¿Están creando las ‘influencers’ falsas expectativas en torno a la maternidad?

La visión que aportan las redes sociales muchas veces choca con la realidad: sentimientos de culpa y tristeza son mucho más comunes de lo que muestra Instagram.

Maternidad en las redes

La visión, un tanto idílica, de ser madre de familia numerosa de Naomi Davis (más conocida como Taza). Foto: instagram @taza

Cada vez hay más personajes públicos e influencers que comparten diferentes detalles de su vida en las redes sociales. Si bien es cierto que la moda o la gastronomía, así como los viajes o las relaciones de pareja, son temas estrella a la hora de conseguir likes, últimamente cada vez hay más publicaciones en torno a la vivencia de la maternidad. Pero ¿es real la visión que nos ofrecen al respecto?

Tania, de 32 años explica que hay un contraste entre la idea que te haces de la maternidad a través de las redes y la realidad que te toca vivir. “Casi todo el mundo te habla de la parte bonita, salen esos padres enamorados o lo íntimo de la lactancia, pero nadie te advierte de que te va a tocar discutir más que nunca con tu pareja porque sobre todo en los primeros meses el verdadero peso lo tiene la madre, de que la lactancia también es un trabajo sin apenas descanso o de cómo afecta a tu estado anímico la falta de sueño”. De esta forma, desde su experiencia, “por supuesto, experimentas un sentimiento de amor profundo por tu bebé, pero eso no significa que no sea un cambio en tu vida, y que el principio sea duro. Se nos olvida que no estamos obligadas a ser súper mujeres en todo momento”.

Por su parte, Sonia Encinascoach de mujeres, expone que “las redes sociales influyen en prácticamente todas las facetas de nuestra vida, así que la maternidad no iba a ser menos”, pero el problema está en que “debemos educarnos en la idea de que estas son en parte una ficción”. Teniendo en cuenta que “no es lo mismo una mami fit, que una fashion blogger, que una activista”, desde su propia experiencia en redes, Encinas reflexiona que también hay un punto positivo, y es que es posible “mostrar que no hay un único modelo, ni una forma perfecta de hacerlo”. Sin perder de vista que “no es solo nuestro papel, ni responsabilidad”, esta forma de compartir la experiencia supone también “tejer redes con otras mujeres que están en el mismo camino, lo que nos ayuda a ser más críticas con el orden establecido desde fuera y menos con nosotras mismas”.

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Heeeey Baby💙

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El encontronazo con la realidad

Ante esta visión de la realidad, queda preguntarse si cuando una mujer se enfrenta a su propia maternidad, estas ideas preconcebidas suponen un problema de alguna manera. La psicóloga Ana García reflexiona que “lo que venden las influencers son situaciones y lugares idílicos a los que muy pocas pueden aspirar. Y claro, la maternidad es preciosa, pero no siempre es una situación idílica”. Como aporta la experta, “cuando eres madre, te enfrentas a situaciones, dudas, experiencias y decisiones, que no sabías que existían, o por lo menos, no te las habían descrito así. Tienes una revolución hormonal, físicamente te encuentras muy mal, tienes falta de sueño y mucho cansancio. Además en muchos casos, estas experimentando la parte que para muchas, es la más difícil: la lactancia materna”.

Así, García expone que cuando llega la maternidad, “muy pocas personas dicen lo duro que es, hasta que no lo vives, no lo sabes”. Todo ello se suma a que tu círculo cercano también espera ver tu experiencia en redes, y sientes que “tienes que estar plenamente feliz de tener a tu bebé. Pero si no sientes esa felicidad, aparece la culpa y la tristeza. Te sientes mala madre y, en ocasiones, sientes que no quieres lo suficiente a tu bebé”. Es entonces cuando pueden aparecer procesos más complejos como el llamado ‘baby blues’ —una tristeza normal que se atraviesa tras el parto y que afecta a entre el 50 y el 85% de las mujeres—, o incluso la depresión postparto. Teniendo estos factores en cuenta, la psicóloga incide en que “las madres lo que realmente necesitan no es saber lo feliz que está la gente (que también), es saber que lo que les pasa es normal, y que hay más madres como ellas que también están desbordadas, en ocasiones tristes, o que se sienten sin fuerzas”.

Por su parte, la también psicóloga Verónica Vivero pone cifras a esta realidad. “De acuerdo con la OMS, 2 de cada 10 mujeres van a presentar una problemática de índole psicógena durante el periodo de embarazo y el año posterior a que nazca el bebé, lo que supone un 20% del total, de los cuales se estima que más del 75% no recibe ningún tipo de apoyo durante este proceso”. Si bien no se trata de patologizar la maternidad, sí de entender que es una realidad diversa y un proceso de cambio, en el que es normal que la vida se dé de bruces con las falsas expectativas. “Bajo mi punto de vista se deben contemplar todas las opciones y saber que, como todo, existen luces y sombras a la que deberemos hacer frente. Es un proceso vital que puede ser fabuloso, pero también pueden aparecen problemáticas de distinta índole y debemos saber detectarlas, solicitar asistencia si es necesario y hacerle para tener una mayor calidad de vida”, aporta Vivero.

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Here I go for another year of breastfeeding! It’s really not common to breastfeed in France, especially for that long. I think I got the motivation from my japanese family in law, where women do it quite naturally. To be honest before the birth of my first daughter, the image and even idea of doing it was making me uncomfortable. The beggining was hard, painful, and I even cried after two weeks when it was so irritaded and I couldn’t get a single minute to myself. At that point I simply hadn’t realize how much time, and most of all, dedication breastfeeding was. It finally came out extremely rewarding. And handy, as it was spring – summer everytime our babies were born and we were spending a lot of time outside. I fed my two girls mostly at home, but also in public and even in public transports, never getting any remarks or weird looks from anyone. From what I noticed, it doesn’t bother people as long as I covered up the skin showing with a piece of fabric. I really wish I wouldn’t have to do that but I also feel people just appreciate the effort of keeping it intimate, which I understand too. I only remember this time, when a pharmacist told me « what?! You are still breastfeeding your baby?!! » with an expression of disgust on her face when I came to buy some vitamin supplements. Iris was 9 months old and I was really shocked to hear something like this from someone who’s supposed to know the benefits of breastfeeding. If it wasn’t the only pharmacy around, I would have just left this place, this woman, and her unsolicited judgment. To end my breastfeeding story, I just wanted to put this simple reminder here because women shouldn’t have to explain their choices and I see way too many of them feeling ashamed when the question comes up: Whatever feeding you choose, a bottle doesn’t mean you care for your child less or breast you care for your child more. All that matters is the love you give to your baby. It really is! #cherryblossombaby #robinkentaro #breastfeeding

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Un factor en nuestra toma de decisión

Más allá del impacto psicológico en cada mujer, la influencia de las redes sociales también puede analizarse desde el punto de vista social, y es que al fin y al cabo, lo que hacen las influencers es crear modelos a seguir, también en cuanto a la forma de ser madres y en nuestra toma de decisiones.

Tal y como reflexiona la socióloga y experta en sexualidad Lara Herrero, la gran mayoría de estas líderes de opinión “proyecta una imagen de familia y de mujer poco diverso, aunque hay excepciones. Este suele coincidir con el modelo de belleza heterosexual imperante”, de forma que por ejemplo, “muchas de las madres influencers dedican buena parte de sus contenidos a hablar sobre cómo recuperar la figura tras el parto o cómo prevenir las secuelas corporales del mismo”.

Otra cuestión además es el mercado que supone la propia maternidad, ya que muchas marcas han aprovechado esta nueva tendencia para publicitarse a través de las influencers que esperan un bebé o tienen un recién nacido. “El negocio de las ecografías en 3D o los carritos de bebé de más de 500 euros no son una necesidad para el bienestar de madres y bebés, sin embargo, cuando las influencers inundan los anuncios de redes sociales con este tipo de productos, se generan necesidades ilógicas que, además, no todas las mujeres pueden permitirse”.

En este sentido, a este respecto influye lo que la socióloga denomina como “el estatus del grupo”, en el que el sujeto da más valor a las ideas del grupo, que a las suyas propias. “De esta manera, se ha creado una potente herramienta para influir en si se va a dar el pecho a un bebé (aunque es cierto que se le ha dado una mayor visibilidad y normalización de la misma) o se le va a alimentar con leche artificial; o qué nombre se le va a poner a la criatura en función de la popularidad de los mismos en los últimos meses” o el que haya puesto una persona conocida.

Así, la reflexión final de las expertas es que en realidad lo único que une a cada tipo de maternidad es el cambio que supone la responsabilidad de cuidar a un bebé, pero que la forma de hacerlo dependerá de cada persona y de cada pareja, puesto que no hay que olvidar, que como en otras muchas cosas, las modas y las tendencias respecto a la forma de ser madres, también son pasajeras.

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