“Calladita estás más guapa” o el buscado silencio femenino

Las mujeres hablan demasiado y lo hacen con voces agudas e irritantes. Esa idea se repite desde Homero a los diarios digitales, donde el 80% de los comentarios son de hombres.

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Clasicista con plaza en Cambridge, condecorada con la Orden del Imperio Británico, Mary Beard podría haber pasado los últimos años de su vida activa centrada en la divulgación de la Historia Antigua en sus muchos (y muy vendidos) libros, en sus programas para la BBC y en su celebrado blog, A Don’s Life. Pero se encontró de golpe convertida en una heroína feminista de la era digital, Mary la Cazatrolls, como la llaman sus fans.

A Beard le han dicho de todo en Twitter. Que sus dientes provienen de fantasmas muertos, que su vagina debe oler a repollo –obviamente algunos comentaristas británicos están poseídos por el gemelo malo de Roald Dahl–. «Aunque por lo general los insultos son poco imaginativos, del tipo ‘voy a cortarte la cabeza y violarte’», cuenta la profesora a S Moda por correo electrónico. Tras presentar el programa Meet the Romans en la televisión pública británica, un popular crítico escribió en The Times que Beard es «demasiado fea para salir en pantalla». Aquello fue una llamada a las armas para ella, que respondió con otra pieza en The Daily Mail recordando que algunos tienen «miedo de las mujeres que hablan», sobre todo de aquellas que «no sucumben al masoquismo del bótox y tienen cero interés en teñirse el pelo». Inspirada por sus cuitas mediáticas, la latinista pronunció el año pasado una conferencia en el British Museum títulada Oh, cállate querida, que está colgada íntegramente en YouTube. Allí, Beard repasa la mala costumbre de silenciar a las mujeres, desde La Odisea, en la que Telémaco le dice a su madre Penélope que «el discurso es cosa de hombres», a los foros de Internet.

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El presidente de Chechenia, Ramzán Kadírov, recomienda a sus compatriotas prohibir a sus esposas que usen WhatsApp: «Encerradlas sin salir y no podrán decir nada».

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«Una de las principales formas de poder es el acceso a la palabra. Ya san Pablo dictaminó que las mujeres deberían callar en la Iglesia, y aún hoy una jerarquía 100% monopoliza el discurso para los católicos», apunta también Laura Freixas, escritora que estos días coordina el ciclo de conferencias Ni ellas musas, ni ellos genios en el CaixaForum de Madrid. El tramposo papel de la musa es también en esencia un rol pasivo, sin voz ni voto, pero sigue muy vivo como arquetipo, con actrices, modelos o ‘parejas-de’ glorificadas como inspiradoras de creadores masculinos. Por otro lado, tanto la literatura como la cultura popular valoran el arquetipo de la mujer enigmática y silenciosa muy por encima de la irritante cotorra, que si aparece es como contrapunto cómico.

En el ágora digital no son pocos los que siguen pensando como Telémaco, como se pudo comprobar hace meses durante el llamado Gamergate, la marejada de sexismo que protagonizaron aficionados a los videojuegos. Dos estudios anglosajones recientes –uno centrado solo en el New York Times y otro en varias decenas de medios– concluyen de manera muy similar que los hombres monopolizan más del 80% de los comentarios en la red –en The Guardian, el 97% de los top commenters, los lectores más valorados y contestados, son hombres–, mientras que las mujeres huyen de la confrontación. ¿Deben tener ellas una piel más dura? ¿O Internet unos modos más blandos? «Un poco de ambos. Simplemente no hay que tolerar el abuso. Si uno fuera a un bar y los hombres empezaran a decirle que es una sucia fulana, lo pararía. Lo mismo en Internet. Nunca llegará el día en que todo el mundo sea educado. Y no hace falta que llegue, pero las mujeres deberían alertar de los violentos», reclama Beard.

Gemma Moliner, que lleva la web Herstory, en la que escribe biografías de mujeres, muchas de ellas silenciadas por la historiografía tradicional, también usa la metáfora del bar: «A nosotras nos han dicho que a los bares vayamos a pasarlo bien, conocer gente e ir al baño en grupo. Ellos tienen licencia cultural para vacilar, gritar y solucionar las cosas a empujones. Admiro a la gente que se pasa el día combatiendo haters, pero yo no tengo ese tipo de energía».

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Un vídeo de la periodista libanesa Rima Karaki en el que se la veía cortando la entrevista con un clérigo que pretendía hacerla callar logró fama viral hace unas semanas.

Cordon Press

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