Tres generaciones de mujeres (y un periódico)

El País, un diario clave para la sociedad española y cuya evolución transcurre paralela a la historia de nuestra democracia, cumple 40 años. Su apuesta por la inclusión de las mujeres en plantilla ha permitido que la información también tenga voz femenina.

Al nacer, el 4 de mayo de 1976, El País supo que para conectar profundamente con el cambio de mentalidades que casi al instante lo convertiría en el diario más influyente en España debía lucir cuerpo femenino. Pero, sobre todo, demostrar un sexto sentido, un instinto, un rigor y una eficiencia propios de las mujeres, quienes tendrían mucho que aportar.

Hoy, en pleno siglo XXI, cumple 40 años y casi todas las fronteras físicas se han derribado, aunque queden varias mentales. Pero la marca de las periodistas que cada día lo sacan a la calle y lo vierten en el mundo digital para ser el diario global en español más importante del mundo consigue que ese ADN femenino se multiplique. Cientos de mujeres han dejado su piel en tinta dentro de sus páginas. Hoy, en su redacción, se entremezclan tres generaciones de periodistas, gestoras, administradoras y técnicas que lo siguen empujando dentro de un mundo donde aún deben derribarse barreras de género.

ELLAS LO FUNDARON

Cuando Rosi Rodríguez Loranca, decana hoy en plantilla, llegó con 20 años a la calle Miguel Yuste, quedó impactada por un espacio diáfano donde se entremezclaba gente muy rara: «Aquello me pareció tan grande como una planta de El Corte Inglés llena de dependientes que actuaban de forma extraña. Los periodistas. Era inmenso…».

A partir de entonces fue cada día aprendiendo su crucial cometido como secretaria de redacción. Ha cogido al dictado crónicas de informadores en zonas de guerra, así como colaboraciones de premios nobeles: «Nunca he tenido reparo en corregirlos…». Nadie se le enfada más de la cuenta con lo doloroso que puede ser eso para el orgullo de egos frágiles. Pero más que atender a la plantilla, se ha esmerado en ayudar a quien se le ocurriera llamar: «Los lectores son la clave. Juan Luis Cebrián, nuestro primer director, me enseñó que eran lo más importante. Debíamos tener al cliente contento. Y por eso los conservamos fielmente, porque sienten que El País es, ante todo, suyo».

Durante los 70, la redacción era una colmena difuminada por el humo y el puro nervio donde a menudo se colaba un soplido de carcajadas seguido de alguna bronca: «Todos eran mucho más delgados, eso sí lo recuerdo», añade Rodríguez Loranca. Reinaba una tensión sólida, donde no te podías permitir el lujo de que te quitaran el carrito con la máquina de escribir si llegabas a tiempo para pillar una: «Nos llevábamos el armatoste al retrete para que no nos la birlara otro», recuerda Rosana Torres, todo un referente de la información cultural. «Yo siempre he sido india, mujer de la calle y, aunque ahora me han dado la gran invalidez por tetraplejia, no renuncio a meter las narices en los sitios».

Ya entonces la redacción podía compararse a una especie de trasatlántico al que daba gusto detenerse a mirar si a última hora de la tarde ocurría algo y viraba el rumbo. «Era un placer observarlos», asegura Soledad Gallego-Díaz, quien fue adjunta con Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía y Jesús Ceberio en distintos ámbitos.

Pudo llegar a ser la primera directora de El País, pero declinó la oferta y hoy es el día que prefiere no comentarlo. «Precisamente por haber decidido no aceptarlo no creo que lo deba comentar. Tampoco creo que hubiese sido un periódico muy diferente de haberme hecho cargo yo de él. Desde el despacho de adjunta mandas un huevo».

Lo que no puede negar es que hubo un momento en el que quienes llevaban las riendas se dieron cuenta de que cada vez debían dar más cabida a las mujeres. «Un buen día estaba en la redacción y me llamaron para que subiera a la reunión de editoriales. Se habían planteado hacer uno sobre el aborto. Se miraron y se dieron cuenta de que allí solo había hombres. Desde entonces empezaron a remediarlo».

Mirar alrededor es algo que también ha sabido hacer Marisa Flórez. Fotógrafa de objetivo agudo, ha representado una excepción. Llegó a jefa de la cuadrilla de cámaras sin que el hecho de ser la única mujer de la sección en años se lo impidiera: «Estuve 15 como responsable en diferentes escalones. Pero el trabajo consiste en lo mismo: mirar a través de tu objetivo o de las pantallas y saber seleccionar la mejor foto».

Ximena Garrigues y Sergio Moya

De izda. a dcha., Mariló Ruiz de Elvira, Karmentxu Marín, Rosana Torres, Belén Cebrián (arriba), Rosa Montero (arriba), Berna González Harbour, Rocío García, Marisa Flórez, Ángeles García, Josefa Gutiérrez, Lola Galán (arriba) y Milagros Pérez Oliva. Ximena Garrigues y Sergio Moya.

ELLAS LO DEFIENDEN

Los primeros pasos que dieron cada una de ellas marcaron un camino que perfila el presente. «Hoy, las mujeres representan el 41,13% de la plantilla», según Josefa Rodríguez, una de las más veteranas de la empresa, directora de recursos humanos en la actualidad. Una realidad poco acorde con el nivel de mando, donde en la redacción dominan los hombres con un 85,71% de los puestos clave, un porcentaje que baja en los estratos intermedios hasta el 72,92%.

Eva Saiz, subdirectora del área de papel, es una de las responsables más jóvenes del equipo. Entró en el periódico en 2010 y se considera parte de la generación que se formó desde niña con El Pequeño País. Hoy se empeña en mantener un liderazgo internacional gracias a una continua importancia, «de la que a veces no nos damos cuenta», asegura. «Pero no debemos dormirnos en los laureles, sino mantener la ambición de mejorar y contar las historias de forma más novedosa».

En ambos soportes: impreso y digital. Si de la primera estrategia Eva Saiz es responsable muy directa, respecto a la segunda, la directora de Desarrollo Digital, Noemí Ramírez, tiene mucho que decir. En su campo, el periódico es líder en español con 16 millones de usuarios únicos: «Estamos volcados en la estrategia conjunta de producción y distribución, lo que nos permitirá ensanchar propuestas para captar públicos en varios nichos». Para ello se fortalecerá la estrategia en los vídeos, «que será un ADN de El País como elemento narrativo», añade, «además de desarrollar la movilidad con aplicaciones que adapten los contenidos a todo soporte».

Todo ello sin dejar de ser fieles a las esencias. Algo de lo que se encarga en gran medida Lola Galán, actual defensora del lector. «Representa la voz de las quejas. Debo atenderlas y elevarlas a los responsables del periódico. En un mundo donde las protestas se pueden hacer directamente en Internet, esta figura cobra importancia porque tiene la facultad de pedir explicaciones a la dirección». Se trata de una institución que ha cundido poco en la prensa española, y en la mundial. «Pisas muchos callos y no todos los periódicos quieren asumirlo. Das disgustos, es un cargo que implica mucha soledad», cuenta.

Los mecanismos de control interno también se ponen en práctica en el Comité de Redacción. Maite Nieto forma parte del que actualmente está vigente. Su veteranía –32 años en El País, casi todos ellos en el Semanal– la ha animado a presentarse candidata: «Ha llegado el momento para mí, en cierto sentido, de dar ejemplo a quienes vienen detrás, lo mismo que otros lo han representado para mí. Considero una obligación dentro de un periódico como el nuestro comprometerme con los mecanismos de control interno y defender con ello los intereses colectivos de los profesionales y los lectores».

De resistencias externas obtuvo cátedra Aurora Intxausti. Hoy está en Cultura, pero hace años resistía como reportera en un Euskadi convulso. Salió de allí junto a su marido, Juan Palomo, periodista de Antena 3, y su hijo Íñigo cuando una bomba que ETA colocó en la puerta de su casa no explotó. Fue en noviembre del año 2000. Había recibido amenazas en forma de pintadas cuando estaba embarazada: «Intxausti txakurra [perra]». Eran tiempos en los que se palpaba la hostilidad hacia medios como El País. «Nos consideraban españolistas».

Frente a la barbarie, cultura. Hoy, el suplemento bandera del periódico en ese ámbito, Babelia, lo dirige Berna González Harbour. «Tratamos de dar una mirada internacional, cosmopolita, versátil». También lo ha tratado antes, en su etapa como responsable de Internacional y como subdirectora de información en un ámbito donde, dice, aún no se sabe conciliar: «Las mujeres somos más invisibles y nuestra eficiencia se mide en términos presenciales. El presencialismo, tan endémico en la economía española, no garantiza un trabajo mejor».

Sí lo logran ciertas miradas agudas como la de Luz Sánchez-Mellado, columnista, miembro de esa generación sándwich que fue entrando en el periódico a finales de los 80 y principios de los 90. «Llegar era como conquistar El Dorado. Yo he sabido rescatar El País Semanal y varias revistas del corazón de los cubos de basura».

Aterrizó en una redacción donde las manos repiqueteaban sobre los ordenadores Atex, «que eran como E. T.». Allí aprovechó su ansia de discípula aventajada fijándose en gestos y maneras: «Oyendo hablar por teléfono a los veteranos, ya aprendías». Ha asistido al final de una época y alumbrado con brillantez el comienzo de otra: «Creo que mi generación ha visto las orejas al lobo con la última crisis y nadado entre un presente donde en medio de la oferta de los medios se mezcla el periodismo más puro con la comunicación. Los lectores sabrán distinguir una cosa de otra. Lo bueno resplandece».

ELLAS LO ENGRANDECERÁN

¿Sabrán distinguir ambas las generaciones futuras? Belén Cebrián, directora de la Escuela de Periodismo, responde: «Desde hace unos cinco años, entran los nativos digitales, sin esa pasada animadversión a ciertas herramientas, lo que es una ventaja, y con un déficit de contexto. Su mayor problema es que muestran cierta alergia a la calle al creer que mediante Internet pueden acceder a todo. No es algo que haya que combatir, pero sí compensar».

Es a lo que ha ido adaptándose Natalia Marcos, por ejemplo. Entró en 2010 como parte de la empresa Prisa.com sin sospechar que acabaría escribiendo piezas para el papel en Cultura y Televisión. «Me sentía un poco intrusa. Pensaba: “Esta gente hace cosas de verdad y aquí aparezco yo con mi blog y mi Twitter”». Pero no solo ha aprendido, sino que ha enseñado a muchos veteranos a compaginar los dos mundos. Representa el magma de un futuro aún difuso, en el que mujeres como ella seguirán marcando la identidad de los próximos 40 años.

Ximena Garrigues y Sergio Moya

De izda. a dcha., arriba, Guiomar del Ser, Amaya Iríbar, Clara Sánchez, Rosi Rodríguez Loranca, Amelia Castilla, Noemí Ramírez y Soledad Álvarez Coto. De pie, ante el camión, Elsa Granda, Elvira Lindo, Maite Nieto y Maite Rico. Foto: Ximena Garrigues y Sergio Moya

UN REFERENTE PARA LA DEMOCRACIA

«El periodismo hace falta vivirlo, sentirlo, darle voz. Sin los periodistas, nunca se escucharán las voces que necesitan ser oídas», sostiene Georgina Higueras, corresponsal en Asia durante 25 años. Si ella lo vio todo sobre el terreno, Sol Fuertes lo vivió desde la redacción de Miguel Yuste durante sus 28 años de trabajo. «En los primeros tiempos, el periódico fue básico para la democracia», señala. María Fabra, jefa de Noticias, recalca: «Resultó fundamental en la Transición y también lo ha sido a la hora de exponer principios progresistas, sacar casos de corrupción y acompañar a la sociedad en su evolución». La escritora Almudena Grandes destaca esa faceta de faro, su función de guía: «Para mi generación, a la que educaron para vivir en un país que cuando crecimos no existía, fue el referente». Y subraya la importancia que el diario ha otorgado a sus columnistas: «Tenemos esa virtud de matizar, ampliar y abrir la visión del periódico, con opiniones diversas». Malén Aznárez y Malén Ruiz de Elvira coinciden en otro de los logros del rotativo: abrir nuevos horizontes, dar cabida en sus páginas a la información científica. Aznárez recuerda que su sección de Sociedad «fue muy puntera en la prensa española» y Ruiz de Elvira está orgullosa de «haber vivido temas históricos, noticias que salían y cambiaban los libros de texto». Rosa Rivas también ha sido pionera, en su caso de la información gastronómica, y considera que El País «ha sido un soplo de aire fresco, ha enseñado el rigor, la documentación, la inquietud». Para la experta en política Anabel Díez, «ha supuesto el canal de comunicación y el cauce de información más potente que ha habido en la España contemporánea». Por eso insiste en no perder la esencia y «reivindicar el buen periodismo, de fuentes, de profesionales formados, valiente y arriesgado, no el corta y pega».

CÓMO ADAPTARSE A LOS NUEVOS TIEMPOS

Soledad Álvarez Coto fue una de las primeras periodistas contratadas por El País, en 1976: «Empecé como subjefa de Nacional y fui redactora jefa, hasta el 82, cuando me fui a Nueva York». A su vuelta puso en marcha la televisión de Prisa, fue directora de Comunicación del grupo… «Siempre hemos vivido aventuras nuevas», afirma. Elsa Granda participó en una de ellas; recuerda de forma nítida ese 4 de mayo de 1996 en el que se lanzó la web. «No había correo, las conexiones eran muy lentas, los periódicos no se actualizaban…», explica la redactora jefa del Área Digital. Guiomar del Ser apunta: «El País siempre ha sido un medio de avanzadilla de cosas que estaban por venir». Es la jefa de Redes Sociales y ha vivido la integración entre las redacciones de papel y digital, «un cambio de paradigma que ha convertido al diario en un motor de contenidos en un ámbito de 360 grados». Subraya Maite Rico, subdirectora de fin de semana, que El País «se ha consolidado como un medio de referencia para la información global en español y está desempeñando un papel importante en las transiciones de América Latina». Y la escritora Elvira Lindo, quien comenzó a colaborar en 1998, pone énfasis en «la libertad para cambiar de tono y no estar encasillada» que ha tenido y «el fuerte vínculo creado con los lectores». La novelista Clara Sánchez añade que la presencia de mujeres columnistas en el periódico «ha sido un aporte recíproco, porque se ha dado otra visión y el diario ha abierto sus puntos de vista». Amelia Castilla, casi 30 años en la empresa y redactora jefa de EPS, incide en la importante labor de la prensa: «En Sucesos ayudé a la detención de un violador, y en Cultura descubrí una carta y un poema inéditos de García Lorca». «El País ha sido un baluarte fundamental en los cambios y en la forma de hacer un periodismo que no se hacía y acompañar en el camino hacia la modernidad», concluye Amaya Iríbar, redactora jefa de Deportes.

LECCIONES DE PERIODISMO

Muchas noches sin dormir, muchos números cero. Así recuerda Karmentxu Marín los meses previos al lanzamiento del diario. «Lo vivimos con una entrega brutal y mucha ilusión, porque íbamos a hacer algo nuevo en una España diferente». Un año después, Félix Bayón llamó a Rosa Montero para que consiguiera una entrevista de portada para el dominical de un día para otro. «Hablé con Ana Belén y me la dio», recuerda. Aunque sus entrevistas son un referente, la escritora sostiene que el género estrella es la crónica, «porque te exige repentizar». La curiosidad, afirma, es el motor del periodista. «Lo que más me gusta es el reporterismo, como cuando escribí la historia de Medellín tras Pablo Escobar», rememora Ángeles García, en la redacción desde 1976. Rocío García, quien también está en el periódico desde su fundación, destaca la información cultural: «Me gusta hablar sobre la industria del cine y dar la parte más dura, más política». Milagros Pérez Oliva, responsable de la edición catalana, considera que la función de los periodistas es relevante en un mundo sobreinformado: «Damos claves para que el lector interprete una información que le llega en exceso y manipulada». Para Mariló Ruiz de Elvira, encargada del lanzamiento digital, subdirectora y jefa de distintas secciones, también resulta clave saber dirigir: «Nunca he tenido problemas para mandar ni a hombres ni a mujeres, me gusta manejar equipos».

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