Marrakech se renueva

Diseño, restauración e interiorismo remiten a la tradición y la artesanía, pero con formas reinventadas, como las del Museo Yves Saint Laurent, que será la apertura del año.

La Mamounia fue construido en 1923 por los arquitectos Prost y Marchisio. Foto: La Mamounia

En el año 1966, Yves Saint Laurent y Pierre Bergé llegaron por primera vez a Marrakech. Desde entonces, la ciudad ha cambiado mucho, pero sigue conservando ese aire bohemio que en aquella época la convirtió en el refugio favorito de Mick Jagger y los Stones, en objeto de los libros de Paul Bowles o Elias Canetti. Hoy, la Perla del Sur, fundada en 1062 por los almorávides, con murallas de adobe y dominada por tonalidades terrosas con vistas a las cumbres nevadas del Alto Atlas, se renueva constantemente.

El mejor ejemplo de ese paso hacia adelante, que bebe de lo tradicional, verá la luz este otoño: el nuevo Museo Yves Saint Laurent abrirá sus puertas el 16 de octubre. El edificio –cerca del Jardín Majorelle, recuperado por el modista en 1980 y visita obligada– ocupará 4.000 metros cuadrados y su diseño corre a cargo de los arquitectos parisinos de Studio KO. «Esta ciudad me enseñó lo que era el color», afirmaba el couturier. «Cuando Yves descubrió Marrakech, se sintió tan conmovido que decidió volver regularmente. Por eso, es natural, 50 años después, construir un museo dedicado a su obra, tan inspirada por este país». Así lo argumentó Bergé, presidente de la fundación de ambos.

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Ropa de casa de Valérie Barkowski, bordada a mano en Marrakech.

La presencia de creadores como ellos ha influido en la ciudad marroquí: en la misma calle del jardín se encuentran tiendas de complementos de diseño creados por artesanos como 33 Rue Majorelle o M’Tita Bamako. No muy lejos, en el barrio de Gueliz, pueden verse galerías como la de David Bloch, especializada en arte contemporáneo; Galerie 127, dedicada a la fotografía, o Fennwerk, con alfombras de artesanía bereber. Además de diseño, la ciudad ofrece una agitada, y para todos los gustos, vida cultural: hasta el 25 de junio es tiempo de Ramadán, y el Institut Français lo evoca con música en Les Nuits du Ramadan; un mes después, del 28 de junio al 2 de julio, se celebra el festival de humor Marrakech du Rire, y ya en septiembre, del 15 al 17, será la hora de la electrónica con The Oasis Festival.

El gusto es otro de los sentidos que se agudizan con locales como El Fenn, una boutique que también ofrece cocina tradicional local y europea moderna; Kechmara, que completa su oferta con música en vivo y exposiciones; o, ya en pleno centro de la Medina, el Café Nomad, Le Jardin y el conocido Café des Épices.

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El origen de los jardines de La Mamounia, con más de 1.200 especies vegetales y ocho hectáreas, se remonta al siglo XVII Foto: La Mamounia.

Los sabores del jardín
Hay lugares míticos donde dejarse envolver por los olores y el sabor de las especias, el azahar y los frutales de la ciudad como el hotel La Mamounia. Por él ha desfilado el quién es quién de los visitantes VIP de Marrakech desde su apertura en 1923: políticos como el general Charles de Gaulle o Winston Churchill, que solía pasar allí el invierno (y describía el establecimiento como «el lugar más maravilloso del mundo»); los diseñadores Yves Saint Laurent, Versace, Pierre Balmain o Valentino; actores como Keanu Reeves, Marion Cotillard y Orlando Bloom, y también músicos (Jacques Brel, los Rolling Stones o Crosby, Stills, Nash & Young, que compusieron allí Marrakech Express). Sus jardines simétricos de tonos pastel, como salidos de una película de Wes Anderson, y sus habitaciones, suites y riads (tiene tres) han servido de escenario de cine en películas como El hombre que sabía demasiado, de Alfred Hitchcock, o La reina del desierto, de Werner Herzog.

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La gastronomía es uno de sus puntos fuertes: L’Italien de Don Alfonso, Le Français, Le Marocain y Le Pavillion de la Piscine son sus restaurantes,
a los que se suman cinco bares. Foto: La Mamounia

En sus cocinas, los chefs Alfonso Iaccarino –dos estrellas Michelin por Don Alfonso 1890 en la Campania italiana–, Aurélien Poirot –que ha colaborado con Alain Ducasse y Yannick Alléno–, Rachid Agouray y el chef pastelero Richard Bourlon supervisan los menús de sus cuatro restaurantes: L’Italien de Don Alfonso, Le Francais, Le Marocain y Le Pavillion de la Piscine. Y al igual que sus cartas, el spa, de 2.500 metros cuadrados, también combina tratamientos europeos –como los de la marca alemana Amala– con la tradición marroquí del hammam –con la gama marocMaroc–. El hotel tiene incluso aromas propios: acaba de lanzar Fleur D’Oranger Intense y Dattes, dos fragancias que evocan una estancia en sus jardines: flores de naranja, jazmín y sándalo en el primero, y bergamota, manzanilla azul de Marruecos, comino y cedro del Atlas en el segundo. Para volver allí a través del olfato.

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