Lole Montoya: «No me gusta la vida del arte, lo mío es cantar»

Es precursora del flamenco fusión. Tarantino, Nacho Vegas o Howe Gelb reivindican la figura de esta gitana rompedora que vuelve a un gran teatro.

lole

Foto: Mirta Rojo

Su voz es pausada, y sus ojos se iluminan al recordar la Triana de cuando ella era niña o al nombrar a Manuel de Falla. Gitana que en los setenta rompió estereotipos con su estética y sus temas y valedora de la herencia musical árabe, Lole Montoya (Sevilla, 1954) es un enigma del flamenco. Hija de una cantaora, Antonia Rodríguez, la Negra, y de un bailaor, Juan Montoya, con el malogrado Manuel Molina, su exmarido (fallecido este martes), formó el dúo Lole y Manuel, precursor de fusiones, y tuvo una hija, Alba Molina, que perpetúa la saga familiar. Hace una semana nos citamos con Lole en Casa Patas, cuyo tablao no ha dejado de acoger su arte, y rodeada de fotografías de compañeros y amigos en blanco y negro, para repasar su trayectoria.

¿Le gustan los grandes recintos o se siente mejor en un tablao?

A veces canto en sitios pequeños, pero el teatro crea una responsabilidad, necesitas estar más concentrado.

Pero el flamenco nació para la calle.

Por eso es del pueblo. Y, particularmente, no lo digo para ofender, del pueblo gitano. Pero cuando se hace en auditorios y teatros no es menos puro.

Usted apostó por la fusión y marcó un camino a seguir.

Ya se ha hecho todo, no solo en el flamenco, sino en la música en general. Por la familia de mi madre, que es de Orán [Argelia], siempre me he sentido muy ligada a la música árabe. Pero a mí, incluso cantando en árabe, se me nota que soy gitana.

Dice que ya está todo inventado, pero lo que hizo con Lole y Manuel en el año 75 fue muy novedoso. ¿Qué música le influyó?

Desde chiquitilla bailaba fandangos de Huelva con Isabel [Pantoja] en el patio de mi casa. Escuchaba música árabe, veía en la tele a Rocío Dúrcal y a Raphael y cantaba esas canciones. Luego, lo adaptaba a nuestro propio ritmo.

Su estética fue icónica, ahora sería muy actual: faldas largas, vestidos hippies…

Recuerdo cuando íbamos a Ibiza y nos comprábamos esa ropa. Yo no sé si era hippy pero de jovencita no probaba la droga.

Pero se asoció mucho con esa época, con Camarón.

Conmigo no. Siempre he cantado muy concentrada, por inspiración, y no se me ocurrió probarlo, me habría puesto nerviosa.

Muchos artistas reivindican su legado. Tarantino eligió Tu mirá para la BSO de Kill Bill II, Nacho Vegas y Howe Gelb le han dedicado temas.

Los músicos jóvenes me dicen que han crecido conmigo, que sus padres les ponían mis discos. Me siento como si fuera una madre para ellos.

Tras haber sido un superventas en los setenta, ¿cuesta mantenerse?

Es muy difícil. Todo ha cambiado y yo no quiero entrar en lugares donde estén todos. Siempre ha habido esa pureza en mí. No me gusta la vida del arte, me gusta cantar.

*El concierto que iba a tener lugar el próximo martes, día 26, en el Teatro Compac Gran Vía Madrid ha sido aplazado por el fallecimiento de Manuel Molina.

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