Bettina Graziani se relaja en una hamaca, en una imagen de 1964. Foto: Getty

14 libros perfectos para evadirse de todo en verano (estés donde estés)

La Fronde selecciona títulos caracterizados por no ser especialmente sesudos, complicados de leer o 'negativos'. "Son libros que nos gustan mucho y que puede dar pereza leer durante el año por ser algo largos, pero nos parecen perfectos para el verano".

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    Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez (Anagrama) Es un juego de palabras un poco cursi, pero siempre que alguien define como literatura fantástica Nuestra parte de noche, la última novela de la escritora argentina Mariana Enríquez y premio Herralde de Novela 2019, no podemos evitar pensar que lo realmente fantástico no son los fantasmas, los demonios, las posesiones espirituales, las casas encantadas o los rituales sangrientos, sino la superdotada capacidad narrativa que tiene Enríquez para hacer que una novela tan compleja funcione tan bien, investida por una lucidez estilística que sí es de otro mundo. Leyéndola, apenas te das cuenta de la ausencia de guiones para presentar los diálogos –que pueden darse hasta entre tres y cuatro personas– o de la capacidad que tiene para mantener la tensión emocional entre capítulos, incluso cuando cambia de perspectiva y narrador, incluyendo nuevos personajes a la trama o presentándose bajo una nueva luz.    De tan fácil de leer, ni tan solo aprecias lo difícil que es interpretarlo, capa sobre capa. Porque Nuestra parte de la noche habla de fantasmas y demonios reales -de los que todos sabemos que existen-, que se expresan en relaciones de poder (familiares, de género o institucionales): el inconsciente político de la dictadura argentina tiene un peso específico, igual que lo tienen las desapariciones, el clasismo o la violencia policial; pero también habla de fuerzas oscuras mucho más esotéricas, y no por ello menos reales: la amenaza metafísica que propone Enríquez puede tener a su vez muchas lecturas, desde las más literales hasta las más alegóricas. En resumen: la obra superdotada de una autora superdotada.

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    La abadía de Northanger de Jane Austen (Alba Editorial) El verano es la ocasión perfecta para acercarnos a esos clásicos que se quedan pendientes el resto del año, como La abadía de Northanger. Es considerada la primera novela de Austen porque fue la primera que terminó, aunque en paralelo había estado trabajando en Sentido y sensibilidad y Orgullo y prejuicio. Sin embargo, aunque la escribió en 1798 no se publicó hasta 1818, cuando Jane Austen ya había muerto. Es una novela metaliteraria: su protagonista (o heroína, como la llama Austen) es una joven llamada Catherine a la que le apasionan las novelas, un género que en la época se consideraba menor y digno de pocas consideraciones. Como autora de novelas,  Austen se burla de esta idea a lo largo de todo el libro. Es una de las mejores opciones para iniciarse en su obra porque es divertida, aguda y muy irónica. Además, las preocupaciones de Catherine son las preocupaciones de cualquiera de nosotras y sus ansiedades sociales son también las mismas o muy parecidas. Sabemos que hay a quien le puede dar un poco de vértigo asomarse a una novela que tiene más de doscientos años, pero esta es casi como leer a tu amiga contarte que le han dejado un mensaje en visto.

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    Poeta chileno de Alejandro Zambra (Anagrama) Es algo complicado describir por qué Poeta chileno es uno de los mejores libros que se han publicado en 2020. Como casi todas las novelas de Zambra, Poeta chileno se despliega como una historia aparentemente simple, incluso algo frívola, que poco a poco va ganando densidad. Empieza como una carcajada contra los poetas, contra los buenos y los malos, pero sigue como una sonrisa cómplice hacia la importancia de la poesía, y de las amistades y compañerismos que nacen alrededor de esos poemas horrorosos o sublimes. No es un retrato, ni una parodia, ni una alabanza del romance entre Chile y la poesía. No es un homenaje a Bolaño, ni a Nicanor Parra, pero es una novela que no podía existir sin lo que Bolaño y Parra representan para la literatura chilena. Tampoco es una obra autobiográfica, sino más bien un diálogo, una conversación sostenida con todas esas voces del pasado y del presente que Zambra conoce a la perfección. 

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    Se acabó el pastel de Nora Ephron (RBA) Lo primera que debería decirse de esta novela es que cumple un objetivo primordial para este verano: risas a carcajadas gracias a la historia e ironía de la propia narradora y protagonista, una mujer que se acaba de divorciar, que va y vuelve, y entre tanto visita al psicoanalista. Conocimos Se acabó el pastel gracias a Isa Calderón y Lucía Lijtmaer –unas de las mejores prescriptores de series, libros y películas de este país– y ahora, como ellas, también reivindicamos la necesidad de que vuelva la comedia romántica sin estereotipos ni marcos patriarcales. Ese género que quedará grabado en nuestras cabezas gracias a las películas de la periodista, escritora directora, productora y guionista Nora Ephron (Algo para recordar, Cuando Harry encontró a Sally, Tienes un e-mail en el cine), la misma que escribió esta delicia de libro y que, de hecho, adaptó Mike Nichols en la gran pantalla unos años después. Se acabó el pastel ha sido un continuo bestseller en Estados Unidos desde 1983. Allí siempre se ha considerado roman à clef sobre su relación con Carl Bernstein, el reportero conocido por investigar el caso Watergate.

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    Bajo la red de Iris Murdoch (Impedimenta) Iris Murdoch utiliza la comedia de enredo como palanca para hablar de temas e ideas filosóficas con una profundidad medida y ligada a su intención, construyendo la narración desde unos diálogos perfectamente calibrados. Sin embargo, a pesar de este preaviso, sus novelas están muy lejos de ser algo parecido a la típica novela filosófica que tenemos en mente, -en un tono serio, autoconsciente e intenso en su lenguaje, que va soltando peroratas muy vehementes sobre la Vida y la Libertad-, como pasa por ejemplo con La náusea de Sartre, que, de hecho, Murdoch ha criticado de lo lindo. Por el contrario, a ella le gusta jugar con la contradicción, la confusión, la ambigüedad y la mentira, para que el lector no pueda descansar en una posición pasiva y perezosa, como mero espectador de los acontecimientos que se narran, sino que le obliga a dudar e interpretar, a proyectar expectativas y reconstruir las verdades no enunciadas.  Bajo la red es la primera novela de Murdoch y ya recoge los elementos principales que se repetirán en toda su obra: un humor afilado, historias enrevesadas y alocadas, reflexiones sobre el propio proceso de escritura y un retrato entre paródico y moral sobre el ser humano. Aunque quizá la mayor virtud de Iris Murdoch es que sin conocer nada de esto, sin haber profundizado en sus ideas, sus novelas resultan tremendamente entretenidas y adictivas. Es decir, perfectas para vacaciones.

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      Un amor cualquiera de Jane Smiley (Sexto Piso) Tras el éxito de La edad del desconsuelo, Sexto Piso recuperó otra de las novelas de esta autora estadounidense. De nuevo, Smiley se centra en los escenarios donde ocurre la cotidianeidad: un hogar, fragmentos de una familia y un conflicto sin resolver que dará pie a largas conversaciones a lo largo de un fin de semana. Es un relato sobre relaciones familiares y amores cotidianos que se articula alrededor de Rachel, una madre de cinco hijos que se vio forzada a separarse de su familia hace veinte años. Smiley nos enamoró por su forma de narrar sin artificios; y si en la anterior novela la vimos explorando las estructuras que sostienen un matrimonio, en esta su mirada abarca a todos los miembros del tejido familiar. En ambos casos las historias parten de parejas fallidas o al borde del colapso, y sirven como pretexto para indagar en el mito de la familia perfecta. 

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    Trilogía de la llanura de Kent Haruf (Literatura Random House) Su autor, Kent Haruf, fue un novelista nacido en Colorado, y es precisamente allí donde se enmarca el pueblo imaginario llamado Holt, escenario de esta trilogía. Decir de qué van estas tres novelas –que se pueden leer de forma independiente, aunque recomendamos leerlas todas– sería quitar el foco de lo importante. Porque lo que aquí despunta no es la trama, sino el prisma a través del cual ve la vida su autor. Trilogía de la llanura  (compuesta por La canción de la llanura, Al final de la tarde y Bendición) cuenta la historia de una pequeña comunidad rural a través de una serie de personajes muy diferentes, que dan forma a un relato coral. Es, en definitiva, una historia de lo cotidiano y lo sencillo, en la que Haruf, como narrador, avanza en la trama de forma pausada y sin prisa. Su estilo narrativo es directo, preciso e incluso en ocasiones seco: es un escritor que ha eliminado todas las florituras porque necesita muy poco para decirlo todo.

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    Gran bola de helado de Conxita Herrero (Apa Apa Cómics). En Gran bola de helado, la dibujante Conxita Herrero logra un inquietante equilibrio emocional que va poniéndote en tensión a medida que vas pasando las páginas del cómic: sabes que algunas cosas -¡quizá muchas!- no están bien; conoces a personajes que se sienten solos, personajes que no logran comunicarse ni entenderse, personajes aburridos y cansados, a quienes siempre parece que les falta algo o que llevan demasiadas horas trabajando; y, aun así, entre sus páginas se respira una extraña lucidez -no podría llamarme tampoco optimismo- que poco a poco hace que el lector se sienta más y más cómodo, reconocido y comprendido, bajo una misma mirada empática que ayuda a recomponer esas soledades. Por supuesto, también esto lo expresa mejor Conxita en la última frase de la última historieta: "La gente es gente y ya bastante suerte tenemos de habernos encontrado". Comamos helado con Conxita este verano.

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    En el café de los existencialistas de Sarah Bakewell (Ariel) Un libro para conocer todo un panorama de intelectuales con ideas que aún sobreviven y otras disparatadas, sus amores, amistades y enemistades. Todo eso es el ensayo En el café de los existencialistas: historias de jóvenes ansiosos por elaborar y vivir una libertad radical. Todo eso que fueron Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Martin Heidegger, Albert Camus, Maurice Merleau-Ponty o Raymond Aron, y también Hannah Arendt, Simone Weil o Edith Stein, protagonistas de este libro. En realidad, Sarah Bakewell abarca mucho más que la filosofía existencialista que nació y se desarrolló acompañada de café (o de cócteles de albaricoque), nicotina, y jazz, como anuncia el título. Se trata de una relectura personal de la autora, llena de sus propias conclusiones e incluso enfados con los autores que tanto ha estudiado, pero alejada del academicismo de una monografía o una biografía. Eso no significa que cada afirmación no esté documentada en los apéndices con rigurosidad, simplemente lo que se propone (y logra) aquí es una invitación abierta a cualquiera, una conversión amplia con el existencialismo y todo aquel que influyó en una época llena de vitalidad.   

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    A Virginia le gustaba Vita de Pilar Bellver (Dos Bigotes) Una colección de cartas ficcionadas entre Virginia Woolf y su amiga y amante Vita Sackville-West. Basándose en los diarios de Virginia, en las cartas reales que se intercambiaron y en Retrato de un matrimonio (el libro que cuenta la historia entre Vita y su marido Harold, que también era homosexual) la autora reconstruye su relación desde el inicio de forma epistolar. Asomándonos a su intimidad, somos testigos de cómo se desarrolla su historia de amor, con unas cartas repletas de datos biográficos que ayudan a reconstruir la vida de ambas. La autora aporta las fuentes en todo momento, diferenciando muy bien lo que está sacado de la realidad y lo que es producto de su imaginación, por lo que es una forma amena y diferente de acercarse a la figura de estas dos mujeres.

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    Panza de burro de Andrea Abreu (Barrett). Podría justificarse la presencia de Panza de burro en esta selección por un motivo bien sencillo: en sus páginas se narra el verano de dos amigas que se mueven entre la niñez y la adolescencia. La historia sucede en un pueblo del norte de Tenerife, donde las nubes acostumbran a volar bajo y por eso el cielo está casi siempre encapotado, lo que se llama panza de burro, un fenómeno meteorológico muy concreto por su localización. Si ha dado nombre al libro es porque el contexto de la primera novela de Abreu está también extremadamente localizado, temporal y geográficamente.

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    Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite (Anagrama)

    Quizás ya muchas habéis leído esta novela, una de las favoritas sobre la amistad femenina. Sofía y Mariana son dos amigas que se reencuentran, después de treinta años separadas, a través de cartas en las que exploran sus decepciones, soledades y anhelos. Solo Martín Gaite es capaz de construir dos voces narrativas tan diferentes que cambian de registro con destreza y delicadeza, con una prosa que brilla por su plasticidad. El personaje de Sofía representa una angustia femenina muy común en la generación de nuestras madres, la de la monotonía que deriva en infelicidad, mientras que Mariana es una mujer independiente que tampoco ha encontrado la respuesta a sus preguntas. Juntas emprenderán un proceso de búsqueda, en el que se enfrentan a la realidad de su propia vida y a las decisiones de su pasado. Y si algo tienen en común es ese deseo de huida que desemboca en el mar, por lo que esta novela es perfecta para un verano tan atípico como el que estamos viviendo.

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