Puedes vivir al lado de una casa encantada (y probablemente no lo sepas)

Clara Tahoces, autora de 'El gran libro de las casas encantadas', nos explica la historia de cinco de estos fenómenos, del barrio de Salamanca a Vallecas

Puedes vivir al lado de una casa encantada (y probablemente no lo sepas)

Fotograma de 'Expediente Warren'.

Pueden estar mucho más cerca de lo que piensas; tal vez en la siguiente manzana, o a la vuelta de la esquina. Según explica Clara Tahoces, autora de El gran libro de las casas encantadas (Luciérnaga), «en principio no hay áreas más susceptibles presentar estos fenómenos: se dan en casas antiguas, pero también en edificios modernos e incluso en centros de trabajo, aunque puede ser, y esto es más bien una opinión, que cuanto más historia tiene una zona, es más posible, porque las casas encantadas tienen que ver con el lugar». De hecho, según esta diplomada en Grafopsicología y Especialidades, estos sucesos no entienden de geografía, y se reparten por toda España. Para escribir su libro, ha hablado con testigos y realizado investigaciones de Vallecas a Granada pasando por Mejorada del Campo. Además de los ejemplos más recurrentes –como el Museo Reina Sofía, la Casa de las Siete Chimeneas propiedad del Ministerio de Cultura o el Palacio de Linares– esta colaboradora de Cuarto Milenio ha querido hablar en su obra de viviendas anónimas cuyos habitantes han notado fenómenos paranormales. En muchos casos, incluso prefieren no dar la localización exacta del edificio –habla de un piso en Malasaña, un colegio abandonado en la zona norte de Madrid y un hospital, también en la capital–, aunque otros son conocidos e identificables, como la comisaría de la Policía Local en Navalmoral de la Mata (Cáceres).

1-‘Poltergeist’ en Embajadores

En 1991, una familia comenzó a notar cosas extrañas en su piso de 80 metros cuadrados de la madrileña calle Embajadores. «Creo que se trataba de un caso de ‘poltergeist’, que se diferencia de una casa encantada en que en el primero provoca los hechos una persona viva que reside o trabaja ahí, que puede estar originando el fenómeno sin saberlo, y en el segundo parece que todo está ligado al lugar», explica Tahoces. En este piso vivía una familia de seis personas. «En un principio solo notaba cosas un hijo, creí que podía ser por un trastorno del sueño. Veía una garra con tres dedos y pensé que podía ser un recuerdo reprimido de un trauma que había dejado una huella psicológica, pero luego los fenómenos pasaron del hijo al resto de la familia: funcionaba la lavadora sin estar conectada a la red, cuando dormían olía a gas y se levantaban y la espita estaba abierta…», recuerda la autora, que reconoce que «a veces estos fenómenos se amplifican a causa de la sugestión». Poco a poco, todo fue remitiendo. «La particularidad de los ‘poltergeist’ es que son más cortos en el tiempo; se supone que una vez que pasa el estrés de la persona viva que lo provoca, va desapareciendo», concluye Tahoces.

2-Un indiano en Arenys de Mar

Ésta es la historia de un indiano, Josep Xifré i Casas, que nació en 1777 y se fue a La Habana a hacer las Américas. «Hizo una gran fortuna, no se sabe muy bien de qué manera, y al volver hizo una obra para la comunidad, una casa que quería que fuera un hospital, aunque nunca consiguió ese propósito. Al morir se le enterró allí mismo en un mausoleo, y las dependencias son ahora del Ayuntamiento. Los trabajadores oían ruidos, notaban descensos de temperatura… Y un día, en un túnel que la conecta con una residencia de ancianos, estaban haciendo unas obras porque hubo una inundación que afectó al tendido eléctrico, y uno de los técnicos, que era argentino y no conocía la historia, vio a un hombre con ropa de época en el túnel y le dijo que no podía estar ahí, pero no recibió respuesta. Cuando lo describió y le enseñaron una foto, lo identificó como Josep Xifré», relata Tahoces. Junto a Manuel Martín-Loeches, neurocientífico cognitivo y profesor de psicobiología en la Universidad Complutense, fue al lugar para realizar unas pruebas con el testigo, «y todo indicaba que no era una alucinación ni una sugestión colectiva».

3-Los misterios del ‘caso Vallecas’

Lo curioso de este caso, asegura Tahoces, es que hubo una intervención policial de por medio. Todo comenzó en 1991 en un piso de Villa de Vallecas. «Una pareja tenía una hija que, tras hacer una sesión de ouija, empezó a tener ataques y en uno de esos ataque murió. Después, empezaron a notar cosas en la casa: una foto de la niña ardió por combustión espontánea, solo se quemó eso, nada más de la vivienda; había objetos que volaban de un lado a otro… Estaban tan asustados que llamaron a la Policía, que pasó miedo y experimentó también los fenómenos», narra Tahoces, quien asegura que «en aquella época se buscaba la versión más estrambótica y esta noticia se filtró y se divulgó de forma muy sensacionalista». En su opinión, «el fenómeno lo provocaba probablemente la madre sin querer».

4-En pleno barrio de Salamanca

«Los fenómenos no suceden solo en casas humildes o en lugares apartados, afectan a gente de todo nivel económico y social», afirma Tahoces. Como ejemplo pone un piso «luminoso, exterior y totalmente reformado» en el barrio de Salamanca de Madrid en el que vivían tres amigos en el año 2000. «Cuando estaban viendo la televisión, veían pasar una sombra por el pasillo; otra vez estaban cocinando y en la casa de enfrente, donde no vivía nadie, vieron a una mujer con el pelo corto engominado, la ven con detalle. Lo comentan con el portero y una vecina, que reconocen en la descripción de esa mujer a una antigua vecina con problemas mentales que vivía con su madre hasta que ésta falleció y a la que acabaron ingresando en una clínica, donde murió», relata la escritora. Al visitar la casa, Tahoces comprobó que estaba vacía y abandonada. Estos fenómenos no gustaron a los inquilinos, que acabaron dejando su piso, y a los que no les gustaba comentar los sucesos: «Los testigos tienen un doble estigma, porque no quieren contar lo que les ocurre, a veces les da miedo decirlo, por ejemplo cuando es en su centro de trabajo, por si los despiden».

5-La casa del suicida en Cantabria

Es el caso más actual que ha registrado en el libro Tahoces; data de este mismo año. «Parece que en esta zona de Cantabria hay un alto índice de suicidios. Un padre y un hijo se fueron a vivir de alquiler a una casa de dos plantas en un pueblo en la que había vivido una persona que se había suicidado 15 años atrás. El padre conocía a esa persona, incluso habían sido amigos. Oían ruidos en el altillo, como ocurría en la película de ‘El exorcista’, y no sabían de dónde venían, y escuchaban golpes procedentes de la casa de al lado, que estaba vacía. Después de dos meses así se empiezan a asustar y preguntan por la casa de al lado, y les dicen que el inquilino se fue porque oía ruidos. Hicimos pruebas de psicofonías y en los registros se oye chirriar de puertas, pasos de hombre… Ahora los fenómenos han remitido poco a poco». El padre y el hijo siguen viviendo ahí. «Depende del temple de las personas; muchas no lo aguantan y se van, pero otras se acostumbran o, a veces, simplemente no pueden cambiarse por cuestiones económicas; e incluso lo silencian para que la gente no sepa lo que ocurre», explica la escritora.

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