Akelarre Pablo Aguero

Las protagonistas son acusadas de brujería por sus reuniones en el bosque. Foto: DAVID HERRANZ

‘Akelarre’, la película que la reivindica a las brujas y muestra lo que nadie ha contado de ellas

"Quería mostrar que el delirio demonológico viene de afuera, de una sociedad patriarcal y clerical", explica Pablo Agüero, director de la película, que se presentó en el Festival de San Sebastián y acaba de llegar a los cines.

«Los hombres temen a las mujeres que no les temen», sentencia uno de los personajes de Akelarre, el nuevo filme del argentino Pablo Agüero, que ha querido dar voz a unas mujeres que fueron silenciadas. Para ello, viaja al País Vasco de 1609 y recrea de forma libre la caza de brujas real que llevó a cabo Pierre de Lancre. «La versión de la historia que tenemos es más la visión de los inquisidores que de las víctimas. Su voz fue apagada, reprimida», subraya el director. Ha buscado darles a ellas el poder del relato, cambiar clichés: sus protagonistas son alegres, jóvenes; las imágenes luminosas, no lúgubres. «Quería mostrar lo que nadie ha mostrado, que el delirio demonológico viene de afuera, de una sociedad patriarcal y clerical», indica.

Akelarre

La inquisición retiene en una cuadra a las sospechosas de brujería. Foto: DAVID HERRANZ

Hoy la figura de las brujas es reivindicada como símbolo desde el feminismo y «Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar» se ha convertido en un lema repetido en las marchas por los derechos de la mujer. Cuando Agüero decidió contar esta historia, inspirado por el libro La bruja, de Jules Michelet, esta reivindicación no era tan común, por lo que ha tardado más de 10 años en sacar adelante su película, que participó en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián y se estrenó en cines el 2 de octubre: «Di con el libro cuando presentaba mi primera película en Cannes en 2008 y me provocó una revolución mental. En ese momento me decían que no veían qué resonancias podía tener en el mundo actual. Y en dos años se ha precipitado todo, se ve la velocidad a la que la sociedad cambia».

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El director de la película, Pablo Agüero, durante el rodaje. Foto: David Herranz

El director se ha centrado «en una de las represiones más dirigidas hacia el género femenino, con esa idea de que el origen del mal es la mujer», y encuentra paralelismos en la actualidad: «Porque una mujer se viste de una manera o está sonriendo se dice que está provocando, como si su alegría, su despreocupación o su belleza fueran un crimen». Sus protagonistas se plantan ante eso. «No hay nada tan peligroso como una mujer que baila», dice el inquisidor. Para ellas es su arma, apunta Agüero: «Me encanta la idea de que la fiesta es una rebeldía. Su manera de rebelarse es la alegría. Lo lúgubre está en la mirada del otro, que transforma la libertad sexual, de pensamiento, en algo oscuro. Y eso sigue vigente, la culpabilización, la condena de la libertad femenina. Tenemos que crear ficciones que cambien el sistema, contar historias desde otros puntos de vista».

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Las jóvenes simulan un akelarre ante los jueces. Foto: David Herranz

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