São Paulo, mucho más que fútbol

Es la urbe más moderna de Brasil; el centro financiero de latinoamérica; una mezcla de arte, cultura y nuevas oportunidades: presentar un solo São Paulo es imposible.

São Paulo

El mundo mira a Brasil y siempre ve lo mismo: alegría, colorido y animales exóticos, como si eso estuviese todo el tiempo impreso en nuestra creatividad. Y tiene que estar, pero no de una manera gratuita o como una caricatura de lo que somos. El mundo aún espera ver a una Carmen Miranda del siglo XXI, y no tenemos más Carmen Miranda. El mundo espera que la gente desfile al son de Garota de Ipanema, pero eso pasó en los años 50. Brasil es hoy un país moderno e interesado en lo que pasa en el extranjero. Somos jóvenes, y por eso estamos abiertos a la creatividad transversal y a la mezcla», dice Paulo Borges, creador de la semana de la moda de São Paulo (SPFW) y uno de los impulsores de su industria desde hace tres décadas.

Mientras posa para la foto, Borges extiende los brazos delante de un ventanal en el noveno piso de una torre de oficinas en el centro de São Paulo, como si fuera a abrazar el skyline, como si su intención fuera agarrarlo y ponerlo sobre la mesa. Dentro de Brasil, un país del tamaño de un continente, lo que ocurre en São Paulo es único. «Es la ciudad brasileña más cosmopolita y global. Aquí ves todo lo que puedes ver en Nueva York, Londres o Berlín porque son características propias de una metrópoli donde hay una mixtura de razas y culturas. Y es el centro financiero de América Latina, así que es una ciudad rica. Brasil no tiene esa capacidad para mezclar y para innovar, pero São Paulo es muy diferente al resto», remata.

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El 95% de la moda producida en Brasil es para el mercado interno.

Roger Grasas

Las enormes distancias entre las regiones del país, entre el árido nordeste y el frío sur, no afectan solo al clima y al huso horario: de un extremo a otro florecen expresiones culturales que no tienen nada en común. Y debido a su pasado colonial, por las venas de los brasileños corre sangre indígena, africana y europea. Así que, efectivamente, no pueden huir de la mezcla. «Nuestra vocación por la moda existe desde la época de la colonización. La primera industria en Brasil fue la textil. Nuestra historia está marcada por los tejidos, primero para las ropas de los esclavos, después para la corte», explica Borges.

El comercio, la vida nocturna, la gastronomía y el arte reflejan también esta tensión entre tradición y modernidad que se respira en São Paulo. El Mundial monopoliza estos días el mercado de la calle 25 de Março, torre de Babel del consumo y uno de los principales focos comerciales de América Latina debido a su tráfico: se calcula que en un día puede acoger a 400.000 personas, hasta 1.500.000 en Navidad. Pero antes de los souvernirs de la Copa, ya convivían allí tiendas de armarinho (especializadas en agujas, hilos y utensilios de costura) y productos de alta tecnología, consolas pirateadas, perfumes de imitación, bolsos falsificados, millones de zapatillas de deporte.

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El Parque de Ibirapuera es lugar habitual de reunión de skaters y deportistas.

Roger Grasas

El andar lento y machacón que impone la Rua 25 de Março choca con el calculado ritmo comercial con el que se avanza en otras calles de compras, como Oscar Freire, una de las preferidas por las grandes marcas y los diseñadores, que cuenta con su mercadinho chic. De la misma forma, el Mercado Municipal, con sus pirámides de frutas tropicales como reclamo, o los mercadillos locales de los barrios Liberdade (japonés) y Bixiga (italiano) no tienen nada que ver con el lujo riguroso que impone la cadena de tiendas Daslu, que refleja otro Brasil: el de las telenovelas, seguidas a diario por la población con un interés comparable al del fútbol.

Modernizar el pasado. Tibira es un personaje conocido de la noche paulistana y uno de los revitalizadores de Rua Augusta, «que era famosa por sus drogadictos y prostitutas. Hoy acoge más de 20 bares, tiendas y clubs, y está en todas las rutas turísticas de la ciudad», cuenta. Se instaló en la zona en 2005 y estuvo detrás del emblemático club Vegas («que trajo a São Paulo a la nueva escena musical») y de Z Carniceria, un antiguo matadero reconvertido en restaurante de cuyos ganchos para la carne cuelgan ahora cuadros y fotografías. Su principal campo de acción actual es Caos, que funciona como tienda de antigüedades pop por el día, como bar por la noche e incluso tiene un programa de televisión propio en History Channel.

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En Vila Madalena también están de moda las tiendas gourmet artesanales, desde panaderías a queserías, como A Queijaria.

Roger Grasas

Retro Hair también ha crecido en Rua Augusta, una peluquería-barbería conceptual que busca inspiración en el siglo pasado. En su interior aloja un coche de época, una gramola, caramelos nostálgicos como los dadinhos y 7 belo y varias neveras vintage llenas de cerveza y refrescos a cargo de la casa. Pero también propone una vuelta a los métodos tradicionales del oficio de barbero, el corte a navaja, las toallas calientes, los aceites aromáticos, los masajes. Nació en 2009 con 12 trabajadores y hoy cuenta con 101, entre ellos un tatuador. «Incluso los tatuajes comenzaron haciéndose en barberías. Soy hijo de bahiano, me gusta tener la casa llena; por aquí pasan rockeros y niños y hay que ser cortés con todos. El desafío es ir más allá de la mera relación comercial con el cliente», cuenta su responsable, Rogerio Santos, que prepara la apertura de dos nuevos locales. Otra opción como barbería es la elegante Cavalera, en Oscar Freire, fundada por el batería de Sepultura, Igor Cavalera.

Esta preocupación por recuperar los procesos tradicionales está en el trabajo de Julice Vaz, quien desde 2011 ofrece en su panadería (la muy europea Julice Boulangère, en Pinheiros) una vuelta a la fermentación natural. «La mayor parte del pan en Brasil se realiza con procesos industriales. Nuestro fermento tiene casi un siglo, procede de California y exige un cuidado diario, conocimientos y técnica», explica.

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Diseñadores, grandes marcas y artículos de lujo se concentran en Oscar Freire.

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Ingredientes nacionales pueden encontrarse también en recetas de cocineros como el internacional Alex Atala, en cuyo restaurante, D.O.M. (en Jardins), se vale de la farofa, el açaí y el mango y actualiza los platos clásicos. En Pinheiros, al frente de Meats, Paulo Yoller solo usa carne 100% de vaca Nelore, predominante en Brasil, en sus hamburguesas. Y prepara una vinagreta con jambu, una flor de la región de Amazonas que produce un adormecimiento amargo en la boca.

La calle como escenario. El número de galerías y espacios de arte se ha multiplicado en los últimos años en el barrio de Vila Madalena. «Es una inmensa galería a cielo abierto», dice Baixo Ribeiro, quien fundó allí Choque Cultural hace 10 años. «Y nuestro local amplía esa experiencia en los visitantes al proponerse como una extensión de la propia calle», cuenta. Con su aspecto de casa de artistas, con esa insobornable fachada de colores que no tiene nada que ver con el típico cubo pintado de blanco burocrático de otros centros de arte, Choque Cultural «se integra en un barrio cuyo entorno también es objeto de intervenciones».

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El barrio de Bixiga, con gran presencia de población italiana, acoge uno de los muchos mercados callejeros de la ciudad.

Roger Grasas

El interés por el arte urbano de Ribeiro, que prepara nuevo espacio en Centro Velho («un zona que se está atrayendo nuevos negocios»), es extensible a los medios digitales y al tatuaje: «Me fascina la trasgresión que supone que el coleccionista sea también el soporte de la obra y que esta pueda ser pública o privada según decida su portador».

Es imposible huir de los tatuajes en São Paulo. Hay algo de ritual, de tribu, algo de código indescifrable en todas esas piernas y brazos manchados de tinta. En su estudio, Fábio Pimentel se sienta con su cliente y discute la propuesta «para elaborar algo exclusivo de común acuerdo». Su trabajo también busca las raíces: Fábio comenzó su carrera en 1995, después de pasar una temporada en contacto con el grafismo de los indios brasileños kadiweu, patajós y guaraní.

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Harmonia no es un jardín: es una tienda de arquitectura responsable en Vila Madalena.

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São Paulo se prepara para la llegada del Mundial. Y como decía Paulo Borges, no todo es alegría, así se palpa en las recientes manifestaciones. «Creo que la Copa ya pasó. Y que los brasileños la perdieron», sostiene el creador de la SPFW. «Lo que va a haber aquí es un campeonato deportivo, de marketing y económico. Pero todo lo que pudimos ganar ya lo perdimos. Brasil tuvo siete años para hacer una transformación, invertir en el futuro y dejar un legado a los ciudadanos, que ahora se sienten engañados». Para Baixo Ribeiro, sin embargo, los brasileños están ante una oportunidad. «La Copa permite mostrarnos como un país que ha perdido su ingenuidad. No queremos vender más una imagen de despreocupación. Queremos demostrar que somos conscientes de nuestros problemas y que también tenemos a una juventud creativa que está buscando soluciones a esos problemas».

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Choque Cultural fue pionera en el boom de galerías en Vila Madalena. Nació para representar a los jóvenes creadores de arte contemporáneo.

Roger Grasas

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La renovada Rua Augusta reúne negocios de éxito como Retro Hair, una barbería muy singular.

Roger Grasas

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La Mercearia São Pedro, en Vila Madalena, es un buteco tradicional frecuentado por amantes del cine y la literatura.

Roger Grasas

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