Mercedes Wullich: “Debería existir un ‘lobby’ femenino para acelerar cambios”

La directora de la empresa Mujeres&Cía presenta el próximo miércoles el ‘ranking’ Top 100 Mujeres Líderes en España con el que, desde 2011, se pone la lupa sobre el talento femenino.

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Foto: Phillipe Milton

“¿Quién me votó?”. Esta es la pregunta que muchas elegidas hacen a Mercedes Wullich cuando ella descuelga el teléfono para darles la noticia de que han sido escogidas entre el centenar de mujeres más brillantes de este país. Escueta. Sin adornos. Fue periodista antes que empresaria, y trabajó en el diario argentino La Nación durante quince años, en emisoras de radio y en diversas publicaciones hasta que se lanzó a la aventura de fundar Mujeres&Cía, un portal informativo que pone el foco en el universo personal y profesional femenino. El 80% de este top 100 depende de un jurado que renueva la mitad de sus miembros en cada edición; otras diez son elegidas mediante encuesta online. Argentina de nacimiento y española de adopción, lo que más sorprende a esta empresaria es que aún haya muchas que sigan preguntándose si merecen ser reconocidas.

Un hombre jamás haría esa pregunta, ¿verdad?

En absoluto. Ellos dirían: «¡Fantástico! ¿Dónde tengo que estar, qué día y vestido de qué manera?…». ¿Cuándo va a preguntar un hombre quién le votó? Somos muy distintos.

En esta edición del ranking se incorporan cincuenta nombres nuevos, ¿eso significa que solo es cuestión de indagar un poco?

La única manera de normalizar la presencia de mujeres líderes es dándolas a conocer. Yo tenía la idea de esta clasificación desde hacía muchos años, hasta que mi hijo Javier me dijo: «Hazlo. Es bárbara. O la hará otra persona y no te va a gustar». Así que lo puse en marcha. Que haya nombres nuevos es muy importante, y también que estén fuera del ombligo de Madrid. Hemos encontrado mujeres maravillosas en Cataluña, Andalucía o Cantabria. El año que viene el reto es seguir reclutando talento en otras comunidades como Galicia o País Vasco. Para los que vivimos en la capital es muy fácil dar con gente buena, pero nos perdemos lo que no es noticia de primera página.

¿Por qué al pensar en un líder suele venirnos a la cabeza un hombre?

Es una cuestión cultural en la que los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad. Tiramos de archivo. No hay curiosidad por buscar nuevos nombres.

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La nadadora olímpica Teresa Perales, una de las protagonistas del Top 100 Mujeres Líderes.

Getty Images

¿Son, en algunas ocasiones, las propias mujeres las que se resisten a aparecer en prensa?

Ellas se preguntan: «¿Además de todo lo que hago, tengo que ser visible? Me reparto en veinticinco tareas a la vez y me están diciendo que debo trabajar mi huella personal. ¡Otro esfuerzo más!». A eso, hay que sumar que la educación judeocristiana impone que seamos humildes, que no se note lo que hacemos… Y no. Hay que tener determinación, dar un paso adelante.

¿Dónde queremos llegar?

Al poder. Sirve para hacer. Pero hay que tenerlo.

¿Importa más la actitud que la aptitud?

Hay que adquirir las habilidades necesarias. Eso está muy bien, pero ¿qué pasa con lo demás? Tenemos que tener conciencia de las herramientas que harán más fácil el camino.

¿Sigue ocurriendo que las niñas quieren ser enfermeras y no médicos?

Lamentablemente sigue siendo así. Por eso es tan importante normalizar la igualdad en cargos importantes. No puede ser poco habitual que haya mujeres en los puestos de responsabilidad. Las niñas tienen que tener modelos en los que fijarse.

¿Qué papel desempeñan las empresas en la creación de mujeres líderes?

Uno importantísimo. Solo se acelerarán los tiempos si los hombres se involucran, porque son ellos los que mayoritariamente ostentan el poder. Necesitamos innovación, un término que parece que se refiere únicamente a tecnología y no es así. También es hacer las cosas de otra manera. Y para ello deben desaparecer los egos inconscientes que tiñen la gestión. La foto de la dirección de una empresa plagada de señores con traje y corbata es un atraso. Eso debe cambiar. Hay un mercado femenino al que hay que hablarle de otra manera.

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La vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, también en el Top 100 Mujeres Líderes.

Getty Images

Esta reflexión resucita el eterno debate de las cuotas.

Estas corrigen lo que está mal, pero yo, que tengo toda la urgencia del mundo, no estoy dispuesta a esperar sesenta años más para que las cosas se arreglen. Si las mujeres siguen progresando, las necesitarán los hombres.

¿Qué nos diferencia?

Hace falta más conciencia de lo que significa llegar arriba. Debería haber un lobby femenino para acelerar los cambios. ¿Acaso no es poder controlar el 80% del consumo? Si las mujeres nos pusiéramos de acuerdo para penalizar a aquellas empresas que hacen las cosas mal podríamos ponerlos en serios aprietos. Las redes sociales permiten organizarnos y decidir, por ejemplo, que una marca no se compra.

Mercedes Wullich tiene cinco hijos y un marido que entendió que su carrera era su motor personal. «Hay que elegir bien a la pareja», suele repetir. Siempre cuenta que el día que él se alarmó porque llovía y la ropa estaba tendida al aire libre entendió que había ganado una batalla clave. La anécdota es solo eso, una anécdota, pero la conquista de la igualdad también pasa por ahí. «Me sorprendo –asegura– de que mujeres muy valiosas sigan soportando pesadas mochilas de cargas».

Parece mentira que siga siendo así.

Es sorprendente. Hay mujeres que se llevan el mundo por delante y siguen aguantando responsabilidades que deberían estar repartidas. Sin ese equilibrio no es posible. Las cosas están cambiando, pero aún no es la norma.

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Las periodistas Gemma Nierga y Àngels Barceló figuran en el Top 100 Mujeres Líderes.

Getty Images

¿Y por qué el poder no siempre resulta atractivo? Mientras las empresas sigan teniendo las mismas estructuras, las mujeres priorizarán otras facetas.

No quieren llegar a cualquier precio. Cuando se presenta una oportunidad, ellas no la contemplan si a cambio tienen que dejar cosas por el camino. El hemisferio femenino es mucho más amplio. Ponemos los huevos en más canastas.

¿Y ellos?

En términos generales, los hombres están focalizados en producir. Ven natural quedarse en la oficina hasta las tantas; las mujeres no están por la labor. La pregunta que hay que hacerse es: «¿En el lecho de muerte vas a llamar al consejero delegado de la compañía?».

¿Qué valora la mujer en su proyecto profesional?

El coste que implica. Lo que lamento es que las empresas no estimen el tipo de gente que las construye. ¿Importa más alguien que solo ve resultados o alguien que siente que la compañía es una extensión de su vida?

¿Los cambios vendrán de la mano de ellas?

Hay que darles a ellos la oportunidad de ser parte, pero si no quieren, seguiremos adelante. Me gustan las mujeres que dan ejemplo, que tienen una mirada abierta en la que participan las emociones. Los expertos dicen que la manera de gestionar las nuevas empresas tiene que ver con las formas femeninas, aunque haya condiciones masculinas que debemos emular.

Esta pregunta jamás se le haría a un hombre. ¿Cómo ha sido capaz de compaginar su carrera con cinco hijos?

¡Con logística! Además, elegí bien a mi pareja. Siempre dio lugar a todos los sueños que tuve. A muchos sitios no habría llegado si él no los hubiera impulsado. Hay que saber que no podemos estar en todo. Igual que una empresa tiene estructuras, las familias, también. La organización es fundamental. Yo no estaba siempre con mis hijos. Siempre respondí en los momentos importantes, pero no fui a todas las reuniones del colegio, por ejemplo.

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