Las fotógrafas de ‘Playboy’ que revolucionaron el desnudo femenino

En el mundo de las revistas masculinas, Bunny Yeager y Suze Randall aportaron la mirada femenina a la erótica del momento.

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Autorretrato de Bunny Yeager con modelo. La foto aparece en 'Bunny Yeager's Darkroom: Pin-up Photography's Golden Era' (Rizzoli, 2011). Foto: Rizzoli

La inventora de las pin-ups

Pocos fotógrafos de desnudos llegan a ser referencias culturales que inspiran a generaciones posteriores pero Bunny Yeager, la mujer que inventó a las pin-ups y la descubridora de Betty Page es una de ellas. La artista Cindy Sherman es una de sus más destacadas discípulas, que adoptó como Yeager la costumbre de retratarse con diferentes estilismos y peinados y convertirse en un personaje más de sus instantáneas.

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Dos autorretratos de Bunny Yeager en el libro ‘Bunny Yeager’s Darkroom: Pin-up Photography’s Golden Era’ (Rizzoli, 2011). Foto: Rizzoli

La afición de Bunny de posar para su propia cámara es sin duda un legado de cuando ella misma fue modelo, ganadora de varios concursos de belleza y amante de los biquinis diminutos y los animales salvajes. La propia artista escribió un libro titulado How I Photograph Myself, dirigido a las mujeres de cualquier condición, con un cierto espíritu exhibicionista y sabedoras del poder de la cámara como método terapéutico para mejorar la opinión sobre una misma. A día de hoy se diría también que Yeager promovió la visibilidad de otros cuerpos y anatomías diferentes a la norma, ya que muchas de sus modelos abundaban en curvas y celulitis. “No me gusta la delgadez”, afirmaba la artista, que murió en 2014, al diario inglés The Telegraph en una entrevista. “Quiero ver a una modelo que tenga carne y hueso. Para moda tal vez sean preferibles mujeres delgadas, a las que le queda mejor la ropa; pero si quieres enseñar a la mujer necesitas formas, contenido”.

En los años 50, Bunny era la única mujer que tomaba fotos de otras mujeres desnudas y su entrada en el club fue casual. Como modelo de moda necesitaba imágenes suyas para entregar a las agencias o a los potenciales clientes pero los fotógrafos cobraban mucho por las copias de buena calidad. Yeager decidió ir a clases y aprender a hacerlas, y pronto descubrió que tenía más talento para estar detrás de la cámara que muchos de los fotógrafos con los que había trabajado. Una de sus profesoras la animó a que enseñara su trabajo a algunas revistas y ella eligió una que acababa de salir al mercado, Playboy. Lo hizo pensando que una publicación todavía desconocida sería más proclive a coger fotógrafos amateurs.

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Con Bettie Page, a la que fotografió en múltiples ocasiones. Foto: 'Bunny Yeager's Darkroom: Pin-up Photography's Golden Era' (Rizzoli, 2011).

Mujer, buena con la cámara y ex modelo conocedora de mil y un trucos para posar y salir bien. Estas tres características hacían de esta profesional una de las más demandadas en su sector. “Todas las chicas querían trabajar conmigo porque sabían que no me aprovecharía de ellas”, afirmaba Yeager. Muchas incluso accedían a desprenderse de más ropas de las necesarias aunque, según contaba el personaje, “no las presionaba para que posaran desnudas si no querían. No era una época en la que prevalecieran las fotos de modelos totalmente en cueros”.

A la confianza que muchas modelos depositaban en Bunny se añadía su diferente método de trabajo, en el que abundaban siempre las ideas nuevas y raras. Por aquel entonces había cerca de un centenar de publicaciones estadounidenses interesadas en fotos de pin-ups, pero también muchos fotógrafos con sofisticados estudios en los que construían imágenes cada vez más imaginativas y depuradas. Ella, sin embargo, optó por captar sus instantáneas en exteriores, eligiendo lugares que resultaran divertidos para posar: una estación de bomberos, unas ruinas mexicanas o un parque zoológico en Boca Ratón, donde disparó las famosas fotos de Betty Page con traje de baño de leopardo junto a dos guepardos. La ex modelo afrontaba las sesiones como una excursión que sorprendiera también a la chica y la hiciera sentir que vivía una ocasión especial.

Bunny introdujo también grandes dosis de humor, picaresca y burlesque en sus imágenes. Sus chicas no destilaban esa tristeza de quien se ve forzada a realizar ciertos trabajos para pagar el alquiler. Como apuntaba un artículo del blog La Francoise, “la filosofía de las pin-ups era más sensual e imaginativa. Era la fantasía de una mujer sobre su vida consigo misma, sus amantes, sus mascotas, sus niños, sus vestidos, su lencería, su perfume, su jardín. No tiene nada que ver con el deseo masculino volcado en la vecina de al lado”.

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Bunny, en una sesión de fotos. Foto: 'Bunny Yeager's Darkroom: Pin-up Photography's Golden Era' (Rizzoli, 2011).

Suze Randall. Una mujer con una cámara y la ropa puesta

Recientemente redescubierta en el documental Hot Girls Wanted: Turned On; Suze Randall, que ahora cuenta con 70 años, fue la primera mujer que fotografió un desnudo frontal para la revista Playboy, aunque ya antes Bunny Yeager trabajara para este medio en el mismo oficio. Eran los tiempos en los que sobraba el dinero y no había demasiada prisa. Hacer el reportaje fotográfico, en agosto de 1975, le llevó a Randall una semana entera en la mansión Playboy, trabajando durante el día y trasnochando en fiestas que se prolongaban hasta el amanecer.

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Una de las fiestas que se celebraban en la mansión Playboy (y a las que Randall era asidua). Foto: Getty

Como cuenta Suze en un reportaje de la revista Elle, el universo de las revistas masculinas, como Playboy o Penthouse, era un mundo en el que el papel de las chicas se reducía a posar delante de la cámara o amenizar las multitudinarias celebraciones, lo más ligeras de ropa posible. Trabajar en otra cosa que no fuera modelo era algo difícil pero Suze tenía una gran baza a su favor, “ser una chica sexy que hacía fotos a mujeres sexys”. Algo que las cabeceras para las que firmó no dudaron en explotar publicando imágenes del making off de las sesiones de fotos. Al fin y al cabo, todo conectaba muy bien con la eterna fantasía masculina del lesbianismo para deleite del varón.

Pero que una mujer se dedicara a la fotografía erótica destinada a hombres era algo que, incluso en los liberales años 70, extrañaba a muchos. El artículo de Elle cuenta como un día el legendario jugador de fútbol americano, Jim Brown, se acercó a la mansión Playboy y se quedó perplejo al ver a una fotógrafa con la cámara en la mano y con sus ropas puestas. A menudo, los ayudantes que Suze tenía durante las sesiones se negaban a hacer su trabajo. “¡Carga tu propia película!”, le dijo uno en una ocasión; mientras la mayoría pensaban que se había ganado su puesto por otras muchas cualidades, no precisamente artísticas o fotográficas. De cualquier modo, ella había roto las reglas y los tabloides le pusieron el apodo de “rebel camera-girl Suze”.

Las modelos, sin embargo, se encontraban más cómodas ante alguien que no trataba de meterse en sus bragas o que pretendía acabar la sesión con un final feliz. Pero además, Randall conocía el oficio ya que antes había trabajado como modelo. De hecho, todo empezó cuando a los 22 años nuestra protagonista, que era enfermera en un hospital de Londres, compartía piso en Earls Court con otras siete colegas y salía con un aspirante a novelista, contestó a un anuncio que buscaba chicas para posar desnudas a razón de 100 libras el día. Más tarde conoció a David Hurn, el que fotografió a Jane Fonda en Barbarella, quien la animó a convertirse en modelo, esta vez vestida. Las primeras 900 libras que ganó las gastó en comprarse una cámara Nikon, con la que empezó a fotografiar a sus amigas en topless.

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Suze Randall, reseñada en ‘Playboy’.

Mientras sus colegas varones se limitaban a decirle a las modelos: “haz algo”, Suze ganaba su confianza, les daba ideas y hacía que se sintiesen seguras y desinhibidas. Una de sus máximas era, “como fotógrafo, tu calidad depende de lo bien que se sienta tu modelo”. Su hija, también fotógrafa y cineasta porno, confesaba que su madre le había enseñado a “poner a la modelo primero. Hacer que se sienta cómoda, alimentada, hidratada, guapa y feliz de estar ahí”.

Ginger Lynn, una de las leyendas del porno, posó para su primera foto erótica con Randall. Lynn comentaba a la revista Elle, “es una mujer que me ha inspirado en muchas maneras. Recuerdo que estábamos en México haciendo fotos en una roca en medio del mar. Suze acababa de dar a luz y tenía en una mano la cámara y en otra al bebé, al que le estaba dando el pecho. Ella me ayudó a salir del mundo de la cocaína. No era raro, en los años 80, celebrar cualquier cosa con drogas: acabar un trabajo o que te encargaran otro nuevo. Un día vino a mi casa y me dijo que tirara toda la cocaína que tenía o que saliera del negocio. Ella me enseñó que puedes hacer casi todo lo que te propongas, estar en la industria y ser una mujer de negocios, respetada por todos”.

Cuando el mundo de las revistas masculinas se vino abajo y muchas cabeceras cerraron, Randall pidió a Penthouse y a High Society que le pagaran lo que le debían en forma de derechos de sus fotografías. Con la llegada de Internet abrió un portal de imágenes eróticas, al que había que abonarse por 24,94 dólares al mes. En poco tiempo consiguió 12.000 suscriptores y empezó a ganar unos 400.000 dólares al año.

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‘Love Bites’, una película de 1985 con Tracy Lords como protagonista y producida por Suze Randall. Foto: Cordon Press

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