Asbury Park: así es la playa de moda entre los neoyorquinos

Tras años de decadencia y olvido, la ciudad de la costa de Nueva Jersey ha revivido gracias a emprendedores, creativos y buena música. Ahora es una de las opciones favoritas de quienes necesitan huir del calor de la Gran Manzana.

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Asbury Park ha recuperado poco a poco un esplandor que había perdido. Foto: Jorge Redondo

El verano en Nueva York es maravilloso. La ciudad se llena de vida, de planes, de cines al aire libre, y a los días les faltan horas suficientes para disfrutarlos al máximo. Al menos esta es la visión más romántica de la gran ciudad; porque Nueva York en verano también es caluroso, pegajoso y en ocasiones incómodo para los que viven Manhattan los 365 días del año y necesitan un descanso de su ritmo frenético de vez en cuando.

Las opciones para escapar no son pocas pero permitidnos matizar que nada tienen que ver con esos siempre agradecidos viajes exprés por la costa española –somos afortunados, creednos–. Está Coney Island, con su parque temático instagrameable, sus perritos calientes y sus colas de media hora para subir a las atracciones. La playa, además, deja bastante que desear; Rockaways o Fort Tilden son otra buena opción para pasar el día y, por supuesto, Hamptons es una delicia si tienes la suerte de tener algún amigo con casa allí o estás dispuesto a pagar los elevados precios de las habitaciones de hotel. Sin embargo, a todas ellas este verano les ha salido un fuerte competidor: Asbury Park, el pueblo costero de Nueva Jersey que parecía haber quedado en el olvido y que de pronto ha recuperado todo su esplendor.

Asbury Park, fundada en 1871, fue en su día una de las cuidades de vacaciones más famosas de la costa de Nueva Jersey. Sin embargo, la competencia en este ámbito contra Atlantic City (más grande, más masificado) fue dura y, poco a poco, fue cayendo en decadencia. Su casino, uno de los edificios más importantes del paseo marítimo abierto en 1929, cerró décadas más tarde y, a finales de los 70 del siglo pasado la ciudad había perdido la gloria que la caracterizaba. Ni siquiera el primer álbum de estudio de Bruce Springsteen, originario de un pueblo cercano, junto a su E Street Band, bajo el título ‘Greetings From Asbury Park, N.J.’, consiguió volver a iluminar la ciudad. Hasta ahora: la música, desde entonces, es uno de sus fuertes, y la oferta de actuaciones en directo (este verano, desde Jane’s Addiction hasta The Lumineers) se suma las muchas y muy variadas opciones de ocio que ofrece Asbury a día de hoy.

Asbury Park

Una postal antigua de Asbury Park.

En este resurgir mucho tiene que ver la comunidad homosexual que desde hace algunas décadas eligió el pueblo costero como lugar de residencia frente a Nueva York. De forma paralela, en los últimos años, los jóvenes de la zona han visto en su ciudad el potencial que parecía haber perdido, y creativos y emprendedores, a golpe de restaurantes, tiendas y otros proyectos, han conseguido llamar la atención del estado vecino. Los alquileres son más baratos y aún está todo por hacer. Pero que el ‘hipsterismo’ no nos confunda: Asbury Park no es Brooklyn, ni Williamsburg, y tampoco pretende serlo: aquí, la esencia de los barrios más modernos de NYC se entremezcla con la de un lugar familiar de veraneo y desconexión, y ese contraste, quizá, es el que mejor describe esta nueva etapa de la ciudad.

El camino hasta Asbury desde la Gran Manzana es sencillo; en coche, el trayecto es de poco más de una hora, y en tren, con salida desde Penn Station, en la 34, se tarda dos horas con un solo transbordo en Long Branch. El billete cuesta 32 dólares ida y vuelta. El pueblo, con una avenida principal, Main Street, va sumando vida a medida que nos acercamos a la playa. Concretamente, los puntos donde este ‘revival’ es más visible son la calle Cookman y el boardwalk.

Por el camino, restaurantes como el mexicano Barrio Costero o el Café Volan llaman la atención por su decoración y oferta, ambas dignas de ilustrar Instagram. Suelos elegidos a conciencia, paredes de aspecto industrial, sillas de colores y mesas de madera o mármol contrastan con las cafeterías puramente americanas a las que la ciudad estaba acostumbrada, como el deli Frank’s que bien merece una parada cuando el cuerpo pide tortitas y café fuerte.

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Talula’s Pizza, uno de los locales de moda en Asbury Park. Foto: Jorge Redondo

Talulas Pizza & Bread es especialista en pizzas crujientes en horno de leña elaboradas con los ingredientes más frescos; pero el italiano favorito de los locales está algunas calles más adelante, cerca del mar: Porta, además de pizzas, pasta y ensalada, ofrece actuaciones en directo y una terraza perfecta para disfrutar de la cena al aire libre.

A la cabeza del paseo marítimo, el casino abandonado y el edificio donde hace un siglo giraba el carrousel de la ciudad sirven ahora de lugar de paso y refugio de arte callejero con murales a todo color. Además de la playa, de arena fina y blanca –y en la que cobran 7 dólares por entrar– la oferta de ocio es peculiar: ni chiringuitos, ni discotecas, si no food trucks y quioscos de comida (de crepes, de helados y hasta de tacos coreanos, en Mogo Korean Fusion Tacos), restaurantes que renacieron tras ser destrozados por el huracán Sandy en 2012, como el Langosta Lounge, y tiendas de lo más apetecibles que se entremezclan con la oferta de souvenir playero y animales hinchables. De nuevo, contrastes.

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Los jabones naturales de Big Spoon Little Spoon Naturals. Foto: Jorge Redondo

“Asbury está en su mejor momento, pero esto va a ir a más”, cuenta a S Moda Luke, dueño junto a su prometida Chelsie de Wanderlust Land & Sea, una tienda multimarca de aires californianos (y, por extensión, surferos) que encontramos a pie de playa. Luke nació y se crió aquí, pero al acabar sus estudios se mudó a Nueva York para trabajar en banca: “No aguanté ni dos minutos. Nada más sentarme en la silla me di cuenta de que ese no era mi sitio”, comenta orgulloso de haber tomado la decisión de volver para crear su propio negocio.

Junto a Wanderlust, Bettie’s Bombshell una tienda de bañadores de estilo pin-up, otra de jabones artesanales (Big Spoon Little Spoon Naturals) y Storehouse, una concept store abierta el pasado junio que aúna marcas de moda y belleza como NoMad, Occasionette, Kaleidos o Lack of Color, la firma de sombreros australiana que inunda Instagram este verano. Y aquí no acaba la cosa: al final del paseo, en el Asbury Park Convention Hall, se reúnen varias marcas a modo de pop-up, compartiendo espacio con un local de muebles antiguos o la tienda de ropa vintage por excelencia de la ciudad, Sweet Joey’s Vintage, donde encontrar bandanas, denim de segunda mano o banderas americanas desgastadas. Clásicos, vaya.

A la hora de buscar alojamiento, la oferta aún no es muy grande, pero sí bastante novedosa para Asbury: este año abrió el segundo hotel de la ciudad (el primero en los últimos cincuenta años), The Asbury, decorado por Anda Andrei. Con vistas al mar suma además rooftop con piscina y clases de yoga matinales; cuatro bares distintos en lugar de un único restaurante, food trucks, cine al aire libre y actuaciones en directo. Toda una fiesta para amortizar los meses de sol que ya tiene ocupadas la mayoría de sus habitaciones en los fines de semana de verano. Y en invierno, ya veremos. Con tantas opciones de ocio y una generación tan dispuesta a destacar difícil será que Asbury no encuentre la manera de seguir creciendo cuando la arena se cubra de nieve.

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The Asbury, un nuevo hotel que representa la nueva etapa de la cuidad. Foto: Cortesía de The Asbury

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La piscina del hotel The Asbury. Foto: Cortesía de The Asbury

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Luke en Chelsie de Wanderlust Land & Sea, una tienda de aires californianas. Foto: Jorge Redondo

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Store House, en Asbury Park. Foto: Jorge Redondo

 

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