¿Qué es el Camp? Del Rey Sol a las drag Queens: la estética que atrae y repele a la vez

Susan Sontag teorizó en 1964 sobre este concepto. La próxima exposición del Met de Nueva York subraya sus fértiles vínculos con la moda y su habitual reaparición en tiempos de agitación social.

¿Qué es el Camp? Del Rey Sol a las drag Queens: la estética que atrae y repele a la vez

La intelectual estadounidense Susan Sontag, retratada en 1972 en Francia. Foto: Jean-Règis Roustan / Roger-Viollet / Cordon Press.

Yo soy camp. Tú eres camp. Las lámparas Tiffany son camp. El lago de los cisnes es camp. ¿Las óperas de Bellini? Muy camp. La prensa sensacionalista es camp. La cantante cubana La Lupe y Bette Davis en Eva al desnudo son camp. Las novelas de Henry James tienen fragmentos camp. La exagerada masculinidad de Victor Mature era camp. La retórica de Charles de Gaulle fue inconscientemente camp. Algunas postales de comienzos del siglo XX resultan camp. Las boas de plumas y los vestidos con flecos son el epítome de lo camp.

A partir del 9 de mayo, el Metropolitan Museum de Nueva York también será camp. La exposición anual del Costume Institute de ese venerable templo del arte, Camp: Notes on Fashion, estará dedicada a los vínculos entre la moda y el impreciso concepto que Susan Sontag intentó definir en Notes on Camp (Notas sobre lo camp) el seminal ensayo que publicó en 1964.

Vestido de noche de alta costura de Viktor & Rolf p-v 2019 expuesto durante la presentación de la muestra. Foto: Cortesía de Viktor & Rolf / Vittorio Zunino Celotto / Getty Images para Metropolitan Museum of Art

En ese influyente texto, la gran intelectual estadounidense teorizó sobre una nueva sensibilidad que invadía el clima cultural en las grandes ciudades, en una década en la que la vieja distinción entre arte elitista y cultura popular dejaba de tener validez. Acababan de entrar en juego otras actitudes, como la ironía, la parodia, el pastiche, la ambigüedad, la teatralidad o la extravagancia, que resultarían fundamentales en el camino hacia la era posmoderna. Como sostuvo Sontag, lo camp era «el amor por lo innatural, por el artificio y la exageración». Cuando algo gusta y molesta a la vez, es camp. Cuando hechiza, pero luego pica en los ojos, también suele serlo. «Me siento fuertemente atraída por lo camp y ofendida por él casi con la misma intensidad», dejó escrito la autora, que intentó describir su esencia con los ejemplos del párrafo anterior.

Body masculino de Walter Van Beirendonck p-v 2009 y mono de Vivienne Westwood o-i 1989-90. Foto: Archivo de Vivienne Westwood / Cortesía de Walter Van Bereindonck y The Metropolitan Museum of Art / Johny Dufort 2018

Sontag, que falleció en 2004, ejercerá de «narradora fantasma» de esta exposición, según anunció su comisario, Andrew Bolton, conservador jefe del Costume Institute, durante la presentación de su nuevo proyecto en la pasada fashion week de Milán. A su lado se encontraba Anna Wintour, patrona de la iniciativa y organizadora del Met Ball, que se celebrará tres días antes de que la muestra abra sus puertas. «Examinará 125 objetos, incluyendo ropa de hombre y de mujer, pintura y escultura, siguiendo la evolución de lo camp desde la corte de Luis XIV en Versalles hasta la actualidad. Básicamente iremos del Rey Sol a las drag queens», afirmó Wintour entre varios modelos de Gucci, Viktor & Rolf y Palomo Spain. Las tres firmas estarán presentes en la muestra junto a Alexander McQueen, Giorgio Armani, Dior, Galliano, Jean Paul-Gaultier, Nicolas Ghesquière y Marc Jacobs, además de Karl Lagerfeld con sus diseños para Chloé, Fendi y Chanel.

Susan Sontag y su hijo David Rieff en 1967. Foto: Everett Collection / Cordon Press

Siempre atento a los cambios en la temperatura cultural, Bolton escogió este tema al detectar un resurgimiento de lo camp en los últimos años. «Sontag lo catapultó al mainstream y allí se quedó, pero hay momentos en los que lo camp pasa a primer plano y se convierte en la estética definitoria, en un reflejo del espíritu del tiempo», señala el comisario. Sucedió en los sesenta, como dejó claro la misma Sontag, y una vez más en los ochenta, durante la revolución neoliberal de Reagan y Thatcher. Ahora parece resurgir de nuevo. «No es casualidad que reaparezca en momentos de agitación social y política, porque lo camp no ha perdido su poder de subversión y desafío al statu quo», añade Bolton, principal artífice del boom de las muestras sobre moda en los últimos años.

Michele, en la presentación de la exposición. Foto: Vittorio Zunino Celotto / Getty Images para The Metropolitan Museum of Art

La exposición propondrá un recorrido histórico que empezará en la corte francesa del siglo XVII, en la que aparecen personajes como el duque de Orleans, hermano de Luis XIV, abiertamente homosexual y partidario del travestismo lúdico. Uno de sus retratos de época convivirá con la colección que Lagerfeld firmó en 1987, inspirada en Versalles. Después, la muestra se detendrá en la Inglaterra victoriana, donde lo camp funcionaba como código secreto entre hombres gays que se hablaban en femenino y lucían claveles verdes para indicar su preferencia sexual a los despistados.

Desfile Moschino p-v 2017, look que estará en la muestra. Foto: Imaxtree

En el estreno de El abanico de Lady Windermere en 1892, Oscar Wilde pidió a uno de sus actores que se pusiera uno en la solapa, como también varios miembros del público. La muestra insistirá en recordar el arraigo de lo camp en la cultura homosexual, tal vez para no recibir las mismas críticas que tuvo Sontag, acusada de apropiación cultural avant la lettre. «Hablar de lo camp es traicionarlo», había advertido la papisa de la contracultura en su texto. Aun así, la culparon de desvincular lo camp de lo gay y de convertirlo en un estilo superficialmente transgresor.

Con todo, el principal cometido de la exposición será analizar la influencia de lo camp en la moda, territorio particularmente fértil. «Camp y moda están entrelazados, a pesar de que Sontag haga pocas referencias a la moda en su ensayo. La moda es el sistema más poderoso de definición social, el teatro de la identidad, el desafío y la autoafirmación», señala Fabio Cleto, profesor de la Universidad de Bérgamo y gran especialista en la cuestión. «No creo que Sontag hubiese imaginado la importancia que lo camp tendría en los años posteriores cuando escribió su ensayo. Pero tiene sentido, porque el término cambia y es imposible de predecir. Por ejemplo, seguro que no habría imaginado a un personaje camp como presidente de Estados Unidos», agrega el universitario, que también participa en el catálogo de la muestra.

Modelo de Gucci o-i 2018-19 y Palomo Spain p-v 2018 menswear. Foto: Archivo histórico de Gucci / Cortesía de Palomo Spain / Vittorio Zunino Celotto / Getty Images para the Metropolitan Museum of Art.

La moda actual tampoco va falta de ejemplos. Las zapatillas feístas de ocho suelas a cargo de Demna Gvasalia son camp. Las bolsas de Ikea que diseñó para Balenciaga, al módico precio de 1.700 euros por unidad, son camp. Los desfiles de Alessandro Michele se inscriben sin complejos en lo camp. Los arneses de alta costura de Virgil Abloh son camp. Rihanna y su vestido en forma de pizza, en la misma gala Met, fue otro glorioso momento de camp. ¿Lady Gaga untada en autobronceador en los últimos Oscar? Definitivamente camp.

Vestido de Virgil Abloh para Off-White pre-fall 2018. Foto: Regalo de Virgil Abloh / Cortesía de The Metropolitan Museum of Art / Johnny Dufort, 2018

Aunque, medio siglo después de la publicación de aquel ensayo, siga siendo una noción elástica. «Resiste ante toda definición porque es un proceso dinámico, elusivo y elitista, que distingue a los que están enterados de los que no lo están», apunta Cleto. Pese a que se suela confundir con el kitsch, opina que ambas nociones no tienen (casi) nada que ver. «Lo kitsch establece un juicio de valor, mientras que lo camp juega irónicamente con ese juicio. Lo kitsch es una forma de esnobismo. Lo camp es un esnobismo invertido», añade este profesor italiano. ¿Qué será, entonces, ese concepto imposible de ceñir? La muestra procurará dar solución a una pregunta para la que el fallecido historiador Gregory Bredbeck ya encontró la mejor respuesta: «Solo tu peluquero lo sabe a ciencia cierta».

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