Revueltas, racismo y objeto de lujo: la capucha es la prenda más controvertida de nuestra época

Het Nieuwe de Rotterdam alberga la exposición 'The Hoodie', una muestra que ilustra las complejidades simbólicas y políticas de la capucha, quizá la prenda más polémica del siglo XX.

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    Desde este diciembre y hasta abril el Het Nieuwe de Rotterdam alberga la exposición 'The Hoodie', una muestra que ilustra las complejidades simbólicas y políticas de la capucha, quizá la prenda más convertida del siglo XX. En la imagen, la sudadera Eunify, creada por la marca Koenig, cuyo logo se posiciona en contra del Brexit.

  • Foto: Gettyimages

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    Aunque la capucha como tal tiene un milenio de vida, la 'hoodie' o sudadera con capucha nació en 1930 de la mano de la marca Champion. Como el vaquero (la otra gran prenda con una historia controvertida) nació como pieza pensada para los obreros que trabajaban a la intemperie. Pronto su uso pasó del entorno del trabajo a los deportes al aire libre, pero durante décadas fue impensable que la capucha formara parte de la indumentaria para el día a día.

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    Aunque ya era común entre los boxeadores, cuando Sylvester Stallone la lució en 'Rocky' (1976) la capucha adquirió el estatus de prenda icónica. Fue entonces, a principios de los ochenta,  cuando la diseñadora Norma Kamali la subió a la pasarela.

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    Fueron los grafiteros de los ochenta los que comenzaron a popularizar la capucha en las calles. Al taparles la cabeza era muy complicado identificarlos si los pillaban pintando. Fue entonces cuando est aprenda comenzó a asociarse con el vandalismo; un prejuicio que persiste en nuestros días.

  • Foto: Gettyimages

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    Cuenta la leyenda que los raperos comenzaron a llevar vaqueros anchos y caídos porque era su forma de simbolizar el uniforme de las cárceles (y denunciar así de forma implícita el racismo que rodea al sistema peninteciario americano). Por el mismo motivo el rap se apropió de la capucha: si su uso simbolizaba rebeldía y delincuencia, era 'justo' alardear de ella para reivindicar la falta de privilegios de la comunidad negra.

  • Foto: Gettyimages

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    La unión entre capuchas y protestas lleva más de dos décadas consolidada en el imaginario colectivo. Durante las revueltas de Londres en 2011, la prenda estuvo tan asociada al vandalismo urbano que el entonces primer ministro, David Cameron utilizó la metáfora de 'abrazar las capuchas' (hug a hoodie) para hablar de la 'reinserción' de los  jóvenes que habían participado en las revueltas.

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    Y así fue como el prejuicio acabó en tragedia: en 2012, George Zimmerman, un voluntario que vigilaba en barrio de Sanford, en Florida, llamó al 911 alertado por un joven que le parecía sospechoso. "Lleva una capucha negra", le dijo a la policía. Acabó disparándole alegando defensa propia, aunque el delito de Trayvon Martin f ponerse aquella sudadera. Zimmerman fue declarado inocente, y el caso abrió un debate en Estados Unidos: de un lado, los que, escudados en el racismo y el clasismo, clamaban por la supuesta 'inquietud' que provocan los jóvenes encapuchados. De otro, nuemerosas celebridades, líderes de opinión y gente de a pie que se pusieron sus capuchas en señal de repulsa.

  • Foto: Imaxtree

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    Raf Simons, cuya principal fuente de inspiración son las subculturas juveniles, es toda una referencia en lo que a 'capuchas de firma' se refiere. Su discurso, siempre con un pie en la crítica social y otro en las referencias underground, alcanzó el clímax en 2003, cuando presentó una colección cargada de ironía inspirada en las revueltas y las huelgas juveniles.

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    En los últimos años, la vuelta de la capucha a las pasarelas la provocó Vetements. El colectivo georgiano que ha estado en boca de todos la convirtió en su prenda estrella (y en un lienzo para estampar sus mensajes y símbolos irónicos) y la calle, firmas low cost mediante, acataron la propuesta.

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    El controvertido significado de la capucha hace que su uso corra por cauces antagónicos: por un lado, el estereotipo racial, por el otro, su papel como uniforme de los  gigantes de Silicon Valley.

  • Foto: Imaxtree

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    Sea por la obsesión del lujo por la moda urbana o por el poder prescriptor de Vetements (o por las dos cosas) este invierno llevar la capucha puesta es tendencia. De izquierda a derecha: los desfiles de Burberry, Missoni y Vivienne Westwood

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