Un armario de princesa

La realeza viste como nadie las creaciones de la alta costura… y el low cost. Los diseñadores reconocen que ellas tienen un gran poder como prescriptoras.

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Érase una vez una duquesa que convertía en oro todo lo que se ponía. El vestido de Temperley que llevó en el torneo de Wimbledon se agotó en solo unas horas. También el que se puso en su reunión con el matrimonio Obama, que días más tarde se vendía en eBay por el doble de su valor. El vestidito verde manzana de Diane von Fustenberg que vistió en la víspera de la boda de Magdalena de Suecia fue repuesto tres veces en su tienda en Madrid. Los pendientes que lució en las fotos oficiales de la pedida de mano solo se adquieren por encargo. «Se agotaron en todas las boutiques», afirma Eva Revuelta, directora de Marketing y Comunicación de Links of London España, la firma de la joya. Ha encumbrado a Alexander McQueen en una increíble maniobra de consolidación para su nueva directora creativa, Sarah Burton. Con su varita mágica, ha tocado a su marca de moda preferida, Reiss: de registrar pérdidas de 2,1 millones de libras en el último año ha pasado a obtener beneficios de 3,64 millones.

«La fuerza de Catalina de Cambridge reside en su personalidad. Consigue convertir un trapito de Zara en una imagen potente, y lo hace porque está cómoda en su papel», indica María José Rubio, historiadora y autora de varios libros sobre las reinas de España. Tiene precedentes en los que fijarse. ¿Los más poderosos? La Princesa de Corazones –a partir de marzo de 2012 se expondrán los vestidos de Lady Di en el Kensington Palace– y Grace Kelly. ¿Se imaginan a doña Letizia posando para una portada de S Moda? Puede parecer difícil (nosotros, encantados) pero no imposible: Carolina de Mónaco lo ha hecho ya tres veces para Vogue París. 

La realeza aprovecha su tirón para publicitar a creadores nacionales. Victoria y Magdalena de Suecia defienden a capa y espada a sus compatriotas. Visten Lars Wallin, Par Engsheden, Goran Alfredsson… ¡y H&M!

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Doña Leticia vistió de Mango en su visita a las instalaciones de la firma. Fue un éxito de ventas.

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En nuestro país, también tenemos quien nos promocione. «Es cierto. Cuando un miembro de la familia real lleva uno de nuestros modelos, aumentan sus ventas. Además, nos da prestigio y nos ayuda a expandirnos internacionalmente», afirma Úrsula Mascaró. Por su parte, Matías Rodríguez, de Armand Basi, que ha vestido a la princesa Letizia desde que era periodista, confirma que no tiene estilista: «Conoce muy bien su estilo. Doña Letizia se viste para trabajar, nunca ha pretendido ser la más guapa». Felipe Varela es su diseñador de cabecera, quien le aconseja en las ocasiones más especiales.

Ailanto, otros de los afortunados, explican que las prendas de su marca que viste doña Letizia son gestionadas desde la Casa Real, que les pide el catálogo dos veces al año. «Recibimos un gran impulso cuando viste alguna de nuestras creaciones. Tiene una gran cobertura y, por consiguiente, hay un gran público que se fija en su indumentaria». Sí, se fijan y la compran: los creadores Pablo y Mayaya, que diseñaron el sombrero que llevó en la boda de los duques de Cambridge, informan de que ya tienen pedidos del mismo modelo y que, en dos años, lo pondrán a la venta con modificaciones.

Los expertos opinan que más que un detalle, debería ser una obligación que las casas reales vistieran prendas autóctonas. «La monarquía existe, pues utilicémosla como una herramienta de comunicación y visibilidad», dice José A. Guerrero, experto en marketing y tendencias de moda del IED Barcelona.
 

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