El calvario de Jackie Shane, la cantante trans de voz prodigiosa que dijo «no» a la Motown y se esfumó de la noche a la mañana

Desapareció durante 40 años, un documental la rescató del olvido y volvió a recuperar el amor de los incondicionales del mejor R&B, antes de fallecer en 2019.

Jackie Shane, en una actuación en Toronto en 1967. Foto: Getty

Nadie nace antes de su tiempo, ni se avanza a su época. Esa expresión no tiene sentido. Sólo que a veces algunas personas parece que nazcan para convertirse en correctores de una realidad estúpida y obcecada. Ese es el caso de Jackie Shane, una de las voces más fascinantes de los 60 y una personalidad única, llena de energía volcánica y sensibilidad extrema. Cantaba a la libertad, a los sentimientos en su estado más bruto y al poder de reclamar tu propio espacio en el mundo. Fue la primera mujer trans que entró en las listas de éxito, pero su nombre nunca pasó de una nota al pie dentro de la historia canónica del soul. Sin embargo, el proceso de corrección ha empezado. Jackie Shane, recordad a esta mujer, porque ese nombre ya no se escribe en letra pequeña, sino al lado de las más grandes.

Su vida no respondió nunca a los estereotipos y prejuicios asociados a su condición. Jackie Shane parecía gritar siempre, “¡No creas que me conoces por las ropas que llevo puestas!” No existían lugares comunes en su camino. Nació en 1940 en Nashville, en el sur profundo de Estados Unidos, y aunque esto parece la primera frase de una historia triste, una biografía que empieza con una infancia llena de humillaciones, rechazo y dolor, lo cierto es que Shane siempre vivió ajena a los problemas asociados a su género. Tuvo suerte y tuvo descaro. ¿Por qué? Su madre y sus abuelos siempre la defendieron. Eso marca la diferencia. A los cinco años que se alzaba unos tacones, se ponía un vestido y caminaba con su enorme bolso siendo la niña más feliz de su vecindario y nadie le decía nada porque si no se las tenía que ver con su madre y nadie era tan valiente.

A los 13 años empezó a cantar, como mucho otros, en el coro de la iglesia, pero su extraordinaria voz hizo que nunca pasase por el coro infantil y siempre fuese con los adultos. Su voz era sincera, poderosa, honesta, pero capaz de jugar y divertirse y provocar a voluntad, y aquella ciudad pronto se la quedó pequeña para demostrar todo su talento. Se unió a una orquesta de feria y empezó a viajar hasta que al llegar a Canadá empezó a vivir como siempre había querido vivir. “Todo mi enfoque siempre ha sido que te enfrentes contra el mal. Yo no me inclino, no me arrodillo. Lo más bajo que llegaré es a la parte superior de mi cabeza. ¡Ésta es Jackie!”, aseguraba esta auténtica fuerza de la naturaleza.

Una vez en Canadá conocerá en Montreal a Frank Motley, y se unirá a su banda, los Motley Crew, no confundir con los héroes del glam metal Mötley Crüe, aunque Vince Neill hubiese pagado millones por tener la voz y el carisma de Jackie. Pronto será su voz solista y su imagen, con un look único, vestida con pantalones, traje de colores pastel, y maquillaje extremo. “Muchos creían que era una lesbiana”, recordará. Junto a ellos hasta tendrá un pequeño éxito con Any other way, la célebre canción de William Bell que ella convertirá en un alegato pro LGTBI+. “Dile que soy feliz, dile que soy gay, dile que no lo querría de ninguna otra forma”, cantará utilizando la doble acepción del término gay en inglés, tanto alegre como homosexual.

En 1961, establecida en Toronto, empieza a crecer el seguimiento a su estrella. Pronto rebautizan la formación y pasan a llamarse Jackie Shane, Frank Motley and the Hitchhickers. El interés crece y empiezan las giras por Estados Unidos. ¿Alguien sabe quién es esa?, se preguntan alucinados managers, productores y promotores al verla sobre el escenario. Barry Gordy, gran capo de la Motown, intentará ficharla para su sello, pero ella no quiere ser un producto, quiere ser un sentimiento, y le dirá que no. “Tenían toda una serie de cubos de hielo con botellas de champán. Me habían dicho una y otra vez que Gordy se llevaba el dinero de los artistas y yo no quería estar involucrada en eso”, reconocerá. Después no tendrá reparos en rechazar al mismísimo George Clinton para los extraordinarios Funkadelic. “Allí había un hombre con un pañal de bebé. No era para mí”, comentará Jackie.

Siempre tuvo las ideas claras de lo que quería y no quería y quería que su carrera siempre respondiese a un único motor, sus deseos. Es curioso, cuando llevan toda tu vida diciéndote que lo que sientes no tiene sentido, que es una barbaridad, lo único que te queda es lo que sientes y lo defiendes a toda costa. Así fue Jackie Shane, cuya única aproximación a la realeza del soul fue cuando aceptó ir de gira con Etta James, otra gran artista, inmortalizada en el cine por Beyoncé.

A principios de los 70 empieza a aburrirse de las interminables giras y la vida de carretera. Como es la única responsable de su carrera, decide mandarlo todo al diablo y regresa a Nashville sin ninguna cuenta pendiente ni arrepentimiento alguno. Desde entonces, cuidará de su madre enferma con total dedicación, agradecida porque fue ella la que le llenó el corazón de coraje para ser como ella quisiese. “Mi madre y mis abuelos fueron los auténticos soportes de mi vida. Me entendían y apoyaban”, reconocía en una de sus últimas entrevistas.

Como si del documental Searching for sugar man se tratase, ella desaparecerá por completo de los focos y su vida se convertirá en un misterio, en una leyenda. En 2010 se realizará I got mine: the story of Jackie Shaneun documental sobre su persona sin saber si está viva o muerta. Al final, como pasó con Sixto Rodríguez, conseguirá ver cómo su talento es otra vez reconocido y celebrado antes de morir. En 2017 se publicará Any other way donde se recopilarán lo mejor de sus grabaciones dispersas. En 2018 estará nominado a un Grammy como mejor álbum histórico.

Volverán las entrevistas y el interés por su vida, pero ella, coqueta, siempre jugará al engaño. “Si alguna vez me veis en un restaurante o caminando por la calle y no os oigo susurrar, reír o señalarme, me extrañaré y tendré que ir corriendo al lavabo a mirarme al espejo. Sacaré la lengua para ver si no estaré enferma o simplemente habré perdido el toque”, afirma, dejando clara cuál era su carácter y su fuerza para enfrentarse a todas las malas lenguas del mundo. Sabe quién es, sabe lo que quiere ser, y sabe de sobra lo que esto puede provocar en los demás. No se sorprende, sólo levanta la cara con orgullo y dice, “¡A que soy hermosa!”

“¿Sabéis cuál es mi eslogan? Haz lo que quieres hacer, sólo piensa lo que haces”, afirmaba en el directo cantando el clásico Money, una de las canciones de Any other way. Otras maravillas del disco son su rendición de Cruel cruel world o I’ve really got the blues. Porque ella se considera, sobre todo, una cantante de blues. Nunca cantará en un local gay, porque ella no es una cantante gay, ella es una cantante de blues. “Creo sinceramente que ha sido el destino, como si fuera algo que no se podía evitar. De verdad creo que he encontrado un lugar al lado de personas maravillosas. Lo que he dicho, lo que he hecho, siempre me dicen que ha hecho que sus vidas sean mejores y yo lo celebro”, dijo cuando su nombre volvió a resurgir de las cenizas.

La cantante moría el 21 de febrero de 2019 a los 78 años. La excelente Any other way quedaba como testamento de un talento inigualable y de un carisma arrollador. El disco ni siquiera contiene canciones, contiene eventos, maravillas, efervescencias. Su voz es un torrente, como un torrente de agua fría que te tirasen encima y te obligase a vivir. ¡Sí! Esa es Little Jackie Shane.

Jackie Shane (1940 – 2019), en una actuación en el Palais Royale theatre, en Toronto, en 1967. Foto: Getty

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