Decálogo definitivo para el verano, por Eva Hache

«Estoy en contra de la depilación masculina generalizada. Hay hombres bellos y hombres ‘barbies’»

Verano

Foto: Getty Images

Estos meses se ha hablado, y mucho, de los diez gestos que hacemos en la playa. Sinceramente creo que sería mucho más práctico hablar de los que deberíamos hacer. Pongámoslos ya en marcha para el verano que viene.

01. Bañera de crema protectora. O ducha, igual me da. Entras, sales, y ya tienes tu crema puesta por todo el cuerpo. Ni zonas olvidadas ni tocamientos no deseados.

02. Cabina de depilación. Lo mismo: se entra, se sale, hago «chas» y desaparecen –¡atención!– solo los pelos que queremos que desaparezcan. Las mujeres eligen la densidad de sus bigotes y los hombres… Yo personalmente estoy muy en contra de la depilación masculina generalizada (hay vellos bellos y hombres barbies). Pero estoy muy a favor de la erradicación de esos grupúsculos pelucheros en hombros, solomilletes y los ya famosos mapaches lumbares. Así que, uso a discreción.

03. Goma de bañador mutante. Lo suficientemente floja como para que no te deje marca de sol y lo bastante apretada como para no tener que hacer un calvo mundial cada vez que uno se tira de cabeza. Esto también podría eliminarse con la obligatoriedad del nudismo. Todo el mundo en pelotas en la playa y se acaban las contaminaciones detergenteras en las aguas, el «¿qué bikini me compro este año?» y la estupidez esa de que una teta sea noticia cuando todos tenemos, al menos, dos.

Y, mira, ya que estamos, me pongo radical:

04. Aduana playera. Se responde a un sencillo test: si te molesta la arena, la sal y el sol, se te regala un bono descuento para la piscina municipal de tu pueblo o barrio. En caso de que el sol te moleste muchísimo o seas gótica, hay bono de día o de noche. A elegir.

05. Stop vacaciones laborables. ¿Por qué nos empeñamos en seguir currando en vacaciones? Se acabó el comprar 15 libros de sudokus para el verano o la estresante trabajera de estar matando caramelos en el ayfon. Aquí se viene a descansar. Vida contemplativa. Ah, por supuesto, los apartamentos se entregan limpios y se limpian solos cuando los dejamos (espérate un momento que me está dando la risa).

Insonorización:

06. Enmudecimiento de Madres Duales Aulladoras. Son las del: «¡Báñate / no te bañes; corre / estate quieto; ponte a la sombra / sal de la sombrilla que vas a volver blanco; hijo come/hijo deja de comer!…».

07. Silenciar a Padres-Guadiana. Esos que aparecen y desaparecen para contarnos muchas veces al día en qué chiringuito tienen la mejor oferta botellín-sardina mientras vociferan a sus señoras: «¡Mamá! (¿Mamá?), ¡ese niño, que se bañe / que no se bañe; que corra un poco / que se esté quieto; que coma / que deje de comer que se va a poner como un cachalote!…».  08. Exterminio acústico de cuñados o familiares que dan a diario el cursillo de, por ejemplo, cómo se clava correctamente una sombrilla, así-es-cómo-se-hace-mira-mira-y-aprende. 

09. Palas sordas, ya. Ese tac-tac, tac-toc, tic-toc. Ese cruel reloj que te va recordando: «Se te acaban las vacaciones. Ha pasado otro minuto. Ve pensando en hacer la maleta. Otro minuto. Se acaban. Se acaban».

10. Teletransporte. Tanto para ir como para volver. Si bien la desintegración en partículas ya se domina parece que la reintegración aún da algún que otro problema. Da igual. A la ida, que se queden en el hiperespacio las partículas de la barriga, y a la vuelta, que se pierdan las maletas y los cachos de una tía abuela que se ha pasado todo el verano dando un por culo que pa qué.

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