conquista de las nuevas libertades.

Sonia Delaunay

Mujeres con trajes de baño diseñados por Silvia Delaunay. Foto: Getty

Porque reivindicar la presencia de su arte en los museos sigue siendo necesario: y no solo el de ella –fue la primera mujer viva a la que el Museo del Louvre de París dedica una exposición en solitario en 1964–, sino el de tantas artistas que la historia ha olvidado. A pesar de que el Museo Thyssen ya había programado anteriormente un par de exposiciones de otras artistas o de que el Museo del Prado después de doscientos años ofreció en 2016 por primera vez en su historia la muestra de una pintora en solitario, sigue siendo imprescindible reforzar la perspectiva de género y otros discursos de inclusión que conviertan a dichas instituciones en lugares en los que la identidad y la memoria nos representen a todas.

Sonia Delaunay

Diseño sobre papel vegetal. Sonia Delaunay. Foto: Cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza

 

‘Sonia Delaunay: Arte, diseño y moda’ es una exposición temporal que estará en el museo Thyssen del 4 de julio al 15 de octubre de 2017.

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