Darín vs. Cámara, doble salto interpretativo

El argentino y el riojano se miden en Truman, la última cinta de Cesc Gay que ha dejado claro que esta topada es bastante más que el principio de una singular amistad.

Rara vez es tan fácil hacer una entrevista (o no tener que hacerla). Ricardo Darín y Javier Cámara comparten un trago pocas horas después de recibir –juntos– la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián por sus trabajos en Truman. El filme, que se estrena el 30 de octubre, es un soberbio viaje sobre las despedidas y la amistad entre humanos, aunque paradójicamente su título lleve el nombre de un perro.

Javier Cámara: Y tú, ¿qué sabías de mí antes de hacer esta película?

Ricardo Darín: Personalmente, muy poco. Y estoy gratamente sorprendido.

J.C.: ¿Me porté bien o me pasé un poquito?

R.D.: Te portaste bien. Pasarte un poquito forma parte de tus características. Para luego recoger y pasarte más [ríe].

J.C.: ¿Me pasé un poco?

R.D.: No, ciertamente me salvabas la vida. Y tú, ¿cómo se hace para ser tan creativo y gracioso las 24 horas del día?

J.C.: Cuando tengo a alguien que me sigue, me enciendo. Pero te juro que con esta película aprendí a moderar. Porque tú eso lo controlas. Aunque yo sé que ha tenido que haber momentos de tu vida en los que te has disparado. Yo tengo ese problema: me disparo mucho.

R.D.: ¿Y cómo habríamos hecho para lidiar con estos dos personajes de no haber sido por el humor?

J.C.: Para mí, es mi válvula de escape. Cuando me pongo nervioso, intento que los demás se rían. Y me di cuenta de que por ahí́ conectamos.

R.D.: Desde el primer minuto. Cosa rara.

J.C.: [Ríe]. Ricardo, ¿tú por qué hiciste esta película?

R.D.: El tema me toca muy profundo. Y siempre que hay perros… tú lo sabes.

J.C.: Sí. Recuerdo el día que estábamos rodando y pasó una mujer espectacular. Todo el equipo se quedó mirándola y tú ¡te fuiste corriendo a jugar con el perro que llevaba! La gente no entenderá esto.

Foto: Corbis

Foto: Caterina Barjau

R.D.: Muchos sí. ¿Sabes? Algo que me ha llamado mucho la atención del proyecto es que nosotros nos cargamos esta historia al hombro desde el primer minuto. Nos retroalimentábamos. Y no podíamos parar. El trabajo duro lo tuvo Cesc para aprender a lidiar con los dos juntos.

J.C.: Recuerdo que yo pensé: «No estaré a la altura». Qué difícil, porque hablo poco y, a la vez, ¡qué bien!, porque te admiraba mucho, y por primera vez me tocaba escuchar.

R.D.: Pasamos una semana reconociéndonos, y a partir de ahí ya no nos pudo parar nadie más. Sabíamos dónde estaban parados los personajes. Esto me confirma algo que yo siempre sospeché: que para montar un personaje lo más importante es tratar de averiguar cómo siente y piensa. Qué tiene adentro.

J.C.: Cuando yo empecé, quería hacer esas películas en las que se habla bajito pero pasa de todo. Y ésta es una de ésas.

R.D.: Es íntima… De esos proyectos que uno quiere que le pasen, pero que no son lo más frecuente.

J.C.: Para terminar esta entrevista, vamos a aprovechar, Ricardo. Estrenas en España la obra de teatro Escenas de la vida conyugal. Está todo agotado en Barcelona, Madrid, Valencia… ¿Cuánto tiempo llevas interpretándola?

R.D.: Cerca de tres años.

J.C.:¿E influirán en el escenario estos cuatro meses sin interpretarla?

R.D.: Pues estoy nervioso. No sé qué me voy a encontrar ahora. Cuando vea a mi campanera, Érica Rivas [Relatos salvajes], de repente, quizá, salga algo distinto.

J.C.: Qué linda y qué loca es Érica Rivas. Por cierto: y a ella, ¿cómo la controlas?

R.D.: Pues no hay secretos. ¡No hay forma de controlarla!

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