David Mamet: “El otro modo de llamar a las ‘fake news’ es ‘news”

El dramaturgo y guionista mítico vuelve a la novela tras 20 años de ausencia.

David Mamet

El escritor y guionista David Mamet. Foto: GETTY IMAGES

Mamet, autor de títulos que no dejan de rodar por las carteleras, como Glengarry Glen Ross u Oleanna, y responsable de guiones ya clásicos como los de El cartero siempre llama dos veces, Veredicto final o Los intocables de Eliot Ness, quedó en lo más alto de la dramaturgia estadounidense tras la muerte de Arthur Miller y Sam Shepard. Pero estos días está de actualidad por Chicago (RBA), un retrato de la ciudad gansteril en una atmosférica y vibrante novela de amor y plomo para la que prepara un piloto televisivo.

Aunque se trate de dos trabajos bien distintos es inevitable relacionar Chicago con su guion para Los intocables de Eliot Ness, de Brian de Palma. ¿Hubo algo que se le quedara en el tintero?
No tenía cuentas pendientes. La novela no me animó un deseo de explorar grandes asuntos, sino de sumergirme en el placer de contar una fantasía protagonizada por polis y cacos. Si tuviera que citar una obra que me resultó inspiradora me quedaría con 1001 Afternoons in Chicago, una recopilación de las  brillantes columnas que Ben Hecht le dedicó a la ciudad en el Daily News. No olvidemos tampoco que Hecht fue el coautor de la mejor obra de teatro americana, Primera plana, que supone un tributo a los periodistas que cubrían la crónica negra.

Época y maleantes a un lado, ¿cuánto hay en su novela del Chicago en el que creció, el de su formación, el sentimental, el que le forjó?
Residí más de 20 años en Chicago, sobreviviendo como podía, sufriendo más de un robo y de un arresto y, por lo general, pasándomelo en grande. Me imagino que a todo esto se le puede considerar labor de documentación.

¿A qué achaca la fascinación que nos siguen produciendo los gánsteres?
Son indistinguibles de los reyes y reinas que pueblan las novelas de amor cortés, o de los ogros que nos encontramos en la Odisea. El padrino es la versión americana de La guerra de las Dos Rosas.

¿De qué modo una novela es más satisfactoria a la hora de explicar una historia que un guion cinematográfico?
Para alguien que disfruta con el género, como es mi caso, le brinda la posibilidad de extenderse cuanto guste, o expresado en términos más coloquiales, hacer un poco el payaso. Las películas y obras dramáticas, por mucho que puedan parecer lo contrario, son exclusivamente tramas, lo que exige el mayor de los esfuerzos creativos.

Resulta tentador pensar que captar la forma de hablar de la gente en el Chicago de los años veinte fue un desafío.
Lo cierto es que no tenía la menor idea acerca del modo de expresarse de la gente en aquella época. Me limité a inventarme los diferentes registros. Si el lector los disfruta o al menos los encuentra ‘aceptables’, me doy por satisfecho. El objetivo final es la verosimilitud, no el realismo.

Chicago supone, en parte, un homenaje al trabajo de los periodistas. ¿Le preocupa especialmente el momento delicado que atraviesa la profesión, desde el descenso de las ventas a las fake news?
El otro modo de llamar a las fake news es news. Siempre han estado ahí. Fuera de los valores bursátiles y de las predicciones meteorológicas, todo es propaganda, ¿no le parece?

Una vez escribió que la fijación de las películas en las emociones tendían a empobrecer la industria cinematográfica. ¿Sigue siendo de la misma opinión?
Desconozco cuál fue, es o debería ser el propósito de las películas. En lo que a mí me concierne, no son más que una forma de entretenimiento. La industria siempre se ha visto empobrecida, bien por charlatanes, pornógrafos o fariseos, quienes no se diferencian mucho los unos de los otros.

Circula una imagen creada de usted como un ser ermitaño y analógico. ¿Le importaría confesarnos cuánto hay de verdad en ella?
No conozco más condición para la escritura que la soledad. Me preocupa mi debilidad; no le hago ascos a ninguna distracción que se me ponga a tiro.

Sus últimas obras teatrales han abordado temas como la comunidad LGTB o el acoso sexual en Hollywood. ¿Diría que atravesamos un convulso periodo de cambios en torno a la sexualidad que abre una puerta muy sugerente para artistas de todo signo?
Todas las sociedades e individuos se han encontrado a un mismo tiempo desconcertadas e interpeladas por cuestiones en torno a la sexualidad y sus normas. Los modos de responder a sus desafíos han sido universalmente hipócritas. No pienso que los creadores necesiten grandes oportunidades para desarrollar nada, les basta con un poco de espacio para respirar.

¿Diría que la paternidad ha ejercido alguna influencia en su obra?
No creo que la paternidad haya tenido el menor impacto en mi trabajo. En mi caso no ha implicado más que tener un puñado de hijos que te hacen sentir alternativamente orgulloso y cabreado.

Chicago de David Mamet

Portada de la última novela de David Mamet, publicada por RBA. Foto: DR

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