Amy Seimetz, directora de ‘She dies Tomorrow’: “Me interesa la parálisis del apocalipsis, el fin del mundo nos pillará haciendo un té”

Si 2020 fuese una película sería la suya. Charlamos con la directora de la cinta que mejor refleja la epidemia de la ansiedad y miedo a la muerte que nos acecha.

Amy Seimetz. Foto: D.R.

«Llevo unos años muy ansiosa. Lo he pasado francamente mal», dice Amy Seimetz en una conversación por Zoom mientras se enciende un cigarro en la terraza de su casa en Los Ángeles. Llamamos a la directora pocas horas después de hacerse con el premio del jurado joven del festival de Sitges por She Dies Tomorrow, un thriller apocalíptico que se mueve entre el humor negro y el horror psicológico y al que la prensa etiqueta como ‘2020: la película‘. También, acertadamente, como la primera película de terror de la era covid.

La protagonista de She dies tomorrow, Amy (Kate Lyn Sheil), tiene la plena convicción de que, como el título de la película, va a morir al día siguiente. Ansiosa por compartir su descubrimiento, se lo cuenta a su amiga Jane (Jane Adams) y el sentimiento se vuelve viral. Jane también se verá infectada por la idea y la contagiará a su círculo más cercano. Uno a uno, todos los personajes de la película tendrán que lidiar con la certeza de que, como siente Amy, no va a haber nigún mañana para ellos. Seimetz, que trató de convertir su ansiedad en película («Quería mezclar esta ansiedad con algo de surrealismo como metáfora del periodo que vivimos») ha visto cómo su segundo largo se ha convertido, involuntariamente, en la cinta que mejor describe el miedo a la muerte y la sensación de paranoia viral que nos acecha desde marzo por una pandemia global.

Además de directora –ha dirigido buena parte de la adaptación televisiva de The Girlfriend Experience–, Seimetz es un rostro destacado del cine indie. Ha trabajado como actriz con Joe Swanberg o con David Robert Mitchell antes de It follows. También en proyectos más conocidos como la madre de la desaparecida de la tercera temporada de The Killing o bajo las órdenes de Ridley Scott en Alien: Covenant. Seimetz también fue la protagonista de Upstream color, la película de culto indie de Shane Carruth, con el que mantuvo una relación. En plena promoción de She Dies Tomorrow, Carruth decidió hacer públicos mensajes amenazantes contra ella. Fue entonces cuando se hizo pública una orden de alejamiento que la directora tiene contra su ex pareja por años de supuestos abusos que, aunque ella no verbalice en entrevistas, todavía añaden más capas de terror autobiográfico a su cinta.

La protagonista se llama Amy, como tú. La casa que vemos en la película es tu casa y Jane, la amiga de Amy, es Jane Adams, que resulta que también es una de tus mejores amigas en la vida real. ¿Por qué un acercamiento tan personal a tu propia realidad en la película?

La película refleja mi situación personal. Todo en mi vida parecía surrealista por la ansiedad. Como Amy en la película, acababa de comprar mi casa y estaba tratando de entablar una relación con ese espacio que todavía sentía extraño. Yo nunca había tenido una casa. Además rodar ahí nos salía gratis y no teníamos limitaciones de tiempo. Kate y Jane son mis amigas en la vida real. Son las personas a las que llamo cuando estoy, ya sabes, ansiosa. Llamo a Jane todo el tiempo cuando estoy nerviosa. La conversación que Jane tiene con Kate (Amy) por teléfono en la peli, cuando dice aquello de ‘no puedo escucharte’, es literalmente lo que pasa en mis conversaciones con Jane.

¿Rodar la película mejoró tus niveles de ansiedad?

No, todavía está ahí. La alivió en cierta manera. Piensa en estos tiempos que vivimos, miras las noticias y cada día hay algo nuevo en el que te dices: ‘Oh, dios mío, no me puedo creer que esto esté sucediendo, esto no puede estar pasando’. Y es así sin parar, te consumes. Lo cierto es que no puedes mantener ese nivel de ansiedad tanto tiempo seguido. Hay un momento en el que te tienes que plantar, como en la conclusión de la película, y decir: ‘Pues no estoy bien, pero está bien saber que no lo estoy’. Porque eso es, precisamente, la nueva normalidad. Fue una especie de epifanía que tuve: está bien no estar bien. Es lo que hay.

Han etiquetado a tu película como el primer thriller de la era covid e incluso han dicho ‘2020: la película’ . ¿Te sientes cómoda con la etiqueta?

Sí, totalmente. Es que es así. La película se iba a estrenar en el festival South by Southwest y cancelaron los actos por el coronavirus. Era todo extrañísimo. A partir de ahí todas nuestras apuestas iban cayendo, nos preguntábamos cómo íbamos a poder estrenarla. Nos llegamos a plantear si teníamos que esperar pero entonces nos dimos cuenta de que la experiencia que estaba teniendo todo el mundo era la de la película y que, además, no íbamos a poder estrenarla en cines porque estaban cerrados (la película, en EEUU, se estrenó en plataformas bajo demanda). Todo con la pandemia está siendo muy surrealista, como en la película, donde, precisamente, se habla sobre el aislamiento y volverse majara solo. Me encanta porque cuando hago entrevistas, todo el mundo se siente identificado de una forma muy personal. Ha sido genial que la gente la acabase viendo en casa, y no en cines, porque la película también va sobre el miedo a la muerte y perder a la gente que quieres solo en tu casa. Y lo estás viendo delante tuyo, y no de la forma en la que solías hacerlo antes de la pandemia, que era salir para ir al cine. Eso ha sido fascinante. Hubiese preferido que no hubiese existido la pandemia, obvio, pero también ha sido muy interesante vivirlo así.

¿Te ha inspirado alguna película o autor en particular?

Supongo que si hay influencias, pero han sido de forma instintiva, digamos que estaban en mi inconsciente almacenadas esperando a manifestarse. Una de mis asistentes de dirección, mientras rodábamos, me mandó un relato de Ray Bradbury en Esquire de hace unos años sobre una pareja que descubre que el mundo se acabará al día siguiente y que decide no hacer nada al respecto, no huir a ninguna parte ni hacer nada en especial, porque saben que no hay nada que hacer al respecto. Yo no recordaba ese cuento cuando escribí la película, pero cuando me lo mandó me di cuenta de que sí lo había leído. Lo cierto es que nunca había visto una película sobre el apocalipsis donde no hubiese un sitio al que escapar, ¿sabes? Y sobre qué se haría en esa situación. Yo al fin del mundo, lo concibo como algo que te paraliza, pero que también se manifestaría de una forma increíblemente mundana. Como si fuese algo que supieras que está pasando, que va a pasar, pero sigues a lo tuyo y te haces un té. Me interesa esa parálisis del apocalipsis.

De hecho, al contrario que otras películas, la heroína no grita al ser consciente de que va a fallecer. 

Es muy introspectivo. Me gusta jugar con esa subjetividad. Si nos miran desde fuera parecemos tranquilos, pero en nuestro interior sentimos el gran drama. Esta ansiedad que vivimos, en realidad, es muy anticlimática: desde fuera verán a una persona mirando al infinito, como distraída, pero por dentro, por dentro esa persona siente en ese momento que todo su mundo se acaba. Lo que está pasando es de una absoluta quietud. Creo que esa dualidad es increíblemente divertida y trágica a a la vez. Los horrores internos de la gente son invisibles y me pregunté que pasaría si esa ansiedad fuese contagiosa solo con decir unas palabras malditas. Como si de repente, pudieses entender la agonía por la que pasa esa persona, ponerse en sus zapatos. Ver cómo todos y cada uno entienden de forma contagiosa ese sentimiento sin tener que describirlo.

Kate Lyn Sheil es Amy en ‘She dies tomorrow’.

¿Por qué crees que los seres humanos tenemos esta sensación de negación con la muerte?

Hay diferentes formas de mirarlo. Freud tenía la teoría que la gente se volvía loca porque eran incapaces de negar la muerte. Y que se preguntaban por qué todo el mundo sigue como si nada, haciendo cosas, cuando van a morir. Necesitamos esa negación porque es lo que nos permite salir de casa y no preocuparnos de que alguien nos va a atropellar con un coche el momento en que pongamos un pie fuera de nuestra puerta, de que nadie nos va a atacar por la calle. Así sobrevivimos día a día. Tienes que sacártelo de la cabeza todo el rato, también para aprender a socializar.

Es interesante como, al menos en la cultura occidental, lo mucho  que lo evitamos, incluso cuando, precisamente, está pasando. Me di cuenta cuando mi padre estaba enfermo terminal. Hablaba con mis amigos y era increíblemente incómodo, porque ellos estaban hablando de cómo les había ido el día, de las películas que habían visto, de su trabajo, de la comida y me preguntaban, ¿cómo te va? ¿qué haces ahora? Y yo decía: ‘Oh, me estoy dando cuenta de todo ¿sabes?, mi padre está muy enfermo, vengo del hospital y he tenido que firmar todos estos papeles premonitorios’ y entonces un silencio increíblemente incómodo se cernía sobre la conversación. Y yo me decía: ‘¡Pero si eso es lo que estoy haciendo ahora, justo lo que me has preguntado!’. Sabemos que vamos a morir pero no hablamos de ello, incluso sabiendo que es algo inevitable y que nos afecta a todos. Me parece una locura.

En la película hay mucho sentido del humor negro. Como el hecho de que la protagonista, en el momento que sabe que va a morir, se ponga a googlear urnas de incineración o esa extraña obsesión con que alguien la convierta, después de muerta, en una chaqueta de piel. ¿De dónde te surgió esa idea?

La respuesta es divertida, pero también extremadamente bruta. Verás, la muerte te puede hacer entrar en una espiral de pensamientos intangibles sobre la eternidad y blablabla pero por otro lado están todas esas cosas físicas con las que también tienes que lidiar. Como, ¿qué haces con los restos: los incinerara? ¿Los entierras? ¿Los conviertes en diamantes? Y todas estas son conversaciones que mi hermana y yo tuvimos cuando estábamos lidiando con la enfermedad de mi padre. A mí me dio por hacer chistes increíblemente oscuros en ese momento tipo ¿Y si lo convertimos en fuegos artificiales? Parece una idea loca pero, ¿y por qué no? Teníamos que hacer algo con él después de muerto. Es increíblemente oscuro y triste, pero también muy real. Me pareció divertido que ella, en la película, dijera que por qué no convertirse en una chaqueta de piel que vistiese su amiga cuando ella no estuviese. En realidad, sí, esa idea era yo reconociendo que si vas a hablar de la muerte, hablas de lo que vas a hacer con el cuerpo cuando todo esté dicho y hecho.

Todos los personajes reaccionan de forma distinta a ese conocimiento de su muerte. ¿Qué hubieses hecho tú si te hubiesen infectado con esa idea?

Me gustaría pensar que me iría a conducir un todoterreno por unas dunas del desierto, pero esa sería una respuesta incorrecta. Con Kate, quien interpreta a Amy, siempre nos reíamos diciendo que esto era exactamente igual que Nochevieja. Ya sabes, siempre hay una fiesta mejor a la que ir y luego llegas y el sitio es  horrible y pasas una noche terrible y dices: ‘Me tenía que haber quedado en casa’. Tengo esa sensación de que hay algo épico y trágico sobre desaprovechar tú último día en la tierra y que me pondría paranoica en plan, ‘¿qué necesito hacer?’ Quizá, si fuese honesta conmigo misma, no sería tan indecisa. Me conozco lo suficiente como para saber que no me iría a conducir por el desierto. En realidad lo mejor sería quedarme en casa.

Jane Adams es Jane en ‘She dies Tomorrow’.

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