Una primera dama que brilla demasiado

Xi Jinping será investido presidente en marzo, pero es su mujer, Peng Liyuan, la que acapara los focos. Algo que molesta en Pekín y quizá impida que cambie la imagen de la mujer china.

Peng Liyuan

Foto: Getty Images

Que los polos opuestos se atraen es un hecho. Y China no es una excepción. Lo demuestran el yin y el yang, y la pareja que forman Xi Jinping y Peng Liyuan. No hay más que comparar cómo visten para preguntarse qué hacen juntos el secretario general del Partido Comunista de China, que será nombrado presidente del país en marzo, y la cantante folclórica más famosa del país. Él es un fanático del negro y de las líneas más sobrias que caracterizan a la acartonada cúpula del poder chino; ella, sin embargo, le imprime alegría incluso al uniforme del Ejército Popular de Liberación, en cuyo seno ostenta el rango civil equivalente al de general.

De hecho, en las 28 galas de Año Nuevo en las que ha participado, que congregan siempre a más de 700 millones de personas frente al televisor, Peng ha protagonizado siempre con su vestimenta una exuberante explosión de colores chillones y formas imposibles. Es una estridencia muy china, que nunca pasa de moda y que conecta a la perfección con el público de mediana edad.

Quizá por eso, y porque su voz de soprano pone la piel de gallina, la futura primera dama de China era más conocida que el hombre llamado a dirigir la segunda potencia mundial. Cuando accedió a la vicepresidencia, las malas lenguas acuñaron un chiste: «¿Pero quién es ese Xi Jinping? ¡Ah, sí, el marido de Peng Liyuan!». Con esta preeminencia no es de extrañar que la diva, especializada en canciones patrióticas, haya cautivado también al resto del mundo, que no ha tardado en etiquetarla como la Carla Bruni china.

Esconder a la diva. A sus 50 años, Peng tiene capacidad de sobra para romper con la tradición de las primeras damas invisibles, y añadir un glamour muy necesario a la espartana imagen del ejecutivo chino. Pero la estrella brilla demasiado para el gusto de los políticos de Pekín. No importa que Mao dijese que «la mujer sostiene la mitad del cielo». En la tierra, está relegada a un segundo plano. Así que, para no hacer sombra a su marido, Peng ha encogido tanto que ya ni se la ve. No más Noche de fiesta en la televisión china. Se imponen la discreción y la sobriedad.

No obstante, algo sí que está cambiando. La quinta generación de líderes chinos quiere estar más cerca de sus súbditos. La mano de hierro no funciona en la era de las redes sociales, y Peng puede desempeñar un papel fundamental como la cara amable del régimen. No en vano, aunque la información llega con cuentagotas, su historia conmueve tanto como los culebrones coreanos.

Su padre fue tachado de contrarrevolucionario durante la época más oscura de Mao Tse-Tung, acusación que dificultó la vida de la familia Peng en un momento en el que China se moría de hambre. Pero eso no le impidió matricularse en la Facultad de Artes de la Universidad de Shandong con solo 14 años, y alistarse en el Ejército a los 18 para servir a su país como ‘guerrera de las artes y de la cultura’. Y vaya si dio batalla.

En 1983 se coronó como reina de la canción tradicional, y tres años después conoció a Xi, que entonces era teniente de alcalde de la ciudad de Xiamen. Un don nadie. En una inusual entrevista con la prensa china, Peng contó que a su primera cita decidió acudir sin maquillaje y vestida lo más informal posible. Los funcionarios no gozan de buena reputación, y Peng quería asegurarse de que Xi no se veía atraído por su belleza. El flechazo, dicen ambos, fue instantáneo.

«A diferencia de otras primeras damas, Peng personifica el papel que la mujer china quiere tener en la sociedad actual», explica Xu Anqi, sociólogo de la Universidad de Fudan, en Shanghái. «No es una mujer florero, se ha labrado una carrera y participa en programas sociales como embajadora de la Organización Mundial de la Salud. Su historia es como la de millones de personas que, con el auge económico, han accedido a la clase media. Si se lo permiten, puede servir de modelo para muchas mujeres».

Solo una primera dama ha tenido antes más protagonismo: Jiang Qing, la última esposa de Mao. Y no dejó buen recuerdo (fue la artífice de la nefasta Revolución Cultural que sufrieron los padres de Peng y de Xi). Desde entonces, las mujeres de los dirigentes chinos se han mantenido en la sombra. Pero Peng no puede evitar acaparar todos los focos.

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