Úrsula Martínez: «El cabaret es directo, sin filtros»

Frente al frío de Internet, la británica defiende el contacto con su 'burlesque'. En octubre se desnuda en Madrid.

Úrsula Martínez: «El cabaret es directo, sin filtros»

Martínez, con el juguetón pañuelo de su montaje Hanky Panky. Foto: Hugo Glendinning

Dice Úrsula Martínez que «no es necesario intentar ser provocador; a veces basta simplemente con contar tu historia, sobre todo si eres una mujer y lo haces desde tu punto de vista». Es a lo que esta británica de madre española (Milagros, cuyo apellido adoptó «porque sonaba exótico en Londres») se ha dedicado desde que empezó en el mundo de la performance en 1998. Ahora, The Guardian la llama «reina del burlesque». Hablamos con ella poco antes de una representación en el Fringe Festival de Edimburgo. Cuenta que en octubre se muda a Barcelona –«Es que me he enamorado», explica–, cambio vital que coincidirá con la llegada de su espectáculo Free Admission (del 6 al 8 de octubre) a Naves Matadero .

En él, crea un muro en el escenario. ¿La política actual le da nuevas lecturas?

Lo escribí antes de Trump, y la metáfora ha ganado resonancia. Si una idea es buena al final va más allá de la intención del artista.

Comenzó su carrera con A Family Outing, un show biográfico en el que se desnudaba en escena junto a sus padres. Ellos eran nudistas, ¿criarse en una familia sin pudor ha influido en su trabajo?

Sí, somos el producto de nuestros padres; a veces porque nos influye cómo son y otras porque lo rechazamos. Yo utilizo lo personal para hablar de temas universales. Me he criado en una familia nudista y la profesión de artista es exhibicionista en sí. Sabía que tarde o temprano se iban a unir esos dos mundos y yo me iba a desnudar en el escenario.

¿Le resulta paradójico que en una época de redes sociales que censuran un pezón en Internet resurjan el burlesque y el cabaret?

Todo es cíclico. Vivimos una época mediatizada, hay tantas plataformas, redes sociales… El cabaret rompe todo eso: es superinmediato, de contacto. Frente a una comunicación continua pero aislada, a través de pantallas, lo nuestro triunfa porque es sin filtros y en directo, te puedes mirar a los ojos.

¿Y qué responde si le dicen que resulta ofensiva?

Números como el del pañuelo que hago en Hanky Panky, que va desapareciendo mientras me quito la ropa y al final sale de mi vagina, suenan sobre papel más fuerte que en directo. Es juguetón, no ofensivo: lo he representado ante Guillermo y Enrique de Inglaterra, en bodas, teatros enormes, clubes gais o sótanos cutres a las tres de la mañana.

Escribe sus shows y habla de feminismo o género. ¿Es una activista?

Mi feminismo es instintivo, visceral, no tengo el lenguaje de las teorías. Cuando alguien me da un guion no lo interpreto tan bien como una obra que he creado. Será que soy buena performer, pero mala actriz.

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