“El arte para mí tiene una función social”

Eva Lootz, que con 25 años dejó Austria por España, defiende el activismo y alerta ante la mercantilización de bienes básicos.

“El arte para mí tiene una función social”

La artista plástica austriaca afincada en España Eva Lootz. Foto: Mirta Rojo / Ilustración Isabel Acerete

«Mi padre era una persona muy autoritaria, excesivamente conservadora. Como soy hija única, había mucha presión, querían dirigirme. Y yo dije que no. Luego, inconscientemente, me identifiqué con este país, que también tenía que reinventarse de un padre tiránico y autoritario, que tenía que rehacerse después de la dictadura», explica Eva Lootz, nacida en Viena en 1940, el pelo rubio, los ojos claros, la piel pálida. Lo dice con calma y con un punto cantarín en la voz –aún con un leve acento–, como quien ha contado muchas veces la misma historia. Repasándola. Sacando conclusiones. «Quería vivir mi vida, libertad», resume. Por eso decidió dejar atrás Austria y en 1965 se instaló en España. Recuerda que llegó en un momento de efervescencia: «La gente quería hacer cosas inauditas, especiales». Se juntó con los artistas de la Galería Buades, se contagió de su inquietud: «Este siempre ha sido un país de mucho talento, especialmente plástico».

Filósofa –destaca la influencia de María Zambrano o Celia Amorós– y cineasta –en la estela de René Clair y Luis Buñuel– de formación, experimenta formatos, soportes, disciplinas. De la fotografía a la instalación. Del cine a la escultura. «Soy una hacedora», se define. Esa investigación le valió en 1994 el Premio Nacional de Artes Plásticas. «El cuerpo me pide no dejar de buscar nuevas formas de expresión, como cuando hice unas esculturas digitales en las que transformé cursos temporales en arte. Eso es solo posible a través del data mining: extraer cifras, luego crear archivos en tres dimensiones y hacer sólida esa estadística». En la feria Drawing Room mostró su faceta más desconocida, el dibujo: «Es el laboratorio, un diario en el que mezclo reflexiones, lecturas o teléfonos». Y ahora expone en la Galería Trinta de Santiago de Compostela (hasta mayo).

No concibe el arte sin compromiso, por eso ya en los 70 se involucró en el feminismo ecológico. «La mujer va saliendo de la planta baja del pensamiento, pero aún queda mucho por hacer», subraya. Y ella proclama ese activismo en su obra: «Soy partidaria de un arte que se desarrolle en un marco emancipador y de cambio de nuestras coordenadas de pensamiento. Para mí, tiene una función social, se implica en los problemas que están sobre la mesa de la sociedad». Una de sus últimas luchas, la privatización del agua: «La mercantilización de absolutamente todo no puede ser».

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