Así es la Formentera más exclusiva invadida por millonarios y famosos

Cada vez son más los lugares selectos y nuevos que desembarcan en la isla. Sitios a los que acuden los propietarios de yates cuando añoran pisar tierra firme.

Formentera

Alessandra Ambrosio ha dejado constancia en sus redes de sus vacaciones, con yate, por la isla. Foto: Cordon Press/ Twitter

Sus playas, de las mejores del mundo, sus aguas cristalinas y sus fiestas Flower Power heredadas del Pachá Ibiza, son probablemente los elementos más democráticos de una isla que nunca pretendió ser exclusiva sino todo lo contrario, pasar desapercibida. Pero sus múltiples encantos han convertido a la más pequeña de las Baleares en objeto de deseo de yates y millonarios. Mar adentro es otro asunto, pero en tierra una lista de lugares selectos y de moda hacen de este paraíso, que los hippies descubrieron al mundo en los años 70, uno de los lugares más exclusivos del planeta.

 

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El veleros más grande del mundo, diseñado por Phiip Stark, pasó unas semanas en la costa de Formentera. Dos piscinas y un equipo de casi 30 personas para atender al multimillonario ruso Andrei Melnichenko, su mujer y su hija. Foto: Getty

Gecko Beach Club

Cuando las esposas de los dueños de yates se cansan de estar en el mar y añoran pisar tierra firme se van a pasar unos días a este hotel, uno de los más selectos de la isla, situado en la tranquila zona de Ca-Marí, en la playa de Migjorn.

Recientemente rediseñado, el interior recupera la elegancia de los años 50 y reivindica el estilo de la Riviera Balear, cuando la jet set y las estrellas de Hollywood, como Errol Flynn, descubrieron este archipiélago, especialmente la isla de Mallorca. Lo que se traduce en paredes y telas blancas, grandes ventanas y coquetos sofás que rememoran el diseño escandinavo de aquellos años. Las habitaciones de la planta baja, que dan a frescos patios, recuerdan las de las casas tradicionales de la isla, y las de los últimos pisos cuentan con piscina privada.

Hay clases matutinas y gratuitas de yoga para los huéspedes y una zona de wellness en el jardín, donde se puede recibir un masaje o un tratamiento de belleza. El restaurante, abierto al jardín, al mar y al público en general, tiene una carta mediterránea, internacional y de fusión, con productos –especialmente los pescados– locales. Pero además, hay un montón de propuestas diferentes para cada día de la semana. Los miércoles y viernes hay espetada (pescados y mariscos a la brasa), los jueves hay bossa nova en vivo y los sábados son las noches Lobster & Burguer, en las que se puede elegir entre langosta o hamburguesa de wagyu. La coctelería es una de sus armas secretas. El mojito, sin duda, uno de los mejores que probarás en tu vida.

Precio de la habitación: desde 235 euros (desayuno incluido), hasta 1.500 euros (Gecko Loft). Comer en el restaurante ronda los 50 euros por persona.

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Una de las habitaciones del Hotel Gecko. Foto: Cortesía de Hotel Gecko

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Los yates y veleros se mezclan en Formentera con los bañistas. Foto: Getty

Hotel Es Marés

Este establecimiento debe su nombre a una piedra arenisca característica de las Pituisas y su estilo podría describirse como la traducción al lujo de una típica casa formenterense. Predominio del color blanco, líneas sencillas, texturas naturales, pequeños detalles que marcan la diferencia y árboles que se introducen en los interiores como Pedro por su casa. Desde fuera el hotel, situado en el pueblo de San Francisco –el más grande la isla–, pasa desapercibido y esa armonía con el entorno es una de sus señas de identidad.

Piscina, habitaciones con mosquitero –ese elemento tan erótico y necesario en climas cálidos– y restaurante de cocina mediterránea-vanguardista, con deliciosos postres caseros y especial selección de vinos de Ibiza y Formentera –que los hay– son algunos de los placeres de este hotel. Pero los más sibaritas pueden pasarse las horas y hasta los días en su spa, inspirado también en los fondos marinos de la isla con piscinas turquesas, piedras naturales y reflejos dorados en las paredes. Aquí la carta también es tentadora: ducha de sensaciones con aromaterapia, sauna de cromoterapia, fuente de hielo…

Precio de la habitación: desde 430 euros (desayuno incluido y acceso a spa), hasta 660 euros (Junior Suite).

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El spa del Hotel Es Mares, Foto: Cortesía de Es Mares

Quispe, un peruano de lujo

La cocina peruana está de moda y Quispe acaba de abrir en el piso de arriba del edificio de la estación marítima de La Sabina. Lo que, de momento, le asegura una de las mejores puestas de sol de la isla.

Tapeo peruano y pisco bar es el subtítulo de este restaurante que ofrece sabores de primera en un ambiente desenfadado, con vistas al pequeño puerto y al mar turquesa. La carta de Quispe consta de 20 platos y la idea es que hay que probarlo todo o casi todo. Claro que si el grupo de comensales es muy reducido y hay que elegir, no hay que perderse el dúo de ostras con salsa amazónica, tobiko y miel de maracuyá; alguno de sus ceviches, decidirse por uno de sus makis (la versión personal del sushi), su pollo 24 horas (marinado durante todo ese tiempo) y su gallo de San Pedro y mejillones, homenaje de la casa al pescado y a la gastronomía local.

El limeño Cristian Motte, su chef, recomienda acabar con las cinco texturas de chocolate “porque el cacao gusta a todos, nos hace felices y hasta se dice que es el mejor sustituto del sexo”.

La coctelería de Quispe obliga a pedir un Pisco Sour para abrir boca y luego lo que se tercie, mientras se escucha la música de su DJ, un elemento casi tan cuidado como su cocina. Desde la terraza oigo que uno de los de los barcos le comenta a un amigo, “es que donde esté Saint Tropez”; mientras su perro, un perro de yate, se adelanta y se introduce por la pasarela, como subrayando la afirmación de su amo. No conozco Saint Tropez, pero en Formentera, y en Quispe, no se está nada mal.

Precio medio 60 euros.

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Antichuchos de pollo del restaurante Quispe. Foto: Cortesía de Quispe

Pop Up Mob. De los Hamptons a Formentera

A las venezolanas Ana Corina Pelucarte y María López-Pulido, ambas viviendo en Nueva York, les apasionaban dos cosas: los viajes y la moda, y decidieron montar una tienda ambulante que bautizaron como Pop Up Mob. El pasado verano estuvieron trabajando en los Hamptons y este año han elegido Formentera para este concepto que pretende reunir firmas de moda exclusivas y con reconocimiento mundial, junto a pequeñas marcas que recuperan artesanías locales y que mantienen un cierto compromiso con comunidades indígenas. La mezcla es una alta concentración de buen gusto y objetos apetecibles por metro cuadrado, ya que el espacio del que disponen para su tienda no es precisamente generoso.

En la terraza superior de la estación marítima de La Sabina se esparcen gafas de sol de Linda Farrow, biquinis de Heidi Klein o de Jade Swim, moda para hombre de Orlebar Brown o complementos de Boho Hunter. Los bolsos de paja de la marca Sensistudio están hechos en Ecuador, por tribus indígenas, con su técnica ancestral y diseños modernos. La libertad es una firma de joyas confeccionadas en Perú, que mezcla dibujos andinos y formas art decó; las zapatillas de Junta son una reinvención estilosa de las babuchas marroquíes y los sombreros de Yosuzi, elaborados en Venezuela, son el sueño de cualquier style influencer . “Pensamos que la moda es algo que está muy estandarizado. Nosotras seleccionamos cosas singulares, bonitas, que sientan bien y si pueden llevar un cierto mensaje o servir de ayuda a artesanos de todo el mundo o a comunidades indígenas, mejor que mejor”, comenta Pelucarte. Un concepto que me recuerda al de las Muzungu Sisters. “Si, de hecho nosotras les ayudamos a montar su tienda en Nueva York”, afirma Ana.

La historia de Pop Up Mob se remonta a cuatro años atrás con escenarios como Los Ángeles, Miami, Perú o Londres. Su próxima parada, tras su estancia en Formentera, es probable que les lleve hasta St. Barts.

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Pop Up Mob se traslada de los Hamptons a Formentera.

Can Carlitos. El ritual de la puesta de sol

Los locales más interesantes que han abierto últimamente en la isla, lo hacen en la zona del puerto, lo que está convirtiendo a La Sabina en el lugar al que ir después de la playa, puesto ostentado hasta ahora por San Francisco.

Can Carlitos es el chiringuito más cool, la última aventura gastronómica del chef Nandu Jubany, dueño también de Can Jubany, en Calldetenes –cerca de Barcelona–, y con una estrella Michelín. Este nuevo restaurante es también producto de la colaboración culinaria entre Jubany y Francesco Manzoli, a la cabeza de Can Carlos, también en la isla, en San Francisco.

La carta de Carlitos es una reinvención de las tapas españolas de toda la vida, que este restaurante convierte en exquisiteces como las gambas a la sal, el gazpacho de remolacha y fresas con helado de aceite de oliva o las tortillas abiertas con sorprendentes ingredientes. Las paellas y los arroces caldosos son otras de las estrellas, al igual que la langosta de Formentera frita. Recetas reinventadas con productos de proximidad y de temporada.

Si a esto le sumamos un local junto al mar, decorado como un coqueto chiringuito de playa, tendremos la formula del éxito. A Can Carlitos hay que llegar para ver la puesta de sol –otra de la citas ineludibles en Formentera-, con la isla de Ibiza al fondo y el islote de Es Vedrà perfilado en la sombra. Hay que tomarse un cóctel mientras se disfruta del espectáculo y luego olvidarse de la dieta por unas horas. Postre incluido, y me refiero al generoso y sorprendentemente presentado Ying-Yang de cheescake.

Precio medio 50 euros por persona.

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Terraza del Hotel Gecko. Foto: Cortesía del Hotel Gecko.

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