Pon lo que sea sobre un fondo mono y será profundo

Las frases inspiracionales, que abogan por la positividad y la motivación, copan las redes sociales de anónimos y famosos, mientras brotan impresas en ropa y objetos.

Citas

Gonzalo Arzuaga tiene una «misión en la vida», en sus propias palabras –en realidad él dice life mission, porque este empresario argentino habla una mezcla de porteño con business English–: «Mi objetivo es poner frases inspiracionales en todas partes. En los sobrecitos del azúcar, en el cielo, en la taza de Starbucks, en las alfombras. Hay mucho real estate [terreno] en este planeta que está vacío». Arzuaga, que se hizo millonario muy joven, cuando vendió la web Gauchonet a Telefónica en 1999, es un evangelista de las citas motivadoras. «Queremos que cada persona del planeta encuentre la oración que lo dispare a ser la mejor persona que pueda», dice. Por eso maneja media docena de cuentas de Twitter dedicadas todas ellas al tema, que suman unos dos millones de seguidores. Y está perfilando un negocio, Inspower for Offices, para vender paquetes de frases a empresas. «Queremos empezar con compañías pequeñas, ver cuáles son sus pilares y sus creencias, armar una batería de máximas y comunicarlas en todas partes. En los correos electrónicos, en las toallas, en los espejos…».

La marca barcelonesa Mr. Wonderful también ha hecho negocio de las citas positivas (del tipo «Y como no sabía que era imposible, lo hizo», atribuida a Einstein) que estampan en ropa, menaje del hogar y objetos de papelería. Según la cofundadora de la firma, Angi Cabal, «a la gente le atrae ese chute de buena energía y le gusta verla, por ejemplo, cada mañana en una taza». O bien las escriben ellos «a partir de vivencias cotidianas» o las toman de autores ilustres y de sus clientes. La única norma es «que tengan gancho y hagan pensar».

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Las máximas se imprimen en las camisetas. Ésta es de la escritora Ayn Rand y la vende Brandy Melville.

Cortesía de Brandy Melville.

Al margen del potencial del que gozan en los soportes físicos, el hábitat natural de las frases son las redes sociales. Allí brotan en cualquier lugar, ya sea a palo seco, en Twitter, o enmarcadas con un fondo de paisaje y una combinación estética de tipografías, en Instagram. La revista Forbes, que compila cada año una lista de las personas más influyentes en las redes, detectó ya en 2013 que «los líderes se están volviendo motivacionales», al contrario que en años anteriores, cuando los tuiteros exitosos, por ejemplo, eran los que más enlaces adjuntaban a otro contenido más largo. Pero nadie leía realmente esa información añadida, cree el periodista que se encarga de compilar la lista, Haydn Shaughnessy, así que ahora el mensaje se transmite entero en menos de 140 caracteres. Es el caso del número uno del ranking, Sean Gardner, un bloguero que alterna enunciados inspiradores con reflexiones sobre la cultura internetera.

¿A qué se debe esta sed de refranes? Según Arzuaga, esas píldoras de sabiduría, más o menos popular, «apelan a lo emocional en pocas palabras» y «al darles un like o retuitearlas, que es un acto muy intuitivo, contagian la buena onda».

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Las tazas son una de las piezas decorativas recurrentes en las que se plasman estas sentencias.

Happy Stories

Malentendidos a gogó. Esta tendencia también tiene sus riesgos, como quiso demostrar una usuaria de Pinterest, Emily Pattinson, que montó un muro con fotos de Taylor Swift y frases que en realidad pertenecen a Adolf Hitler. Ver una imagen de la cantante rubia, blandiendo una guitarra, y con un entrecomillado sobreimpreso que dice «No te compares con otros. Si lo haces, te insultas a ti mismo», no chirría demasiado. Suena a algo que podría pronunciar cualquier gurú (de hecho, también se le atribuye a Bill Gates), lo mismo que «No es la historia la que hace a los héroes, sino los héroes los que hacen historia», que Pattinson colocó sobre una foto en blanco y negro de Swift en actitud reflexiva.

Sacada de contexto, casi cualquier frase puede parecer profunda o significativa. De ahí, por ejemplo, que se produzcan casos paradójicos como el de la controvertida escritora ultraliberal Ayn Rand, musa de la derecha estadounidense que se declaraba «profundamente antifeminista». Pinterest e Instagram están llenas de montajes con frases de Rand que pasan por filosofía girl power. Forever 21 y Brandy Melville han hecho camisetas con declaraciones como «La cuestión no es quién me va a dejar actuar, sino quién me va a detener». Según el blog The Quote Investigator (El investigador de citas), Rand ni siquiera escribió esa frase en particular. Y ése es otro problema común que se produce con las máximas que circulan por Internet: que muchas de ellas ni siquiera son auténticas o están bien atribuidas. Nelson Mandela y Gandhi son víctimas póstumas de estas confusiones, como comprobó hace unos meses la campaña escocesa por la independencia, que utilizó profusamente una frase falsamente atribuida al líder indio: «Primero te ignoran, después se ríen de ti. Más tarde luchan contra ti. Y entonces ganas».

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Frase de Pinterest.

Pinterest.

Según Tim Brownson, un life coach que ha estudiado el efecto de las citas, la cuestión está en el uso que se hace de ellas: «El efecto se pierde si solo se busca un mensaje aparente en lugar de conocimiento, si solo se dice esto mola, y se pasa a la siguiente frase». Pero, también depende, claro, de qué sentencias decide adoptar cada uno como mantra. Brownson incluso creó un muro de Pinterest llamado Terrible Quotes (Citas pésimas). «Ahí recojo mensajes muy populares que parecen valiosos pero en realidad son todo lo contrario», explica. Por ejemplo, «Piensa en positivo y te pasarán cosas positivas». Bonito, ¿no? (y más sobre un fondo de campo de amapolas). Pues no: «Hay muy poca correlación entre el pensamiento positivo y la felicidad. De hecho, puede llevar a la depresión a cierto tipo de personas. Cuando la gente lee esto piensa que le puede funcionar y, si no lo hace, creen que están haciendo algo mal, y no es el caso». Quizás sea el momento de vender una taza que diga: «El pensamiento positivo podría conducir a la depresión».

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