Museo del Prado

Foto: museo del prado

La evolución del vestido (y la moda) a través de 14 cuadros del Museo del Prado

Desde el siglo XII, cuando hombres y mujeres usaban las mismas prendas, pasando por el uso del ‘cartón de pecho’ (embrión del corsé), el vestido ‘a lo militar’, los faralaes o la introducción de la americana en 1870. Amalia Descalzo Lorenzo, profesora de Cultura y Moda en la Fashion Business School de la Universidad de Navarra, analiza 14 obras del Museo en su Bicentenario que muestran las últimas tendencias de las modas imperantes en su época.

  • Foto: Museo del Prado.

    1 de 15

    El siglo XII. 'Cacería de Liebres de la Ermita de San Baudelio de Berlanga' (Soria). Esta obra medieval del primer tercio del siglo XII nos informa del carácter uniforme e impersonal del vestido románico. Hombres y mujeres utilizaron las mismas prendas, la única diferencia venía marcada por el largo de los vestidos. Los hombres podían llevar túnicas cortas hasta las rodillas o túnicas largas o talares para lucir en actos muy protocolarios. Las mujeres siempre llevaban túnicas largas. El cazador aquí retratado, nos muestra el vestido básico románico, de corte sencillo en forma de 'T', que deriva de la túnica romana del Bajo Imperio que por sus mangas amplias recibió el nombre de Dalmática. Debajo de la túnica se llevaba una camisa, estructuralmente idéntica a la túnica y las piernas se cubrían con unas calzas, hoy llamadas medias.

  • Foto: Maestro de Tamariu. Museo del Prado.

    2 de 15

    EL Siglo XIV. Maestro de Tamariu: 'Retablo de la Leyenda de Santa Lucia'. En el siglo XIV la sastrería se convirtió en un oficio muy especializado y quizás por ello entendamos hoy el cambio tan radical que se produjo entre el principio de siglo, con vestidos sencillos y el final del mismo con vestidos de complicada ejecución. A mediados de siglo por influencia de la indumentaria militar, tuvo lugar la aparición de los primeros vestidos cortos para el hombre que dejaban ver, por primera vez, las piernas masculinas hasta lo alto de los muslos. Este aspecto dio paso a una clara diferenciación entre el vestido de hombre y el de mujer. Esta nueva prenda corta se llamó Jaqueta y es la que luce de color rojo el verdugo de Santa Lucia, al igual que otros personajes del retablo. El rasgo más significativo de la moda femenina, fueron los vestidos escotados como nos muestra Santa Lucia.

  • Foto: Maestro de Miraflores. Museo del Prado.

    3 de 15

    EL Siglo XV. Maestro de Miraflores: 'La decapitación de San Juan Bautista'. En esta pintura se representan las creaciones más genuinas de la moda española. Es en este siglo y coincidiendo con el reinado de los Reyes Católicos, cuando España empieza a despuntar en el mundo de la moda por la creación de prendas decisivas en la evolución de modas posteriores en Europa, como fueron: las camisas margomadas, el verdugo, el tocado llamado trenzado y el calzado de altas suelas de corcho llamados chapines. Prendas que nos muestra la Salomé en esta obra del maestro de Miraflores. De todas ellas la más llamativa es el verdugado, falda armada con aros de hierro, mimbre o junco, cuya finalidad era ahuecar las faldas. Rápido se difundió en las cortes europeas recibiendo el nombre de verdugate en Italia, vertugade en Francia y Fharthingale en Inglaterra.

  • Foto: Sofonisba Anguisola. Museo del Prado.

    4 de 15

    El Siglo XVI. Sofonisba Anguisola: 'Isabel de Valois'. Sofonisba llegó a España en 1559 como dama de Isabel de Valois, tercera mujer de Felipe II. En este bello retrato que realizó a la reina, observamos el estilo de la moda española que influyó de manera decisiva en las Cortes Europeas. La moda valoraba una cintura estrecha y prendas interiores que borraban las formas naturales del cuerpo, como el cartón de pecho, embrión de los futuros corsés de la historia de la indumentaria, y del verdugado que daba tiesura a la falda. Sobre estas prendas interiores se vestía la saya, vestido del que resaltaba el cuello blanco de Lechuguilla, que fue ganando diámetro y riqueza conforme nos acercamos al siglo XVII.

  • Foto: Sofonisba Anguisola. Museo del Prado.

    5 de 15

    Sofonisba Anguisola: 'Felipe II'. La imagen del rey que pintó Sofonisba en 1565, es una de las más bellas del monarca. Ataviado al estilo típicamente español, con una ropilla ajustada al torso y sobre los hombros, la típica capa llamada Ferreruelo, ambas de intenso color negro. De este atuendo el rasgo más notorio fue la preferencia por el color negro que quedó asociado a la monarquía hispánica a partir de este momento. En tintorería el mayor reto tecnológico había sido siempre conseguir un negro intenso. Felipe II había recibido el regalo de las materias tintoreras del Continente recién descubierto y con ellas la solución para conseguir un negro intenso, ahora propiedad del monarca.  

  • Foto: Diego Velázquez. Museo del Prado.

    6 de 15

    El siglo XVII. Diego Velázquez: 'Las Meninas'. En 1656 Velázquez realiza su obra magistral. En este momento la moda española es genuinamente española. A pesar de las influencias exteriores, España no se rindió a la moda francesa, muy diferente conceptual y estética a la española, como sí lo hicieron todas las Cortes Europeas. En esta obra, el rey, Velázquez, José Nieto y un guardadamas, lucen el vestido conocido internacionalmente como Vestido a la española, cuyos rasgos más notables fueron el color negro, el cuello de golilla y su tendencia a la austeridad. La golilla, formada por un soporte de cartón sobre el que se ponía un cuello blanco llamado valona, se convirtió en signo de la gravedad y altivez de los españoles. El centro del escenario lo ocupa la Infanta Margarita que al igual que sus meninas luce un vestido compuesto de un cuerpo llamado jubón y una falda llamada basquiña que dibujan una silueta determinada por la cotilla, prenda interior armada con ballenas y por el guardainfante, armazón interior para ahuecar las faldas y que gracias a la universalidad del pintor, este rasgo característico del vestido femenino ha quedado asociado a su obra.

  • Foto: Giovanni Maria della Piane. Museo del Prado.

    7 de 15

    El Siglo XVIII. Giovanni Maria della Piane: 'Carlos VII rey de Nápoles. Futuro Carlos III'. 1737. Durante su estancia en Italia Carlos III y su corte siguieron vistiendo a la moda de París como se puede apreciar en este retrato que el pintor italiano realizó con motivo de su boda con Amalia de Sajonia. El rey viste una casaca de terciopelo color cereza bordada en oro con amplias vueltas de mangas. Lleva la peluca de gala, como indica el pelo largo y suelto y, por su condición real un espectacular manto recogido por un negro. Este vestido de origen militar, fue conocido internacionalmente como vestido a la francesa, a la moda o a lo militar. Surgió a mediados del siglo XVII cuando Luis XIV decidió incorporarlo como indumentaria civil a su guardarropa. Fue llevado en toda Europa y por todas las capas sociales a lo largo del siglo XVIII. Se componía de casaca, chupa, calzón y como complemento indispensable la corbata.

  • Foto: Antonio Rafael Mengs. Museo del Prado.

    8 de 15

    Antonio Rafael Mengs: 'María Luisa de Parma'. 1765. Este retrato de la Princesa de Asturias fue pintado con motivo de su enlace matrimonial con el Infante Don Carlos. La princesa de Asturias, pintada muy dentro del gusto rococó así como el vestido que luce, sobre un importante Tontillo, era conocido como robe à la française. Fue el más exitoso en Europa desde 1740. Se trataba de un vestido largo abierto por delante que dejaba ver una falda interior. Lo más característico de este vestido fueron los pliegues planos y profundos que arrancaban del escote y descendían por la espalda formando un falso manto y terminando en una cola. En España, este vestido fue llamado bata, evocando su origen en la ropa de levantar.

  • Foto: Francisco de Goya. Museo del Prado.

    9 de 15

    Francisco de Goya: 'Baile a orillas del río Manzanares', 1776. En este cartón que realizó Goya en 1776 podemos ver a los tipos urbanos llamados: majos y majas que fueron famosos por su particular manera de vestir, muy opuesta a la de la gente cortesana y amanerada de la segunda mitad del siglo XVIII. El nombre de majo, fue producto de una reacción casticista ante las corrientes extranjerizantes, especialmente la francesa. Aunque sabemos que los majos por su condición social vestían pobremente, crearon un estilo de vestir a lo majo en el que quedaba reflejado sus gustos y sus aficiones. Fue característico de su vestido las chaquetas con solapas, no llevar peluca y recoger su pelo en una cofia, pañuelo echado al cuello y una ancha faja rodeando la cintura y todo ello realizado en tejidos de vistosos colores y abundante decoración.

  • Foto: Francisco de Goya. Museo del Prado.

    10 de 15

    Francisco de Goya: 'El Duque de Alba' ca. 1795. Don José Álvarez de Toledo fue el XIII duque de la Alba por su matrimonio con María Pilar Teresa Cayetana. En estas fechas en que fue pintado el cuadro, el duque acababa de llegar de Inglaterra y va vestido totalmente a la inglesa, con frac de paño, chaleco y pantalón ajustado llamado collant, que se complementaba con las altas botas de montar, también de origen inglés. En los años 80 empieza la influencia de la moda inglesa, más cómoda, más práctica y más austera en la elección de los tejidos y colores. La importancia que Inglaterra fue adquiriendo en el plano internacional fue clave para el éxito de un traje confortable y práctico opuesto al caro traje francés.

  • Foto: Bernardo López. Museo del Prado.

    11 de 15

    Agustín Esteve: 'La reina María Luisa de Parma con mantilla', 1799. La reina se sintió muy satisfecha de este retrato que le pinto Goya hasta el punto de pedir que se hiciera una copia para Godoy, que es la que aquí comentamos. En el aparece vestida con mantilla, una de las prendas más apreciadas en los guardarropas femeninos de todos los estamentos sociales. Los viajeros extranjeros que visitaron España comprobaron que las mujeres españolas se ponían siempre para salir a la calle o para ir a la iglesia una falda negra llamada basquiña y una mantilla negra o blanca sobre la cabeza. Este atuendo fue, sin proponérselo como un vestido que caracterizó e uniformó a la sociedad femenina española pues lo usaron todas, ricas y pobres, y se las quitaban tan pronto como entraban en una casa.

  • Foto: Francisco de Goya. Museo del Prado.

    12 de 15

    Francisco de Goya:  'La maja vestida'. 1800. Sin duda una de las obras más universales de Goya son las Majas y curiosamente la versión en la que la maja aparece vestida, no viste como una maja, sino como una gran dama con el vestido llamado camisa o chemise à la reine confeccionado en fino algodón, blanco y transparente que respondía fielmente al gusto neoclásico de la época. Se llevaba directamente sobre el cuerpo con una banda que lo ajustaba a la cintura. Ahora bien, lo que sí pone una nota castiza a su vestido y de ahí su nombre, es la prenda corta que a modo de chaqueta viste la retratada. La decoración aplicada de galones y caireles son semejantes a las prendas que llevaban las majas y que magníficamente nos ha retratado Goya en sus cartones para tapices.

  • Foto: Bernardo López. Museo del Prado.

    13 de 15

    El Siglo XIX. Bernardo López. 'La reina María Isabel de Braganza'. 1816. Fue la segunda mujer de Fernando VII, con quien se casó en 1816. Su especial interés en la creación del Museo del Prado queda evidente en este retrato al mostrarnos los planos de la citada institución. La reina de pie, rodeada de un mobiliario de gusto neoclásico, luce un rico vestido de terciopelo rojo diseñado dentro de la tradición del estilo imperio por su talle bajo el pecho. Sin embargo, el pesado y lujoso terciopelo rojo nos informa del gusto por los tejidos y bordados más pesados que iba imponiendo el primer estilo romántico. Napoleón prohibió la importación de muselinas de la India, tejido preferido para el vestido neoclásico, y dio impulso a las sederías de Lyon.

  • Foto: Federico de Madrazo. Museo del Prado.

    14 de 15

    Federico de Madrazo. 'Amalia del Llano y Dotres. Condesa de Vilches'. 1853. Este bello retrato del periodo Isabelino es considerado como una de las mejores obras del pintor. La retratada nos muestra el vestido de sociedad de los años cincuenta en los que triunfan como adorno, los volantes, llamados faralaes y el miriñaque. Los vestidos de este período se inspiraron en modelos del pasado rococó, como se aprecia en el cuerpo del vestido ajustado y rematado en el frente con un pronunciado pico. Los primeros miriñaques se reforzaron con aros cosidos a una tela, como en los antiguos verdugados, pero hacía 1856 se sustituyeron por un armazón de acero. La Emperatriz Eugenia dejó de usar el miriñaque en 1859 y la reina Victoria siguió su ejemplo.  Típico peinado de este estilo Isabelino, es el que nos muestra Amalia del Llano llamado de bandós.

  • Foto: Raimundo de Madrazo. Museo del Prado.

    15 de 15

    Raimundo de Madrazo. 'Ramón de Errazu', 1879. Don Ramón de Errazu fue un destacado protagonista de la vida social de París. Fue un gran coleccionista de arte y amigo íntimo del pintor como se aprecia en la dedicatoria que aparece en este retrato. Elegante y sobrio, el retratado aparece con camisa, corbata, chaqueta y pantalón. La chaqueta había aparecido poco antes de mediar el siglo. Convivió con la Levita y acabo desplazando el frac como vestido de diario. En los años setenta se introdujo con éxito la americana que, en palabras de Fernández de los Ríos en 1876, comentaba como los Estados Unidos habían impuesto la americana de arriba abajo, lo mismo a las capas sociales más orgullosas.

  • También en Instagram

    App S Moda
  • Este mes

    Nuevo número

    Revista S Moda
Cerrar

NEWSLETTER

Las mejores historias de actualidad, moda, belleza y feminismo en tu email cada semana.

Apúntate aquí
No me interesa