¿Por qué sigues a esa ‘influencer’ boba de Instagram?

Ingrid goes West, la premiada ópera prima de Matt Spicer, satiriza, con mucho humor negro, sobre el vacío existencial del narcisismo digital.

¿Por qué sigues a esa ‘influencer’ boba de Instagram?

Elizabeth Olsen y Aubrey Plaza en un fotograma de la película. Foto: Cortesía de Universal

‘Influencers desayunando con jirafas en su mesa’ es el nuevo ‘influencers sobre flamenco rosa hinchable en una piscina’. Otra plaga más con la que lidiar en Instagram. En plena vorágine por el controvertido viaje patrocinado de Dulceida y su pareja a África, las protagonistas de la polémica hicieron oídos sordos a las críticas y subieron una instantánea con dos rumiantes invadiendo el tentempié de su mesa. Vendido como un posado original (se llevó más 172.000 ‘me gustas’), esta imagen es de lo más recurrente entre estrellas de la red que visitan Nairobi. Un repaso a Instagram ofrece la misma instantánea una y otra vez. Y otra. Y otra. Como con el edificio rosa de Calpe. O el desierto de las Bárdenas Reales. Una prueba más de que, en esta delirante era de buscar el más difícil todavía en la exhibición personal, posar con una especie en peligro de extinción nos recuerda, aunque la estética difiera, que todos compartimos el ADN de esos turistas aborregados que avista el objetivo de Martin Parr.

En Ingrid Goes West no sale Dulceida, pero la pequeña de las Olsen (Elizabeth) encarna todo este absurdo universo del negocio de las influencers de la red. Solo que a esta la fama le sale rana: entre bogedón de aguacate en tostada y frase inspiracional de 0,60 (“Vive bajo el sol y nada el mar #California”)  su nueva mejor amiga, Ingrid (Aubrey Plaza), resulta ser una acosadora de manual con trastorno de la personalidad que acaba de perder a su madre. Una loca a las tres que ha cruzado todo el país hasta Venice Beach y hará lo que sea para mimetizarse con la vida de su narcisista endiosada tras descubrirla posando en una revista femenina. La cosa derivará en una comedia facilona, ácida y de humor muy negro donde el que el vacío existencial y la obsesión por la perfección de la generación Instagram queda al descubierto entre viajes a Joshua Tree y fiestas patrocinadas por marcas de ropa con barra libre.

La comedia, que no se estrenó en los cines españoles y ha saltado directamente a la venta en Blu- ray con Sony a principios de este mes, pasó por el festival Americana de Barcelona, antes lo hizo por el de Sundance, y se alzó finalmente con el premio a mejor debut del año de los premios indies por antonomasia, los Spirit Awards. El primer largo de Matt Spicer llega tras un caústico corto, It’s not you, it’s me (2012) también marcado por el humor negro y protagonizado por otro girl crush de la comedia alternativa: Gillian Jacobs (Love, Community).

Que Ingrid Goes West haya llegado tan lejos es prácticamente un milagro. Aubrey Plaza se enamoró del guión de Spicer, convenció a Elizabeth Olsen y O’Shea Jackson Jr. para participar en la cinta y todo casi se fue al traste por varios accidentados episodios: los incendios de Santa Clarita destrozaron uno de sus sets, otra casa en la que rodaron tuvo alarma de riesgo biológico y el propio director cruzó una puerta de cristal y por poco se mata. Al final mereció la pena: la crítica ha alabado la capacidad de Spicer de capturar el presente con acierto y sin que el alud al mundo de los hashtags o referencias a las redes sociales chirríen al espectador. “No he hecho una  película para criticar a las influencers, es más un proyecto para exponer los fallos de la sociedad”, aclara al otro lado del teléfono desde Los Ángeles.

“Háblale de ropa, de comida o de Joan Didion”, dice Ingrid en una de las escenas. El guiño a la escritora y ensayita estadounidense no está exento de crítica. Foto: Sony

Bastante alérgicos a las redes sociales en tono personal, –durante la charla teléfonica Spicer llega a pedir “un pacto a lo convención de Ginebra” para acabar con el poder y la invasión de datos personales de Facebook y otras compañias similares–, el director y el coguionista, David Branson, decidieron escribir la película después de una charla en la que reflexionaron (y “nos descojonamos mucho”) sobre cómo todo el mundo construye su “marca” a través de Instagram y lo “agotador que puede llegar a ser, especialmente si vives en Los Ángeles”. Tras escudriñar el universo de las influencers, el guión estuvo listo.

Instagram es un espejo en el que la gente solo mira hacia fuera y nadie está mirando hacia dentro. Taylor (la influencer de la película), solo quiere compartir lo mejor de su vida, pero no expone los malos momentos”, aclara el director y expone como ejemplo de todo este sin sentido al caso de Anna Faris. “Cuando anunció su divorcio con Chris Pratt todos sus fans comentaron que ya no creían más en el amor. Ellos, que llevaban meses lidiando con una crisis de pareja muy dura. Pero claro, eso no era lo que exhibían. En la red siempre eran felices y una familia unida, nunca compartían malos momentos. Habían construido una narrativa de perfección entrañable que sus followers habían asumido como verídica. En Instagram nuestra privacidad se restringe a lo negativo”, sentencia.

La cinta se ha hecho con el Spirit Award a la mejor opera prima del año. Foto: Cortesía de Universal

En su película, la influencer ni es tan maravillosa como parece ni tan siquiera ha leído los libros de los que presume en redes o cita como favoritos. Como la foto perfecta de primera edición de El álbum blanco de Joan Didion que sube a su red y que se convierte en una especie de icono-guiño recurrente de la cinta para retratar a esta generación de millennials blancas adineradas que se mueven en entornos creativos. “Joan Didion es una de mis escritoras favoritas”, recuerda el director, “la nombramos en la película porque es una de las escritoras más críticas que hay con el modelo de vida californiano, pero a la vez es la que mejor lo ha descrito. En la película, Taylor la cita mal y no entiende nada realmente de su universo, pero me pareció divertido mostar esta dualidad entre ambas”.

Antes de estrenar la película, y para testear la verosimilitud de su película, Spicer hizo varios pases solo para influencers de Los Ángeles. “La respuesta fue muy buena. Se lo han tomado fenomenal, en Sundance hasta se me acercó una instamom que había pasado por una historia similar de una fan convertida en acosadora. Durante los pases estaba muy nervioso, no quería que pensaran que me estaba burlando de ellas, porque en realidad me burlo de todos nosotros y nuestra relación con la tecnología“. No hace falta ser estrella de la red para sorprenderse con hábitos que describe la cinta y sentirse identificado. Quién no chequee dónde está su móvil cada pocos minutos o tenga la necesidad de sostenerlo a cada momento entre sus manos que tire la primera piedra.

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