A veces compramos para arrepentirnos después. Foto: Getty

Comprar algo estrecho por si adelgazas y otros errores impulsivos que no debes cometer este Black Friday

O todas esas compras que hacemos de forma impulsiva, pensando poco y con excusas peregrinas cuya inversión puede acabar en estropicio para el bolsillo.

  • Foto: Instagram.com @drmartensofficial

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    Zapatos que hacen daño. Invertir dinero en calzado que ya de entrada no resulta cómodo con la idea de que acabará cediendo o se amoldará a nuestra horma. O comprar ese último par de un modelo que fascina pero que no es exactamente tu talla con tal de no dejar pasar la oportunidad de hacerse con ellos. Más allá del gasto que no sabemos si finalmente resultará rentable, está el riesgo de forzar usando un zapato que nos puede causar molestias a corto plazo (ampollas, rozaduras…) o problemas en los pies derivados de llevarlo demasiado apretado, como el juanete.

  • Foto: A la izquierda, abrigo de Mango (59,99 euros). A la derecha, plumífero de Kenzo (565,00 euros)

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    Una prenda (cara) destinada a ser tendencia fugaz. La obsesión por conseguir ese abrigo de borreguito que previsiblemente acabarás viendo por todos lados en los próximos meses o desembolsar más de 500 euros en el ultimísimo plumífero metalizado. Gastarse un dineral en prendas y accesorios llamados a ser tendencias de ciclo corto no es lo más recomendable para la economía media. La grandes inversiones cobran más sentido (y rentabilidad) con los básicos atemporales o esas tendencias que estarán presentes a lo largo de cinco años. Para sobrellevar el antojo una opción es recurrir a las versiones low cost.

  • Foto: Instagram.com @glossier

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    Muchos cosméticos de una tacada. Una inversión descomunal con la intención de comenzar una skin routine diaria a lo coreano (10 pasos) cuando eres de esas personas a las que le suele dar pereza hasta desmaquillarse no parece tener futuro. Mejor tirar de sentido común y pararse a pensar cuánto tiempo y dinero se está dispuesto a dedicarle en realidad y, a partir de ahí, buscar productos específicos que se adapten.

  • Foto: Zara.com

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    Cualquier prenda que creas que no es tu talla o con la que no te sientas a gusto. Comprar bajo la excusa de 'me lo llevo aunque me quede estrecho porque pienso adelgazar' o 'me está holgado pero ya me repondré' es una iniciativa que fácilmente puede volverse en contra. No solo es probable que pasen los meses y siga sin convencerte cómo te ves con ella, sino que esta, colgada en la percha cada vez que abres el armario, puede llegar a convertirse en un peligroso recordatorio incentivador de frustraciones.

  • Foto: Instagram.com @mariobadescu

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    La enésima crema anti edad cuando aún tienes tarros llenos. Ese sentimiento ansioso que en la versión tuit que rescataba The Cut en este post de Instagram se resume en: “Me muero por que se me acaben los cosméticos para así poderme comprar más cosméticos”. La máxima anti derroche dice que mejor acabar antes de comprar.

  • Foto: Instagram.com @nikerunning

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    Zapatillas de running si no vas a correr. Cualquier calzado diseñado específicamente para una actividad que realmente no hacemos está destinado a suponer un gasto innecesario. Si la determinación por conseguirlo tiene que ver realmente con su estética o  lo que representa más que con que se le vaya a dar su uso específico, la inversión probablemente esté llamada a fracasar: cuanto más especializado y desarrollado esté un calzado, más caro será.

  • Foto: Instagram.com @uniqlo

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    La misma prenda repetida. Comprar dos veces ese jersey o falda que no te piensas quitar en todo el otoño por miedo a que se desgaste, se pierda o que nunca vuelvas a encontrar uno igual. La máxima expresión de la compra impulsiva que se puede paliar pensando que, si la prenda con la que nos hacemos es tendencia, es probable que dentro de un par de años no quieras usarlo y que, si es un básico, siempre hay ocasión de encontrarlo porque son cada vez más las marcas que hacen de los clásicos básicos su seña de identidad.

  • Foto: Getty Images

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    Cualquier cosa que esté rebajada solo por el mero hecho de estarlo. Si nunca te habrías comprado ese pantalón de cuadros a su precio original porque sabes que difícilmente te lo ibas a poner, ¿por qué gastarte (aunque sea la mitad) si, igualmente, es probable que no te lo pongas más de dos veces? Una lógica aplicable a cualquier impulso que surja ante la llamativa etiqueta de descuento.

  • Foto: Getty Images

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    Todo para el gimnasio (antes de apuntarte al gimnasio). Comprarse los leggings, sudaderas, sujetadores deportivos, la botella para llevar agua, la toalla… e ir a hacer deporte un mes. La inversión en ropa técnica que se acaba usando para andar por casa es evitable si antes de hacer el desembolso se crea el hábito. Apañarse con lo que se tiene en casa o invertir lo justo parece más sensato que hacer un gran gasto antes de garantizar una relativa continuidad.

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