Por qué ser un buen conversador te puede facilitar la vida

Expertos en comunicación resumen las seis claves para tener una conversación fluida que nos abra más puertas en lo laboral y en lo personal.

conversacion

Conseguir un trabajo cada vez es una tarea más ardua. Antes bastaba con presentar un currículum más o menos estándar donde destacase tu carrera, idiomas y experiencia laboral. Ahora hay hasta cursos para hacer que tu currículum destaque por ser el más innovador y creativo. Pero incluso si el headhunter de turno nos ha seleccionado, la prueba definitiva será la entrevista donde tus habilidades como conversador serán clave.

Ni si quiera solo para encontrar trabajo, en un mundo en el que todo depende de las primeras impresiones, la capacidad de generar buenas relaciones sociales, contactos o incluso, tener más éxito en una cita rápida, saber mantener una conversación parece una habilidad clave.

Amanda de Cadenet, conocida por conducir el programa de entrevistas ‘La Conversación’, en el que ha charlado con mujeres tan relevantes como Hillary Clinton, Jane Fonda, Ivanka Trump o Lady Gaga es consciente de cómo saber llevar una buena conversación puede abrirte puertas. Es por ello que acaba de publicar el libro It’s Messy, en el que recoge consejos que ha aprendido en sus entrevistas.

Estos son algunos como lo importante que es leer el lenguaje corporal para saber si tu interlocutor miente, cómo hablar “del elefante que hay en la habitación”, aprender a ser confiable para que la otra persona se abra contigo o cómo empoderarse como mujer y profesional, pasa por dejar de buscar la constante aceptación, amor y reconocimiento de los otros. A veces ese exceso de inseguridad, es lo que crea una peor impresión cuando precisamente nos estamos empeñando en mostrar lo contrario.

Las 6 claves de una buena conversación

Si bien los consejos de Cadenet están basados en su experiencia profesional y personal, tienen mucho de cierto, es por ello que analizamos las claves para mantener una buena conversación con expertos en comunicación:

1. Generar confianza: Parece que uno de los primeros consejos de Cadenet tiene toda la lógica. Si la otra persona confía en nosotros, la conversación será más fluida, pero, ¿cómo se consigue eso? César Toledo, experto en Comunicación no verbal aporta que “la escucha activa es un recurso muy útil para que la otra persona nos hable. Devolver un feedback positivo, asentir, expresar una cara amable, emplear miradas reflexivas, exponer nuestro torso hacia el otro, mostrar las manos, son conductas que ayudan en la comunicación crítica, sobre todo si van acompañadas de técnicas verbales como el parafraseo o el refuerzo de conceptos, sin juzgar ni censurar”. Además, añade que es importante saber manejar bien el contacto visual. “Normalmente el contacto visual abre los canales de la comunicación, pero en temas difíciles puede provocar el efecto contrario e intimidar a nuestro interlocutor. A veces basta con apartar la mirada para facilitar que el otro cuente algo delicado o que le avergüenza”.

2. Interpretar los silencios y gestionar los tempos: Por su parte, Teresa Baró, consultora en comunicación profesional aporta que no solo hay que gestionar lo que se hace, sino también lo que no se dice, es decir, los silencios. “Un diálogo es un baile donde se va alternando palabra y silencio, por eso en una buena conversación estos deben estar equilibrados. Tenemos una serie de códigos verbales y no verbales que regulan la interacción” y eso incluye saber cuándo toca hablar o cuando toca callar. En este sentido insiste en que los tempos de la conversación también hacen que esta sea más fluida. “El ritmo también es importante, puesto que no hay que olvidar que los dos enemigos clave de una conversación de calidad son las interrupciones y los monólogos”.

3. Aprender a detectar mentiras: No se trata de imitar una escena típica de las series policiacas, y es que a veces para saber cuándo alguien no es sincero no es necesario un detector de mentiras. César Toledo explica que hay mucha literatura sobre indicadores conductuales del engaño, pero lo cierto es que los dos únicos que son realmente fiables son “mantener la mirada más fija de lo normal y gesticular menos de lo habitual”. La idea es que ambos se producen a causa “de una sobrecarga cognitiva que requiere el ejercicio de mentir”, aunque el experto considera que no se trata de un método infalible porque “por sí solos no son indicadores suficientes”. Por ello, su consejo es que “cuando tu intuición te diga que hay algo raro en el comportamiento del otro, hazle caso e investiga, pero no te dejes condicionar por los sesgos ni los prejuicios, porque de antemano no hay ninguna garantía de que tus sospechas sean fundadas”.

4. Elegir el momento: Está claro que hay momentos clave en los que entrevistar a una personalidad tiene mucha más relevancia. Y también que hablar con tu pareja de un tema delicado tras una enorme discusión, quizás no sea muy buena idea. Pero, ¿se puede elegir siempre el momento para tener una buena conversación? “A veces se presentan inesperadamente. Por eso es importante tener las habilidades bien entrenadas”, aporta Teresa Baró. No olvida reseñar que igualmente hay que tener en cuenta que en momentos relajados las conversaciones no son entrevistas, “sino que son por puro placer, como las tertulias de café, las sobremesas, las de viaje de tren… No tienen otro objetivo que la relación personal, pasar el rato, socializarnos”. Sin embargo, si hay un objetivo muy concreto, “la planificación es fundamental. Hay que tener en cuenta el momento, el lugar, la forma de empezar, el tono que utilizaremos, etc.”

5. Saber tratar temas delicados: Precisamente en esta línea, y haciendo alusión al “elefante en la habitación” de Cadenet, en ocasiones hay que hablar de aquello que más cuesta, y en este sentido dominar las técnicas de una buena conversación será más importante que en una sobremesa. “La mejor manera es, precisamente, asegurándonos antes de que hemos conectado con la otra persona, que nuestros sentidos y los suyos están sintonizados, que compartimos la misma frecuencia emocional”, aporta César Toledo. El experto añade que “ponernos a la altura de la otra persona no es solo una expresión hecha, en sentido figurado, debemos ponernos a la altura del otro de manera literal. También es importante buscar el momento y el lugar adecuados, para generar el ambiente de intimidad más apropiado que no incomode al otro”.

6. Gestionar estados de ánimos: A veces no se puede elegir el momento, hay que hablar de algo o tener una cita o una entrevista importante y el problema no será tanto el tema a tratar, sino el estado de ánimo de la otra persona. Una cita con alguien que recibe una llamada que le altera, una entrevista con un entrevistador que tiene un mal día o una charla con tu amigo sobre algo que no puede dejarse para otro día cuando le han dado una mala noticia. “Hay muchas maneras de influir en el otro para que se calme. Una de las más importantes es contagiar tranquilidad a través de un lenguaje corporal y un tono de voz serenos. En general, la escucha activa da buenos resultados”, concluye Teresa Baró.

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