«Somos los conejillos de Indias de las redes sociales. Aún no sabemos utilizarlas en nuestro beneficio»

Leticia Sala, una de las poetas más populares en Instagram gracias a su capacidad para conectar con toda una generación, analiza la incertidumbre (y los beneficios) de utilizar Internet como escaparate al mundo.

Leticia Sala posa con diseño de Vivetta. Foto: Carlos de la Reina / Realización: Francesca Rinciari

«Que la inspiración te pille con batería». Este verso de Leticia Sala, una de las poetas más populares en Instagram gracias a su capacidad para que toda una generación se reconozca en cada frase, condensa en muy pocas palabras las claves de su propio éxito. Esta barcelonesa de 30 años decidió alejarse de la abogacía –llegó a ejercer en la sede de la ONU en Nueva York– cuando sus seguidores empezaron a dispararse. «Solía escribir pequeños textos en mis notas del móvil y un día colgué uno en mi perfil. En aquel momento tenía solo unos 200 amigos, pero el post tuvo muchos likes y compartidos», recuerda.

Entonces aún estaba en búsqueda de un empleo al uso, de los que contentan a padres y abuelos, pero el comienzo de una ascensión de popularidad meteórica alteró sus planes. Ahora Sala puede presumir de una nueva faceta como letrista –contribuyó a escribir Aute Cuture, de Rosalía, y está trabajando con Natalia Lacunza– y ya ha firmado su debut literario, Scrolling After Sex (Terranova). «El editor Luis Cerveró me seguía en redes y solía dar me gusta a mis publicaciones. Un día me propuso escribir un libro. Creo que si yo hubiera llamado a las puertas de una editorial, sin un trabajo previo en redes, se hubieran reído de mí».

Sala, que cita entre sus referentes a Miranda July, Joan Didion o Lucía Berlín, se inspira en la naturalidad de la poeta estadounidense Mary Oliver. Ese estilo, que cuenta las cosas de manera sencilla, pero logrando una conexión visceral con quien las lee, ha logrado enganchar a una comunidad que, en Instagram, supera los 60.000 seguidores. «Cuando publico algo intento hacerlo desde la honestidad. Hago una reflexión de mis emociones y la transcribo en un mensaje lo más accesible posible. Creo mucho en la accesibilidad en la escritura y en la poesía. Siempre pienso: ‘Si algo me remueve a mí, ¿por qué no le iba a remover a otra persona?’ Y por ahora está funcionando», reconoce. Aunque gran parte de lo que publica es autobiográfico, la joven también juega a la autoficción y juega a cruzar la delgada línea que separa lo real de lo imaginario.

Como buena milénica, Sala se desenvuelve como pez en el agua en la idiosincrasia propia de Internet, pero afirma: «Somos los conejillos de Indias de las redes sociales. Aún no sabemos utilizarlas en nuestro beneficio». El título de su primer libro –en 2020 verá la luz el segundo– es, en cierto modo, una crítica a una sociedad que da prioridad a la vida virtual frente a la real. «Me pareció una imagen muy posmoderna: dos jóvenes que acaban de mantener relaciones sexuales y que en lugar de disfrutar de ese momento de intimidad están haciendo scroll en el móvil. Además, ese título sitúa al lector en una atmósfera en la que se percibe que las redes sociales y la angustia moderna tienen mucho protagonismo, dos temas fundamentales en el libro. Si hubiera sabido cómo traducirlo lo hubiera puesto en español, pero ha funcionado bien», apunta.

Aunque para ella las ventajas de Instagram ganan a los contras, especialmente como mecanismo de visibilización del trabajo de las mujeres en el arte y la escritura, considera que «Internet está cambiando nuestra psique y nuestro comportamiento». Ese desasosiego, materializado en versos como «de repente estoy muy triste» o «¿Instagram te hace daño?», se suma al reto más temido por cualquiera que tenga un álter ego digital potente: los haters. «Los odiadores son una nueva variable con la que los artistas del pasado no tenían que lidiar. Yo no tengo muchos, pero supongo que aumentarán de forma proporcional a mi popularidad. En realidad ellos, como todos nosotros, también están aprendiendo a usar las redes. Confío en que entiendan que no está bien hacer el mal. Tengo fe en la humanidad». Un deseo que traducido al lenguaje internetero de sus escritos podría resumirse como: «Ojalá todo funcionara tan bien como Gmail».

* Esta entrevista es la versión extendida de las declaraciones incluidas en el reportaje ‘Gen Digital’, publicado en el número 257 de S Moda, en el que siete jóvenes españolas que triunfan en ámbitos tan dispares como la moda, la literatura o la música, explican cómo han encontrado en Instagram un escaparate global para dar a conocer su trabajo. 

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