La moda toma hasta las alcantarillas

Una veintena de firmas italianas decoran las tapas de los conductos de Milán en una muestra que ensalza el potencial mediático (y turístico) de la unión entre urbanismo y diseño.

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Via Montenapoleone, en Milán, es una feria de moda al aire libre. Cada número está ocupado por tiendas de las principales firmas del mundo y, más allá de la amalgama de logos, los escaparates convierten la ciudad en un lienzo en el que las casas exhiben su línea creativa. Este año, sus pinceladas se extienden hasta el último elemento callejero. Si miran al suelo, los paseantes podrán ver diseños de nombres como Giorgio Armani o Missoni decorando 24 tapas de alcantarilla. Un avance más en la conquista del espacio en esta metrópolis tomada por la moda y que acoge ahora la Exposición Universal.

Es la tercera edición de esta muestra organizada por Metroweb (empresa de fibra óptica concesionaria del circuito subterráneo) y la Cámara Nacional de la Moda Italiana, en esta ocasión dedicada a diseñadores patrios. 
Su comisaria, Monica Nascimbeni, ve en ella una prueba «del papel que desempeñan los grandes del estilo italiano» y el objetivo parece estar claro: hacer de la ciudad una extensión de la marca, y viceversa. ¿Es posible el encuentro entre las dos disciplinas, o es solo una maniobra de marketing?

Sumar fuerzas

«La relación entre moda y diseño es habitual. Empiezan por textiles y luego pasan a objetos. Sin embargo, las intervenciones urbanas no resultan tan frecuentes, y a menudo son temporales», comenta la periodista e historiadora experta en arquitectura Anatxu Zabalbeascoa. Da en el clavo: en este caso, las tapas (o tombini) se retirarán en enero de 2016 para ser subastadas –y la recaudación se destinará a la ONG Oxfam Italia–. Hay casos similares: en 2012, artistas como el modisto Giles Deacon o la arquitecta Zaha Hadid reinventaron las famosas cabinas telefónicas londinenses, y en 2009 Paul Smith diseñó una papelera para la capital inglesa con motivo de una exposición en el Museo del Diseño. Ninguna de las propuestas cuajó definitivamente.

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Diseño de Versace.

Sergio Caminata

Tampoco lo hizo el ambicioso proyecto de moda y urbanismo con sello español. En 2009, Ton Pernas (hijo del diseñador) trató de poner en marcha una línea de bancos, luminarias y otros elementos de equipamiento ideados por Adolfo Domínguez, Jesús del Pozo o Antonio Miró. Pero llegó la crisis, y se esfumaron las urbanizaciones de lujo donde pensaban instalarlos. Quien sí tiene un catálogo es la empresaria Ágatha Ruiz de la Prada, que ofrece parques infantiles por unos 1.500 euros cada pieza.

Aunque en el campo del diseño de interiores ya se han aventurado firmas como Victorio & Lucchino (que han construido plantas completas para varios hoteles españoles) o el italiano Giorgio Armani (con su cadena de alojamientos), en la calle la dificultad estriba en las características técnicas del mobiliario. «Tiene que servir tanto en invierno como en verano, necesitan ser resistentes y disuadir al vandalismo… Ponerlo en manos de un súper creativo sin formación específica es arriesgado para los ayuntamientos, que dedican a esto partidas sustanciosas», aventura Zabalbeascoa.

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Diseño de Giorgio Armani.

Sergio Caminata

El siguiente reto

Los tombini (o tapaderas) decorados con la Medusa de Versace o las cenefas de la colección otoño-invierno 2014/2015 de Valentino son, a la vez, una rareza y una promesa de futuro. Eso asegura Jesús San Vicente, arquitecto y director académico del Máster en Arquitectura y Moda de la Politécnica de Madrid. «Hay una fusión de procedimientos creativos. En los talleres, los patronistas se sustituyen por expertos en modelado 3D, y en los estudios, los edificios se ven como cuerpos con vida», explica entusiasmado. Ejemplos de hibridación no faltan: los arquitectos Zaha Hadid y Ben Van Berkel han creado zapatos con impresoras 3D, Issei Miyake ha imitado procesos constructivos en su ropa… Lo único que queda, asegura, para que la tendencia dé el salto definitivo a la calle es una formación mixta que aúne ambos sectores.

Los diseñadores que ya lo han hecho, como el dúo Ailanto (que comisarió una muestra sobre luz y textil en el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya) están satisfechos: «Aporta una nueva visión a nuestro trabajo y nos da más visibilidad como marca». Las instituciones también. «Iniciativas como esta permiten representar el alma de la ciudad», celebran en el Ayuntamiento de Milán. La conquista de la urbe, más allá incluso de las alcantarillas, está en marcha.

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