¿Será Hadijatou Mani la nueva Malala?

Escapó de su destino y logró que Níger endureciera las penas contra la esclavitud. Lala Gomá lleva más de seis años intentando contar su historia. Hablamos con ella.

Hadijatou Mani

Foto: Facebook 'Hadijatou, j'accuse'.

Cuando el viernes 18 de abril de 2008 Lala Gomá abrió su edición impresa del diario El País no sabía que estaba a punto de tropezar con la historia a la que iba a dedicar los siguientes no se sabe cuántos años de su vida. Una esclava contra un estado, era el titular. Hadijatou Mani, el nombre de su protagonista. Y la lucha hacia la libertad de una mujer nigeriana sin formación, sin recursos y sin apoyos, el relato que impresionó profundamente a esta veterana reportera de TV3 a la que la noticia pilló jubilada y convirtió en “voluntaria y obsesionada”, como ella dice.

Porque, desde que supo de Hadijatou, Lala no ha hecho otra cosa que intentar contar su historia en un documental al que le falta el final y que no puede acabar de rodar por falta de recursos. No es optimista pero no se rinde. Y habla para S Moda sobre Hadijatou, la solidaridad femenina y los motivos por los que hay que contar ejemplos de valentía femenina como este.

La historia de Hadijatou es larga y compleja ¿Cuáles son sus puntos cardinales?

Es la historia de una esclava que consigue dejar de serlo. Una niña que, a los 12 años fue vendida por sus padres, también esclavos, por 320 dólares a un terrateniente que le triplicaba la edad y que comenzó a violarla a los 13. Durante una década fue forzada a trabajar, forzada a mantener relaciones sexuales y apaleada a diario por su rebeldía. Tuvo tres hijos con Naroua, su ‘amo’, de los que viven dos, que la repudian porque, en el contexto de Níger y a pesar de que gracias a ella las leyes se han endurecido, la tradición está muy presente y no entienden que escapara de la casa de su propietario pero luche por verlos. En fin, la historia de Hadijatou es la historia de lo que ocurre no tan lejos. Y, sobre todo, es la historia de una mujer sin ninguna formación, que no tenía referentes de libertad, ni de respeto a los derechos humanos pero cuya fuerza interior, sabiduría interior o como queramos llamarlo la llevó a denunciar su caso y a llevarlo a la máxima instancia judicial sin tener en cuenta las consecuencias. El tipo de historias que necesita la sociedad.

Durante los años que ha durado su proceso ha sido acusada de rebeldía y encarcelada.

Sí, porque ella ha luchado por su libertad individual y eso no se entiende. Allí no existe para una mujer. Hadijatou se escapaba constantemente de la casa de su propietario y en una de las escapadas se enamoró del que hoy es su marido. Su dueño la acusó de bígama, algo muy penado en el país para las mujeres pero no para los hombres porque, de hecho, a pesar de que la justicia la liberó de la esclavitud dictaminó que seguía siendo la quinta mujer de Naroua y estuvo encarcelada siete meses.

Comentas a menudo que Hadijataou te ha marcado ¿qué ocurrió cuando leíste su proceso?

Yo había terminado de trabajar en TV3 pero mi vida han sido los documentales y continúan siendo los documentales. Y de pronto, allí había una mujer joven, casi una niña, que era esclava, ¡esclava en el siglo XXI! Y que había logrado, prácticamente ella sola salir de su situación. Era una heroína. Me impresionó tanto que enseguida llamé a mi amiga Rosa Cornet y le dije “hay que ir a la busca de esta historia, hay que contarla”. Y así empezamos a ligar cabos: buscamos a la periodista que había escrito el artículo, Lali Cambra; nos pusimos en contacto con Anti-Slavery International, que a través de una pequeña ONG local, Trimidia, se había sumado a apoyarla en su combate contra las leyes y la tradición; luego fuimos a conocerla a Madrid, porque durante unos años tuvo muchos reconocimientos internacionales y, finalmente, pudimos ir a Níger para empezar a rodar el documental, pero las dificultades económicas lo han parado todo.

¿Qué es lo que más te ha conmovido de Hadijatou?

Por muchas dificultades que tengamos vivimos en un mundo más fácil y es difícil comprender lo que significa que una mujer tenga el coraje de plantar cara a su propia historia y a la historia de su país. No tenemos idea de lo que son las mujeres con coraje y fuerza. Aquí una mujer que ha sido comprada, violada, apaleada y encarcelada estaría en manos de psiquiatra y probablemente rota para siempre. Sin embargo, ella continúa. Su fuerza es un ejemplo para todas las mujeres y para toda la sociedad.

He leído que, además de intentar recuperar a sus hijos, ella intenta ayudar a otras mujeres.

Recuerdo que fuimos a un pueblecito, en el que solo hay mujeres y todas son ex esclavas. Allí grabamos una conversación en la que se ve cómo se apoyan. Son, de verdad, unas luchadoras y es emocionante ver cómo se ayudan entre ellas. Date cuenta que despertar allí es mucho más difícil. Tener consciencia de la propia vida es casi milagroso. Que una mujer diga “esto no”, “esta persona me da asco y no es mi dueño”, “no puedo dejar mi futuro y el de mis hijos en manos de otro”, no es normal allí con esa tradición sin referentes. Habla de su fuerza interna. Es muy especial, una revolución porque las esclavas no suelen rebelarse. Son muy pobres, no tienen alternativa ni conocen otra vida, ni tienen ejemplos. Hadijatou fue a ese pueblecito  y contó que no se doblegó, fue hermoso ser testigo de ese momento. Y aquí eso hay que contarlo.

De hecho, asocias estas circunstancias de esclavitud a algo que no está tan lejano de nuestra vida, en el sentido de que si lo que se sigue poniendo en juego es la libertad debemos usar la nuestra para promover la suya, ¿es el anclaje para entender, de verdad, la interconexión de un mundo global?

Soy muy escéptica, pesimista. Hay demasiada pared. La situación es tan bestia, hay demasiada barrera que ponemos para no tener que hacer nada, para no mojarnos. A los políticos no les importa lo más mínimo. Y sé que no puedo cambiar el mundo pero eso no quita que pueda ayudar a Hadijatou y a otras como ella si consigo sacar adelante el documental y contar su historia.

En tu blog hablas a menudo de la importancia de ‘contar’ y dices que esta historia te ha hecho mejor persona. ¿Por qué?

Yo tengo la idea de que los demás me ayudan, estar con ellos me hace ser más crítica y ver que puedo hacer algo por los demás me ayuda a mí, somos así de egoístas. Creo que ellas nos aportan porque su historia habla de la fuerza de las mujeres. Me aportan mucho, me ayudan. Salgo de mi entorno para saber que hay otras realidades y que siempre hay conexiones. Para mí, estos seis años de obsesión con el tema de la esclavitud comenzaron porque leí una historia. Fue así de sencillo. Luego la conocí y vi a una mujer muy tímida pero muy fuerte. Con una gran dignidad y que quería continuar la lucha. Ella desea contar su historia y ayudar a acabar con la esclavitud en su país y en el resto del mundo. Y yo querría ayudarla.

Sabemos que la Historia se hace de historias pero, en un mundo con tantos frentes abiertos se diluye la responsabilidad y los ciudadanos no sabemos qué peticiones atender. ¿Cómo convencer a alguien de que este proyecto es necesario?

Hay una enorme diversidad de temas y de historias. Pero toda la información es necesaria porque puede llegar a todos los niveles. Si tocamos la sensibilidad de alguno, como me tocó a mí, a mí ya me basta, me da empuje. Se dice siempre pero es verdad, con cada uno que sume se tendrían los medios. En cualquier caso hay que divulgar, hay que saber lo que ocurre, no mirar para otro lado, conocer las historias que están pasando a nuestro alrededor. Y si son de superación, mejor.

¿Es el ‘grano de arena’ tan relevante como las políticas?

Sí. Hay millones de personas esclavas en el mundo y hay unos 39.000 esclavos en Níger. Yo no lo sabía y ahora mira, es parte de mi vida diaria esto. Y es bueno que se sepa para poder decidir ayudar a los demás. Una mujer que lee esto en una revista femenina puede decidir poner su grano de arena. A mí también me gusta mirar abrigos, no es incompatible. Yo miro revistas femeninas y me gusta ver en ellas no solo zapatos sino temas de todas las mujeres. La historia de Hadijatou es un asunto de superación, de alguien que llega hasta el final. Todo suma. Y de las políticas mejor no hablamos.

¿Por qué?, ¿En qué punto está el proyecto?, ¿No tenéis ningún apoyo institucional?

No tenemos nada. Tuvimos a la tele pública catalana. Pero ya no. En Televisión Española tampoco interesa y los canales alternativos nada de nada. Tenemos más de la mitad de un largo y nos quedan 5 o 6 días de rodaje que son difíciles pero importantes, porque los hijos de Hadijatou siguen con el ‘amo’, el juez no le quiere dar la custodia a ella. Podría presionarse más, pero los 20.000 euros que faltan no aparecen y mi compañera y yo ya no tenemos nada más que poner salvo nuestro trabajo. La esperanza está en la web www.hadijatou.org. No vamos a cobrar pero me niego a no poder terminar el documental. Soy jubilada y voluntaria, me gusta decir. Ella ha luchado y sigue. Yo también voy a seguir luchando.

Hadijatou J’accuse es título del documental de Lala Gomá y Rosa Cornet al que le falta el final. La página web de su proyecto de crowdfunding nos acerca a la historia de Hadijatou Mani. El ejemplo de que, a veces, ganan los buenos y hay que afanarse en contarlo para que el final sea feliz.

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