Ikram Bouloum: cuando la música electrónica habla de mestizaje, colectividad y política

La ‘dj’ y creadora de electrónica lleva una década en la escena de Barcelona y se estrena como parte del colectivo que programa este año el festival BAM.

Ikram Bouloum

Ikram Bouloum nació en Torelló hace 27 años. Foto: POL REBAQUE

Con 17 años Ikram Bouloum se mudó de Torelló, un municipio de 14.000 habitantes, a Barcelona, una ciudad que supera los 1,6 millones. Hoy, una década después, admite que fue un choque, recuerda los estímulos, las ganas de hacer cosas. Estudió Humanidades y a la vez comenzó a formar parte de la escena musical barcelonesa. «Al principio me dedicaba a la fotografía. La gente de la productora Canada organizaba unas fiestas que se llamaban Nueva Época y luego crearon el Club Marabú. Me invitaron a hacer fotos, a retratar la fiesta, y así empecé a conocer la escena desde las entrañas. No solo estaba en contacto con artistas que me inspiraban, también aprovechaba para hacer un análisis sociológico y antropológico, a nivel de sonido y de movida. Fueron unos fundamentos muy interesantes», explica. Empezó a escribir, se inició en la gestión cultural y creó su propio dj set. «Lo que yo he hecho desde siempre es una investigación artística que ha ido tomando diferentes materializaciones», reflexiona. Ahora su trabajo sigue dos rumbos: la exploración vocal de la música electrónica, con la publicación del EP Ha-bb5 y el nuevo trabajo que ya prepara y verá la luz en 2022 «sobre las voces de las sublevadas», y la programación musical del veterano festival BAM de las fiestas de La Mercè de Barcelona, en la que se estrena del 23 al 26 de septiembre, como parte de la cooperativa artística L’Afluent.

Colectividad

«En general, me gusta trabajar con más personas porque siento que potencialmente es más rico. Yo puedo tener una perspectiva, una idea, pero con la unión de más gente siempre puede ser mejor», dice. No es una inquietud nueva, Bouloum ha creado proyectos a cuatro manos, como iii (junto a Isamit Morales) y formado parte de colectivos como Zen 55, Jokko y L’Afluent. Con esta última cooperativa, que se ha convertido en el primer colectivo responsable del BAM en sus casi 30 años de existencia, trabaja en la programación de las próximas cuatro ediciones: «Es un festival público y creo que es importante que haya distintas personas viendo qué es importante. Me gusta experimentar, transgredir y poder encontrar nuevos formatos y narrativas… Y hacerlo viendo otros puntos de vista me gusta aún más». Cree que es un reflejo del espíritu de los tiempos. «La colectividad está tomando más valor en la actualidad; antes se era más individualista, no se citaba a las personas con las que se trabajaba», sostiene Bouloum. Su música, por ejemplo, ha estado presente en proyectos de otras creadoras, como la diseñadora de moda Paloma Wool, con quien trabajó en un vídeo dirigido por Carlota Guerrero y con la que compartió sesiones en streaming durante el confinamiento de 2020.

Cultura de club

Parte del gusto de Bouloum por la experiencia colectiva se fraguó en los clubes. «Para mí la época del dj set fue importante porque en ese momento se contextualiza lo que vendría a ser el club deconstruido o el nuevo club. Sin el Club Marabú [que arrancó su andadura en 2015] no sé si estaría haciendo lo que hago ahora. Esa época supuso un renacer, crear espacios no tan convencionales», subraya. Algo comenzó a transformarse, añade, con la proliferación de mujeres en las cabinas: «Hacer política desde el club es posible, el goce en sí es reivindicativo, no es mero ocio. La idea del ocio como algo que sirve para desconectar, pura evasión, creo que es fruto del capitalismo. El nuevo club para mí fue reconectar con el espacio de la fiesta desde otras direcciones, y creer que es posible un cambio desde ahí. Nunca había visto tantas dj chicas en Barcelona, pinchando diferentes estilos. Eso tuvo que ver con la ruptura del club más minimal, más tecno, que abrió las puertas para que todo tipo de personas puedan proponer su viaje sonoro. Y ahí ves proyectos potentísimos liderados por mujeres, que antes no tenían tanto espacio. Para mí es muy importante porque supone poder retratar en la escena muchas más perspectivas, más historias».

Mestizaje

Ese interés de Ikram Bouloum por la diversidad se refleja en su trabajo, y tiene mucho que ver con la exploración de su propia identidad. «Mis padres son de la zona del Rif, del norte de Marruecos. Mi padre estuvo en Alemania y en Dinamarca antes de venir a España, y en los ochenta se instaló aquí, porque se sentía más cerca de su tierra, experimentaba menos choque cultural en algún sentido», recuerda la artista. Precisamente, la exploración de esa colisión de culturas es una de las claves de su EP Ha-bb5. «Para mí es un viaje esto del mestizaje. Todo va sobre la marcha, aparecen cuestiones, se van resolviendo. Yo primero traté de crear mi propia identidad, salir del pueblo, llegar a Barcelona, encontrarme a mí misma. En ese punto, hará cinco años, regresé a mis raíces, a Marruecos, y ahora mi EP es una respuesta a todas esas preguntas que yo tenía en cuanto a choque cultural», argumenta. En los cinco temas que lo conforman –con títulos como Henna, The Game o Nhara– canta mezclando amazigh (su idioma bereber), catalán, inglés y castellano: «Para mí la lengua es una herramienta que puede conectar con diferentes estados, emociones, contextos. Me interesaba enraizar todas estas lenguas que forman parte de mi identidad, pasar de una a otra, trabajar esa hibridación, ese imaginario de vocabularios muy ricos mezclados».

Mundo virtual

La hibridación está también presente en la imagen de su proyecto, en la fusión de lo real y lo virtual. Cada uno de sus temas va acompañado de un vídeo con escenarios 3D creados por Goretexdealer y gráfica de Sara V. Mallo; en ellos explora la combinación de otras realidades y sonidos, en la línea de referentes como Björk o FKA Twigs. La tecnología, enfatiza, le ofrece un espacio para poder desarrollar su propia utopía: «Me gustaba visualizarme en un entorno virtual, un espacio onírico, como si fuese un oasis. Crear ese imaginario tan concreto me ayuda a conceptualizar temas muy íntimos. A nivel de creación me ayuda a poner forma, discurso y sonido a los temas de los que yo quería hablar, el choque cultural, la tragedia de la migración».

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