Sandy Powell: «No visto a las estrellas, sino a sus personajes»

La diseñadora más codiciada de Hollywood vestía a sus muñecas de niña. Hoy es fija en las películas de Scorsese. Y tras el éxito de Cenicienta presenta ‘Carol’ en Cannes.

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Foto: Jermaine Francis

Sandy Powell (Londres, 1960) es la diseñadora de vestuario titular en las películas de Martin Scorsese, con quien lleva 15 años colaborando. Tiene tres Oscar en su haber, un prestigio innegable y suficiente autoridad para decidir qué deben vestir las estrellas con las que trabaja. Pero comenzó creando vestidos de miniatura para sus muñecas junto a su hermana, antes de empezar a diseñar los suyos propios. «Siempre me gustó la ropa», afirma desde el comedor de su casa, en el barrio londinense de Brixton. Admite que lleva un año sin trabajar, aunque sea por voluntad propia. «Encadené tres rodajes seguidos –El lobo de Wolf Street, Cenicienta y Carol, que se presenta ahora en el Festival de Cannes– y llevaba dos años sin parar. Tampoco he encontrado nada que me estimule. Hoy solo se hacen películas ínfimas sin presupuesto o bien esas franquicias de mierda. No hay término medio», denuncia.

Powell siempre supo que quería dedicarse a esto. De adolescente, descubrió un espectáculo de Lindsay Kemp, bailarín y mimo surgido de la vanguardia londinense, con el que se formaron David Bowie y Kate Bush. «Entendí que quería formar parte de su mundo», recuerda. Se apuntó a uno de sus cursos y Kemp se encariñó con ella. «Le gustó mi pelo, que entonces era lila», dice. Poco después, fue aceptada en la mítica Saint Martin’s School de Londres. «Fue un tiempo muy creativo. Londres salía de la época punk, aunque yo nunca lo fui. Me gustaban más los vestidos victorianos», recuerda. Pese a trabajar para Hollywood, nunca se ha planteado mudarse allí. «Cada vez que vuelvo de Los Ángeles, doy gracias por venir de un sitio donde aún existen individuos y no solo una masa que viste exactamente igual».

Su paso al cine vino de la mano de otra figura de la vanguardia artística, el director Derek Jarman, quien le ofreció su primera oportunidad. En el rodaje de Caravaggio conoció a una actriz altísima y andrógina que respondía al nombre de Tilda Swinton: «Era igual de impresionante que ahora, aunque más callada. También era su primera película. Las dos creímos que todos los rodajes serían tan maravillosos como aquel. Y no lo fueron, pero fue un muy buen comienzo». Pocos años después, Hollywood le ofreció Entrevista con el vampiro, con estrellas como Tom Cruise y Brad Pitt. «No me sentí impresionada, que yo recuerde. Cruise fue simpático, aunque existía todo un protocolo a su alrededor. En general, el problema no es el actor sino su entorno», afirma.

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El vestido de Lily James en ‘Cenicienta’, película dirigida por Kenneth Branagh, ha sido uno de sus trabajos más alabados.

Jonathan Olley / Disney Enterprises Inc. / Image.net

Su primer Oscar llegó con Shakespeare in Love. «Estaba dividida, porque ese año también me nominaron por Velvet Goldmine, que me había llevado mucho más trabajo, ya que no teníamos ni un centavo para vestuario. Esa película significa mucho para mí, porque habla de mi adolescencia. Pude inspirarme en lo que recuerdo y no solo en imágenes de un libro», afirma Powell. Fue su primera colaboración con Todd Haynes, con quien repetiría en Lejos del cielo y ahora en Carol, de nuevo junto a Cate Blanchett tras el éxito de Cenicienta, para la que trabajó durante más de un año.

Aquel Oscar hizo que Scorsese llamara a su puerta. «No sé de qué me habló, pero seguro que fue de cine. ¡Solo habla de cine! Si viera esta silla seguro que encontraría una referencia cinéfila relacionada con ella», bromea. Su primera colaboración fue en Gangs of New York, de la que se siente «orgullosa», aunque fuera un fracaso comercial. «Era una película sobre la violencia en el año de la invasión de Irak. Los Oscar prefirieron celebrar a un grupo de chicas bailando», ironiza con flema británica. Ganó el vestuario de Chicago, a cargo de su mejor enemiga, Colleen Atwood. «La gente cree que nos odiamos, aunque nos llevamos bien», desmiente. «Además, está genial ganar tres Oscar, pero no significa que hayas hecho el mejor trabajo. Solo hay un tipo de películas susceptibles de ser nominadas», denuncia. Al ganar su última estatuilla, por La joven Victoria, dedicó el premio a los diseñadores que no trabajan en «películas de monarcas muertos o musicales glamurosos».

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Su último trabajo ha sido vestir a Cate Blanchett en ‘Carol’, película que se presenta en Cannes.

Cortesía de Number 9 Films Ltd. / Photography by Wilson Webb

Asegura que las estrellas suelen ser respetuosas con su trabajo. «Los actores son vanidosos, pero todos lo somos. En alguna ocasión me han puesto una estilista y soy la peor de todas. La diferencia es que yo no visto a esas personas, sino a sus personajes. A veces, los actores se olvidan de eso». Entre los más respetuosos e ingeniosos sitúa a Blanchett y a Daniel Day Lewis, «inteligentes e interesados en la ropa».

Nunca quiso dedicarse a la moda, aunque dice que le inspiran sus diseños. «Me gustan Balenciaga, Vionnet y Madame Grès, toda esa alta costura parisina de otra época. De los contemporáneos, escojo la deconstrucción de los belgas y los japoneses. Todo el vestuario femenino de Gangs of New York surgió de los diseños de Yohji Yamamoto. También me gustan Jean Paul Gaultier y Alexander McQueen, aunque a este último se le utilice en exceso. Últimamente, no hay película donde no vea algún vestido inspirado por él».

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