¿Superará Magic City a Mad Men? (estilísticamente hablando)

La serie de televisión, ambientada en los glamurosos 50 y 60, se perfila como creadora de tendencias de moda. Se habla ya del “estilo Magic City” y se ha ideado una línea de lencería inspirada en sus personajes femeninos.

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Si Mad Men les abrió el apetito en cuestión de sofisticación, glamour y vestuarios impecables, y de momento no encuentran nada que pueda aplacarlo, deben hacerse fans de Magic City, la nueva serie de televisión que triunfa en el mundo –aunque todavía no ha llegado a España– , ideada por Mitch Glazer y que sucede en el Miami de finales de los años 50.

El hotel Miramar Playa, regentado por Ike Evans, encarnado por Jeffrey Dean Morgan, a quien se le empieza a conocer como el Javier Bardem americano, debido a su gran parecido con el actor español, es el escenario de la trama. Por aquí se pasean gángsters francamente cabreados, ya que la revolución cubana, recién salida del horno, ha acabado con sus sustanciosos negocios en La Habana; políticos corruptos –en un capítulo, un senador norteamericano, a quien alguien está tratando de sobornar, argumenta: “Yo no me vendo”, y a continuación añade: “ pero me alquilo”-; agentes de la CIA, millonarios sin nada que hacer, prostitutas a las que se le acumula el trabajo y los primeros balseros cubanos que llegan a la tierra prometida provistos, eso sí, de su candomblé.

Magic City, que se empezó a emitir en EEUU en abril del 2012 y que ahora está por su segunda temporada, ofrece intriga, aventuras, escenas de sexo, buenos diálogos y unos decorados y vestuarios extremadamente cuidados. El interiorismo del Miramar Playa es una mezcla del de los tres famosos hoteles de entonces: Fontainebleau, Deuville y Eden Rock y fue supervisado nada más ni nada menos que por el arquitecto Morris Lapidus, que diseñó el primero de ellos, que abrió sus puertas en 1954. La joya de la corona, en cuestión de decoración, lo constituye el Atlantis Lounge, donde se cierran los negocios sucios o se esgrimen las amenazas más rotundas en un ambiente selecto, frente a un mojito y con vistas a una pared que conecta, por medio de grandes ventanas circulares, a modo de acuario, con la piscina, donde increíbles mujeres nadan a modo de sirenas.

MAGIC CITY

Everett Collection

El vestuario es uno de sus puntos fuertes y muchos ya pronostican que Magic City pasará a formar parte de ese grupo de series de televisión en las que es tan importante lo que está pasando como lo que los personajes llevan encima, y que sigilosamente cambiará nuestros gustos en cuestión de estilo, como ha ocurrido con Sexo en Nueva York, Gossip Girl o Mad Men. La comparación con esta última es inevitable, ya que ambas acontecen en los sofisticados 50 y 60 y apostar quien desbancará a quien, estilísticamente hablando, resulta arriesgado, teniendo en cuenta lo alto que dejaron el listón Don Draper y su equipo. En las pasarelas de las colecciones otoño invierno del 2008-2009 influyeron claramente en diseñadores como Michael Kors, Tuleh, Dolce & Gabanna o Dsquired; Banana Repúblic y AMC colaboraron en una línea de ropa inspirada en las aventuras de los publicitarios de Madison Avenue, y la firma que se hizo cargo del vestuario masculino, Brooks Brothers, confeccionó un traje al modo de los que lucía el protagonista, que se agotó inmediatamente. Sin contar con que la serie se hizo con una legión de fans, entre los que se encontraban Donatella Versace o Claire Coulson, directora de estilismo del Harpers Bazaar inglés.

De momento, el 'estilo Magic City' empieza a ser tema en los blogs de moda y la firma de lencería y prendas de baño, Cosabella y el canal de televisión norteamericano Starz, que produce la serie, lanzaron el pasado mayo una línea de ropa interior, en edición limitada, inspirada en los personajes femeninos de la serie. 

magic city

Everett Collection

Las protagonistas son caracteres muy delimitados, que la ropa ayuda a definir, y muchas de ellas están inspiradas en actrices o celebrities de la época. Vera, interpretada por Olga Kurylenko, es la segunda esposa de Ike, el protagonista. Ex corista del Tropicana, su look tiene muchos puntos en común con el de Jackie Kennedy, a quien admira incondicionalmente: vestidos sobrios y sencillos, con hombros al aire, guantes y un cierto aire francés. Meg, a quien da vida la rubia Kelly Lynch, nos recuerda a Grace Kelly; Judi Silver (Elena Satine), una prostituta dispuesta a todo, es la viva imagen de Marilyn Monroe en sus mejores años y Lily (Jessica Marais), la mujer de Ben Diamond, apodado “El Carnicero”, un mafioso despiadado y magistralmente interpretado por el eterno secundario Danny Huston, podría ser una mezcla de Ava Gardner, Jane Russell y la reina de las pin ups, Betty Page. La prueba viviente de que las chicas de los gángsters no tienen que ser necesariamente rubias ni tontas, pero si deben tener tantas curvas como Jessica Rabbit.  “No llevo bragas”, le susurra Lily en un capítulo a su amante, cuando se lo encuentra en una fiesta a la que acude acompañada por su peligroso marido, a lo que él responde: “ yo tampoco”.

La diseñadora Carol Ramsey, responsable del vestuario de la serie comentaba en una entrevista, en abril del 2012, en Los Angeles Times que su fuente de inspiración fueron revistas de moda de la época, concretamente Vogue y Vanity Fair para los looks femeninos y Men’s Apparel para los trajes masculinos. “Organizaba todo en archivos, con secciones diferentes. Así, cada vez que necesita una guía, o ver como era el alto de los tacones, lo tenía todo allí. Y no era solo un ejercicio académico. Es importante, en series como esta, adentrase en la época. Porque una vez que estás allí, es entonces cuando puedes tomarte ciertas libertades”.

La segunda temporada ha registrado riesgos estilísticos mayores, como el de un biquini blanco que llevaba Lily en un capítulo, considerado por la mayoría demasiado atrevido para la época. “Tuvimos muchas discusiones respecto a ese biquini”, cuenta Ramsey al Los Angeles Times, “en mis libros de referencia tenía secciones sobre las chicas “buenas” y las chicas “malas” en referencia a la línea de baño y la lencería. Los biquinis existían y los llevaban las pin ups. Se podían comprar en Europa. Yo tengo una foto de una conejita de Playboy con un biquini de cuerda en la playa del hotel Fontainebleau. Ciertas chicas podían llevar eso, y Lily Diamond era una de ellas”.

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