Qipao: la historia del legendario y erótico vestido que pasó de la dinastía Qing a las calles de todo el mundo

En el veinte aniversario de la película 'Deseando Amar' (2001) la prenda estrella del vestuario que luce su protagonista Maggie Cheung sigue más vigente que nunca. Si ya reapareció el pasado otoño en manos de Altuzarra, esta temporada triunfa con versiones más reducidas y tejidos veraniegos como el lino o la seda.

  • Foto: ‘El mundo de Suzie Wong’ (1960) y mujeres con un vestido cheongsam en 1937. I GETTY IMAGES.

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    De la dinastía Qing a los convulsos años sesenta. Sus orígenes en China se remontan a la dinastía Qing, comprendida entre 1644 y 1912. El imperio multicultural Qing duró casi tres siglos y formó la base territorial para el Estado chino moderno, fue a finales del siglo XIX cuando las cortesanas de Shangái lo modernizaron adoptando la forma popular que conocemos hoy. Esta abraza con fuerza la figura de la mujer en el tren superior, y se relaja con dos aberturas en los laterales para facilitar el movimiento. Popularizado también por la palabra en cantonés cheongsam, es reconocible por el cuello alto de estilo mandarín, a menudo almidonado, además de la hilera de botones de cierre de rana que cortan el pecho asimétricamente. Aunque en los años cincuenta cayó en desuso en el mundo oriental cuando Mao impuso la obligatoriedad del uniforme, en Hong Kong, bajo el control británico, siguió siendo un símbolo y en Occidente el filme El mundo de Suzie Wong (1960) acercó a Occidente el poder enigmático y sensual de esta prenda centenaria, protagonista del vestuario de la actriz cantonesa de madre británica Nancy Kwan. Más tarde, en los años setenta, Yves Saint Laurent lo reivindicaría en sus colecciones orientalistas, de las que nacieron mitos de la perfumería como Opium, y que tres décadas más tarde inspirarían también a Tom Ford, John Galliano y Jean Paul Gaultier.

  • Foto: Deseando Amar (2001).

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    Maggie Cheung, su gran defensora (en la ficción). Ante el sublime entramado de relaciones ilícitas que concibió Wong Kar-Wai para Deseando Amar (2001) solo hace sombra el armario que su protagonista Maggie Cheung luce durante toda la cinta. Una veintena de qipaos que disecciona al milímetro el blog de The Pankou, y que toca todo tipo de tejidos, adornos y estampados, desde cuadros vichy a rayas, flores sixties, transparencias o el omnipresente rojo de la cultura del dragón. Piezas de coleccionista que fueron creadas en talleres de Shanghái que dan testimonio de cómo se amoldó el vestido más popular de la cultural oriental a una nueva época, en el que Hong Kong estrechaba distancias con Occidente. Incorporar un cremallera a la espalda para facilitar su uso fue un ejemplo. El corte en diagonal del pecho, las aberturas laterales o el corte bajo la rodilla, en cambio, siguen intactos en esta historia de amores imposibles anclada en los años sesenta.

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    Shanghai Tang. Este diseño de la que  proclamada primera firma de lujo de China hubiera hecho las delicias de Maggie Cheung en  Deseando Amar. En color rojo (el predilecto de las novias chinas) y un vibrante estampado de rosas en algodón y seda, este vestido confeccionado por artesanos de la región es un fiel reflejo del glamour que acogió Shanghái​ en los años 30, conocido como el París de Oriente.

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    El comodín de las galas americanas. Son numerosas las celebrities que han sucumbido al 'efecto qipao' en sus apariciones públicas. Memorable fue el diseño borgoña que llevó Madonna en la actuación de Take A Bow durante los American Music Awards de 1995, al igual que el vestido satinado con el que Demi Moore se alzó como mejor actriz en los premios MTV Movie tres años antes. Ambos modelos se ciñen a la silueta original (larga y ajustada en las caderas) mientras que el street style apuesta por nuevas interpretaciones, más escuetas en tamaño, pero con sugerentes estampados chinescos. En la imagen, la modelo y actriz Klara Kristin.

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    Mango. Con un diseño midi, este vestido recoge la esencia del vestido oriental sin adornos superfluos que acaparen el protagonismo de su silueta entallada. Confeccionado en tejido de punto fino para hacerlo más cómodo, el cuello mandarín se sustituye por uno redondo y acentúa las aberturas del pecho con botones de cierre de rana, típicos de la artesanía china.  

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    De La Vi. El tradicional cheongsam (en formato mini) inspira cada colección de la firma londinense creada por Jana Haveman y Laura Castro en 2017. La artesanía de Oriente y la gama de colores ancladas en el sol son fruto de su paso por Ibiza, lugar en el que se gestó el proyecto antes de asentarse en Kingsland Road. El cuello mandarín es el sello de su vestido Suki, diseñado en poliéster satinado y rosa bebé.  

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    Rixo. En la interminable lista de vestidos lolita que diseñan Henrietta Rix y Orlagh McCloskey cada temporada nunca faltan varios qipaos pero en clave siglo XXI. Su propuesta estival añade al clásico oriental tres pilares de su firma: estampados pintados a mano, la feminidad del patrón evasé y una paleta empolvada. Un look muy británico para combinar con botas o merceditas de terciopelo.

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    Alexa Chung. El besteller de la marca que lidera la modelo británica se perfecciona cada temporada pero manteniendo la silueta del qipao a raja tabla. Su objetivo, como cuenta la web, es ajustarse a nuestro cuerpo de forma cómoda y permitirnos aguantar con dignidad toda la noche hasta coger el taxi de vuelta a casa. Su última versión está confeccionado en poliéster satinado y cuenta con una hilera de perlas que acentúa el diseño asimétrico del original.

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    Zara. La silueta ajustada que caracteriza al vestido qipao se relaja en esta versión veraniega de lino y colores desvaídos. Confeccionado con recortes de telas florales, incluye un cinturón para ceñir el volumen a la cintura.

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    Saloni. La elegante costura de Saloni Lodha se alía con los diseños en joyería de su amiga Eugenie Niarchos en esta obra de arte con la que vestir las noches frescas que persisten en el alto verano. Las diseñadoras pusieron en común su bagaje bohemio para crear Taro, un vestido inspirado en el clásico cheongsam de terciopelo azul noche. La silueta lápiz que marca el cuello mao se remata con botones de mármol.

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    Kling. Asociado normalmente a eventos nocturnos y fiestas populares, el qipao se despoja de la formalidad para llevarlo este verano, incluso, con zapatillas de deporte. Con un miniestampado de rosas y porcelanas y botones de tela, es ese vestido todoterreno que nunca falta en la maleta de verano.

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