Cuando los ovarios o el corazón son una joya: las piezas con historia propia de Laura Lis

La creadora expone sus joyas-escultura en el Espacio Plusartis de Madrid del 3 al 9 de junio. "Siempre he visualizado mis colecciones como si fueran pequeñas obras de arte para llevar", asegura.

Laura Lis

La artista Laura Lis, con una de las creaciones de su serie 'Votiva'. Foto: D. R.

«Siempre he tenido la idea de que cada joyero es un pequeño escultor», afirma Laura Lis (La Habana, 38 años). Ella tardó un tiempo en desarrollar esa faceta. En 2009, cuando se mudó de Cuba a España, comenzó a explorar las técnicas de la joyería, cómo hacer tangibles sus ideas. Había dejado atrás otra vida, la de deportista. Con 16 años entró en el equipo nacional de vela de su país, se preparó para las eliminatorias de los Juegos Olímpicos de Sídney, fue profesional del esquí acuático y del kitesurf, pero a principios de los años 2000 una lesión del túnel carpiano la alejó del deporte. «Tuve que reinventarme, dejar atrás a lo que había dedicado mi vida», explica ahora, cuando va a inaugurar su primera exposición individual en el Espacio Plusartis de Madrid (3 a 10 de junio). En ella mostrará distintas series de sus joyas-escultura, creadas desde 2017. Entre las piezas destacan las del proyecto Votiva, con las que recrea cinco órganos del cuerpo con mucho significado para ella: corazón, cerebro, ovarios, testículos y senos, representados tanto a tamaño casi natural como en pequeñas piezas de joyería.

¿Por qué ha elegido representar estas partes del cuerpo, que recuerdan a los exvotos ofrecidos a divinidades en distintas religiones? «La colección surge de una idea introspectiva alrededor de mi mirada interior y una mirada al exterior. Es una autorreflexión de mi existencia», argumenta Lis. Para dar forma a esa reflexión ha elegido órganos que para ella están cargados de sentido: «El cerebro y el corazón porque siempre estamos peleando entre lo que pensamos y lo que sentimos; el seno, que luego quiero llevar a tamaño más grande, experimentar con él en espacios públicos para que dialogue con la gente e invite a la reflexión; los testículos porque son parte del origen de la vida pero siguen siendo tabú, y el ovario, que para mí es la pieza estrella, porque surge de mi propio sentir». En un momento en el que la menstruación ha pasado a ser un tema de debate político con la regulación de las bajas por reglas incapacitantes planteada por el Gobierno, Lis asegura que es importante hablar sin tapujos de estos temas. «Yo tengo, desafortunadamente, un periodo premenstrual muy malo, y lo he pasado realmente mal. Ha sido como una autoterapia a lo largo de los años para poder controlarlo, tratarme bien a mí, a los seres queridos que están a mi alrededor», explica.

Laura Lis

Colgante ovario de Laura Lis. Foto: D. R.

Pretende Lis que las joyas que forman Votiva (un colgante, un anillo) crezcan y ocupen el espacio público. Pero también le gusta que sean pequeñas y la gente pueda adaptarlas a sus propias historias personales al regalárselas a otros; de ahí el nombre, Votiva, que parte del deseo de «entregar una parte de ti a otro». El corazón, para ella, simboliza la vida pero también el infarto que se llevó a su padre, un recuerdo doloroso. «El ovario te puede llevar a la vida, a tu madre, conectarte con una persona que no puede tener hijos… Yo tuve que hacer tratamiento in vitro para tener al mío y por eso la pieza cobra un valor diferente, porque estuve muchos años tratándome hormonalmente y lo valoro porque para mí es vida. Es tu propia historia lo que te lleva a conectar contigo misma y con la persona a la que vas a regalar ese órgano», señala. Pero no solo hay órganos en su exposición. También se verán colecciones creadas con anterioridad, como Números de vida, con la que debutó como proyecto final de la escuela de joyería de Madrid.

Porque Lis trabaja ese territorio que une escultura y joyería, explorado por artistas como Dalí o Julio Le Parc. Con su marido, Dagoberto Rodríguez (exmiembro del colectivo de creadores cubanos Los Carpinteros) comenzó a descubrir otras visiones del mundo del arte, así comenzó a hacer «pequeños bocetos» por pura diversión, que han evolucionado a piezas artísticas portátiles. «Siempre he visualizado mis colecciones como si fueran pequeñas obras de arte para llevar», sostiene. Cuando quería trasladar esos bocetos a piezas los joyeros le decían que era imposible, por eso decidió estudiar joyería, aprender el oficio, las técnicas. Su primera creación fue un collar de números, que ahora presenta en la exposición, creado a partir de fechas o números que han marcado la vida de la persona que lo lleva. Cargar de sentido una pieza de joyería única para cada persona: «Cuando lo cierras estás aceptando el ciclo de tu vida, todo lo que te ha pasado, porque para crearlo tienes que pensar esos números y ver lo que te ha marcado».

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