Redes sociales: ¿el presente del ‘fitness’?

Facebook facilita información sobre horarios y permite hacer consultas a los entrenadores

Fitness

Foto: Cordon Press

Hace tres años, Carmen Daniel (consultora y experta en redes sociales, más de 40 años de edad, fumadora, con vida sedentaria y el interés justo por la actividad física) dejó los cigarrillos y empezó a practicar running con regularidad y ciclo indoor en un centro deportivo municipal cercano a su casa en Madrid. Afirma que su punto de inflexión tiene nombre propio: RunKeeper, una aplicación para el smartphone que le ayuda a diseñar entrenamientos y medir logros, y que además la pone en contacto con otros corredores, con quienes comparte rutas, consejos y experiencias. «Gente que nunca se había planteado entrenar de una manera ordenada y reglada ahora tiene recursos para hacerlo», reflexiona. Herramientas que jamás se le habría pasado por la cabeza comprar pero que ahora están a su alcance en el móvil: pulsómetro, cuentakilómetros y acceso a una comunidad de internautas que relatan casos de éxito.

Motivación es la palabra que los especialistas terminan mencionando, más pronto que tarde, cuando se les pregunta por la aportación de las redes sociales al mantenerse en forma. La otra es socialización. Ambas ostentan similar importancia en el argumentario de Jesús Rebollo, profesor del Master in Sports Management del IE Business School. «El 2.0 y el 3.0 convierten en sociales aspectos hasta ahora individuales, por ejemplo las compras». Antes, te podías ir de shopping con dos amigas, pero ahora entras a una tienda y lo gritas –online– a los cuatro vientos en Fours-quare. Algo parecido empieza a ocurrir en el mundo del fitness, según Rebollo. En lo de compartir información –una maratón que se corre en Valencia, el material útil para salir un día de lluvia…– con una serie de allegados que tú eliges y que físicamente pueden encontrarse en cualquier parte del mundo; y en la posibilidad de que las marcas entren en el juego y lancen ofertas personalizadas en función de tus gustos. El 43% de la población entre los 15 y los 17 años, un 6% más que en 2005, cerca de 16 millones de personas, hacen ejercicio en España, según una encuesta de 2010 sobre hábitos deportivos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La mayoría, al margen de clubes o asociaciones, sin afán de competir. Dos de cada 10 cogen la bicicleta (hay una en un 58% de los hogares); 13 de cada 100 practican footing o running. Y cada vez tienen más aplicaciones a su disposición. Si introducimos sport en el buscador de la tienda de Apple, aparecen 216 resultados: contadores de calorías, consejos nutricionales; hay una que convierte el iPhone en un ordenador para la bici y otra que transmite los datos de la báscula al iPad. Nike + iPod (que por cierto utiliza Rebollo) se anuncia como un entrenador personal y funciona con un sensor en la zapatilla que está sincronizado con el teléfono y permite programar la música según la intensidad del ejercicio.

Un parque, una calle, el campo, la montaña. Es verdad que ha aumentado significativamente la querencia por los espacios abiertos, públicos, a la hora de hacer ejercicio. Pero también es cierto que la gimnasia de mantenimiento sigue siendo lo más practicado, con un 35% de adeptos, según el estudio del CIS. De puertas para adentro, en un centro deportivo, ¿cuál sería la importancia de las redes sociales? «Muchísima, son fundamentales», asegura Ricardo Altimira, consejero de la consultora especializada en

Healthness Ibérica, quien esgrime el argumento de la motivación, elevado, en este caso, a categoría de factor de éxito. «El centro ha de ser capaz de estimular su servicio mediante la generación de contenidos virtuales [preguntas, consejos, respuestas a dudas por parte de los entrenadores personales, por ejemplo] o creando eventos en su web o en Facebook que animen a participar a los socios».

El día que hablamos con Laura Gómez es víspera de Halloween. La directora de proyectos de la Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones Deportivas (FNEID) pone la mano en el fuego por que esa tarde más de un asociado ha convocado online a sus clientes para que acudan disfrazados a su clase de zumba o de capoeira. Las redes sociales permiten desde informar sobre horarios y ofertas hasta fidelizar a la parroquia mediante promociones, según enumera. Ejercen de barómetro para conocer quién acude regularmente y participa; quién se matricula y al poco desaparece. «Los comentarios y sugerencias nos ayudan a mejorar». Se torna indispensable ofrecer un servicio más cuidado a consumidores cada vez mejor informados, que se apuntan a pilates o natación no por moda o estética, sino preocupados por su salud. Desde el punto de vista del usuario, la tecnología se lo pone más sencillo a quien se sube a una máquina y mete un dispositivo USB que almacena lo que lleva hecho hasta el momento, su trayectoria y los objetivos marcados para la sesión que comienza. «Por qué no dar un paso más y pensar en gimnasios con conexión a Internet, donde cada matriculado tiene su propia cuenta, con su perfil», aventura Rebollo. Así podría compartir con el resto la alegría por lo bien que le ha salido la tanda de flexiones o su decepción porque no progresa todo lo que debiera. De nuevo, el componente social; de nuevo, su utilidad para perseverar y contrarrestar ese momento de bajón y apatía que muchas veces sucede a la euforia inicial. «Es típico apuntarse a un gimnasio o empezar a correr en septiembre o enero, y que luego dé pereza y el entusiasmo decaiga. Resulta más fácil si hay una red de amigos que preguntan, se interesan, empujan para que no abandones», describe el profesor del IE.

El 2.0 provee de compañía (‘online’) a quien anda, corre o pedalea en solitario; quizá esté ayudando –es solo una hipótesis sin refrendo científico– a que este tipo de disciplinas ganen terreno. «Hay más gente corriendo gracias a las aplicaciones», asegura Daniel. También mejora las prestaciones y abre orejas virtuales a una instalación deportiva. Es herramienta, valor añadido, facilitador; nunca sustituto. Ricardo Altimira no concibe un futuro sin gimnasios y de gente haciendo cinta, yoga o aerobic en su salón y en la Red a través de Internet. Ninguno de los expertos consultados se imagina semejante escenario. «Está el tema de las infraestructuras, que resulta crítico», apunta Rebollo. Ni siquiera Bkool, que es una red social nacida este mismo año en España para practicar ciclismo en casa (a través de un dispositivo especial que se conecta a la bicicleta), se lo plantea. Sus promotores hablan más bien de una propuesta complementaria al gimnasio o a la salida de fin de semana.dd

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